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Zacarías 11–12
Abre tus puertas, Líbanoa,
y consuma el fuego tus cedrosb.
2 Gime, ciprés1, porque ha caído el cedro,
porque los árboles majestuosos han sido derribados;
gemid, encinas de Basán,
porque ha caído el bosque impenetrable2.
porque su esplendor está arruinadoa;
voz del rugido de leoncillos,
porque derribada está la gloria1 del Jordánb.
¶4 Así dice el Señor mi Dios: Apacienta las ovejas destinadas para la matanzaa.
5 Los que las compran las matan y salen impunes1, y el que las vende dicea: «¡Bendito sea el Señor, porque me he enriquecidob!»; y ni sus propios pastores se compadecen de ellasc.
6 Pues yo no me compadeceré más de los habitantes de esta1 tierra—declara el Señor—sino que he aquí, haré que los hombres caigan2 cada uno en manos de otroa y en manos de su rey; y ellos herirán la tierrab y yo no los libraré de sus manosc.
7 Apacenté, pues, las ovejas destinadas para la matanzaa, esto es, los afligidos del rebaño1b. Y tomé para mí dos cayadosc: a uno lo llamé Gracia2d y al otro lo llamé Unión3; y apacenté las ovejase.
8 Y destruí a los tres pastores en un mesa, pues mi alma se impacientó con ellos y su alma también se cansó de mí1.
9 Entonces dije: No os apacentaré más. La que ha de morir, que muera1; y la que ha de ser destruida, que sea destruida2; y las que queden, cómanse3 la carne unas a otrasa.
10 Y tomé mi cayado Gracia1a y lo quebré para romper el pacto que yo había hecho con todos los pueblosb.
11 Y fue roto aquel día; así los afligidos del rebaño1 que me observaban, conocieron que era la palabra del Señora.
12 Y les dije: Si os parece bien, dadme mi paga; y si no, dejadla1. Y pesaron como mi salarioa treinta piezas de platab.
13 Entonces el Señor me dijo: Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron). Tomé pues, las treinta piezas de plata y las arrojé al alfarero en la casa del Señora.
14 Y quebré mi segundo cayado, Unión1a, para romper la hermandad entre Judá e Israelb.
¶15 Y el Señor me dijo: Toma otra vez los aperos de un pastor insensato1a.
16 Porque he aquí, yo voy a levantar en la tierra un pastor que no se preocupará de la que perecea, ni buscará a la descarriada, ni curará a la herida, ni sustentará a la fuerte, sino que comerá la carne de la cebadab y arrancará sus pezuñas.
que abandona el rebañoa!
¡Caiga la espadab sobre su brazoc
y sobre su ojo derecho!
Su brazo se secará por completo,
y su ojo derecho totalmente se oscurecerá.
Profecía1, palabra del Señor acerca de Israel.
¶El Señor que extiende los cielosa, pone los cimientos de la tierrab y forma el espíritu del hombre dentro de élc, declara:
2 He aquí, yo haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededora, y cuando haya asedio contra Jerusalén, también lo habrá contra Judáb.
3 Y sucederá aquel día que haré de Jerusalén una piedra pesada para todos los pueblosa; todos los que la levanten serán severamente desgarradosb. Y contra ella se congregarán todas las naciones de la tierrac.
4 Aquel día—declara el Señor—heriré a todo caballo de espanto, y a su jinete, de locura. Pero sobre la casa de Judá abriré mis ojos, mientras hiero de ceguera a todo caballo de los pueblos.
5 Entonces los jefes de familias de Judá dirán en su corazón: «Gran apoyo para nosotros1 son los habitantes de Jerusalén por el Señor de los ejércitos, su Dios».
6 Aquel día haré de los jefes de familias de Judá como brasero de fuego entre leños, y como antorcha ardiendo entre gavillas, y consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos de alrededora, y Jerusalén será habitada de nuevo en su lugar, en Jerusalénb.
7 El Señor salvará primero las tiendas de Judáa, para que la gloria de la casa de Davidb y la gloria de los habitantes de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá.
8 Aquel día el Señor defenderá a los habitantes de Jerusaléna, y el débil1 entre ellos aquel día será como Davidb, y la casa de David será como Diosc, como el ángel del Señor delante de ellosd.
9 Y sucederá aquel día que me dispondré a1 destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusaléna.
¶10 Y derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén, el Espíritu1 de gracia y de súplicaa, y me mirarán a mí, a quien han traspasadob. Y se lamentarán por Él, como quien se lamenta por un hijo únicoc, y llorarán por Él, como se llora por un primogénito.
11 Aquel día habrá gran lamentacióna en Jerusalén, como la lamentación de Hadad-rimón en la llanura1 de Meguido2.
12 Y se lamentará la tierra, cada familia por su lado: la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Natán por su lado, y sus mujeres por su lado;
13 la familia de la casa de Leví por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de los simeítas por su lado, y sus mujeres por su lado;
14 todas las demás familias, cada familia por su lado, y sus mujeres por su lado.
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| 1 | O, junípero |
| 2 | Otra posible lectura es, de la vendimia |
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| 1 | O, selva |
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| 1 | * , no se les tiene por culpables |
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| 1 | * , la |
| 2 | * , se hallen |
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| 1 | Otra posible lectura es, para los mercaderes de ovejas |
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| 2 | O, Delicia |
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| 3 | O, Cuerdas |
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| 1 | O, me aborreció |
| 1 | O, morirá |
| 2 | O, será destruida |
| 3 | O, comerán |
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| 1 | O, Delicia |
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| 1 | Otra posible lectura es, los mercaderes de ovejas |
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| 1 | * , desistid |
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| 1 | O, Cuerdas |
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| 1 | O, inútil |
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| 1 | O, Carga |
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| 1 | * , Mi fortaleza |
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| 1 | O, el que tropieza |
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| 1 | * , procuraré |
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| 1 | O, un espíritu |
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| 1 | O, el valle |
| 2 | En heb., Meguiddón |
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