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Romanos 12–14

Capitulo 12

Actitud consecuente del creyente

Por consiguiente, hermanos, os ruegoa por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santob, aceptable1 a Dios, que es vuestro culto racional.

2 Y no os adaptéis1 a este mundo2a, sino transformaos mediante la renovación de vuestra menteb, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable3 y perfectoc.

Nuestros deberes cristianos

3 Porque en virtud de la gracia que me ha sido dadaa, digo a cada uno de1 vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensarb, sino que piense con buen juicio2, según la medida de fec que Dios ha distribuido a cada uno.

4 Pues así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma funcióna,

5 así nosotros, que somos muchosa, somos un cuerpo en Cristob e individualmente miembros los unos de los otros.

6 Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dadaa, usémoslos: si el de profecíab, úsese en proporción a la fe;

7 si el de servicioa, en servir1; o el que enseñab, en la enseñanza;

8 el que exhorta, en la exhortacióna; el que da, con liberalidad1b; el que dirige2c, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegríad.

9 El amor sea sin hipocresíaa; aborreciendo lo malo, aplicándoos1 a lo buenob.

10 Sed afectuosos unos con otros con amor fraternala; con honrab, daos preferencia unos a otros;

11 no seáis perezosos en lo que requiere diligencia; fervientes en espíritua, sirviendo al Señorb,

12 gozándoos en la esperanzaa, perseverando en el sufrimientob, dedicados a la oraciónc,

13 contribuyendo para las necesidades de los santosa, practicando1 la hospitalidadb.

14 Bendecid a los que os1 persiguena; bendecid, y no maldigáis.

15 Gozaos con los que se gozan y llorad con los que llorana.

16 Tened el mismo sentir1a unos con otros; no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes2b. No seáis sabios en vuestra propia opiniónc.

17 Nunca paguéis a nadie mal por mala. Respetad1 lo bueno delante de todos los hombresb.

18 Si es posible, en cuanto de vosotros dependaa, estad en paz con todos los hombresb.

19 Amados, nunca os venguéisa vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mia es la venganza, yo pagare, dice el Señorb.

20 Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonaras sobre su cabezaa.

21 No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal.

Capitulo 13

Actitud hacia las autoridades

Sométase toda persona1a a las autoridades que gobiernanb; porque no hay autoridadc sino de2 Dios, y las que existen, por Dios son constituidas.

2 Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación.

3 Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta1, sino para el que hace el mal2. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ellaa,

4 pues es para ti un ministro1 de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengadora que castiga2 al que practica lo malo.

5 Por tanto, es necesario someterse, no sólo por razón del castigo1, sino también por causa de la concienciaa.

6 Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto.

7 Pagad a todos lo que debáisa; al que impuestob, impuesto; al que tributoc, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.

El amor, cumplimiento de la ley

8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a su prójimo1, ha cumplido la leya.

9 Porque esto: No cometeras adulterio, no mataras, no hurtaras, no codiciarasa, y cualquier1 otro mandamiento, en estas palabras se resume: Amaras a tu projimo como a ti mismob.

10 El amor no hace mal1 al prójimo; por tanto, el amor es el cumplimiento de la leya.

Se acerca el amanecer

11 Y haced todo esto, conociendo el tiempo, que ya es horaa de despertaros del sueñob; porque ahora la salvación está más cerca de nosotros1 que cuando creímos.

12 La noche está muy avanzadaa, y el día está cercab. Por tanto, desechemos1 las obras de las tinieblasc y vistámonos con las armas de la luzd.

13 Andemos decentementea, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidiasb;

14 antes bien, vestíos del Señor Jesucristoa, y no penséis en proveer para las lujurias de la carneb.

Capitulo 14

Principios que rigen problemas de conciencia

Aceptada al que es débil en la feb, pero no para juzgar sus opiniones.

2 Uno tiene fe en que puede comer de todoa, pero el que es débilb sólo come legumbres.

3 El que come no menosprecie al que no comea, y el que no come no juzgueb al que come, porque Dios lo ha aceptadoc.

4 ¿Quién eres tú para juzgar al criado1 de otroa? Para su propio amo2 está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie.

5 Uno juzga que un día es superior a otroa, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir1b.

6 El que guarda cierto1 día, para el Señor lo guarda; y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Diosa; y el que no come, para el Señor se abstiene2, y da gracias a Dios.

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismoa;

8 pues si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos; por tanto, ya sea que vivamos o que muramosa, del Señor somos.

9 Porque para esto Cristo murió y resucitó1a, para ser Señorb tanto de los muertos como de los vivos.

10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué menospreciasa a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios1b.

11 Porque está escrito:

Vivo yodice el Señorque ante mi se doblara toda rodilla,

y toda lengua alabara1 a Diosa.

12 De modo que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí mismoa.

13 Por consiguiente, ya no nos juzguemosa los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermanob.

14 Yo sé, y estoy convencido en el Señor Jesús, de que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo esa.

15 Porque si por causa de la comida tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amora. No destruyas con tu comida a aquel por quien Cristo muriób.

16 Por tanto, no permitáis que se hable mal de1 lo que para vosotros es buenoa.

17 Porque el reino de Dios no es comida ni bebidaa, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santob.

18 Porque el que de esta manera sirve a Cristoa, es aceptable a Dios y aprobado por los hombresb.

19 Así que procuremos lo que contribuye a la paza y a la edificación mutuab.

20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comidaa. En realidad, todas las cosas son limpiasb, pero son malas para el hombre que escandaliza1 a otro al comerc.

21 Es mejor1 no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece2a.

22 La fe que tú tienes, tenla conforme a tu propia convicción1 delante de Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismoa en lo que aprueba.

23 Pero el que dudaa, si come se condena, porque no lo hace por fe; y todo lo que no procede de fe, es pecado.

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