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Números 22–23
Después partieron los hijos de Israel y acamparon en las llanuras de Moab, al otro lado del Jordán, frente a Jericóa.
¶2 Y Balaca, hijo de Zipor, vio todo lo que Israel había hecho a los amorreos.
3 Entonces Moab tuvo mucho temora a causa del pueblo, porque eran muchos; y Moab tuvo miedo ante los hijos de Israel.
4 Y Moab dijo a los ancianos de Madiána: Esta multitud lamerá todo lo que hay a nuestro derredor, como el buey lame la hierba del campo. Y en aquel tiempo Balac, hijo de Zipor, era rey de Moab.
5 Y envió mensajeros a Balaam, hijo de Beora, en Petorb, que está cerca del río1, en la tierra de los hijos de su pueblo, para llamarle, diciendo: Mira, un pueblo salió de Egipto y he aquí, cubren la faz de la tierra y habitan frente a mí.
6 Ven ahora, te ruegoa, y maldíceme a este pueblob porque es demasiado poderoso1 para mí; quizá pueda derrotarlos2 y echarlos de la tierra. Porque yo sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido.
¶7 Y los ancianos de Moab y los ancianos de Madián fueron con el precio de la adivinacióna en la mano; y llegaron a Balaam, y le repitieron1 las palabras de Balac.
8 Y él les dijo: Pasad la noche aquí y yo os traeré palabra según lo que el Señor me diga. Y los jefes de Moab se quedaron con Balaam.
9 Entonces Diosa vino a Balaam y le dijo: ¿Quiénes son estos hombres que están contigo?
10 Y Balaam dijo a Dios: Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, me ha enviado un mensaje:
11 «Mira, el pueblo que salió de Egipto cubre la faz de la tierra; ven ahora, maldícemelos; quizá yo pueda pelear contra ellos y expulsarlos».
12 Y Dios dijo a Balaam: No vayas con ellos; no maldecirása al pueblo, porque es benditob.
13 Balaam se levantó de mañana y dijo a los jefes de Balac: Volved a vuestra tierra, porque el Señor ha rehusado dejarme ir con vosotros.
14 Y los jefes de Moab se levantaron y volvieron a Balac, y le dijeron: Balaam rehusó venir con nosotros.
¶15 Entonces Balac envió jefes otra vez, más numerosos y más distinguidos que los anteriores1.
16 Y fueron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: «Te ruego que no rehúses venir a mí;
17 porque en verdad te honraré en gran manera, y haré cualquier cosa que me digas. Ven, pues, te ruego, y maldíceme a este puebloa».
18 Y Balaam respondió, y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podría traspasar el mandamiento1 del Señor mi Diosa para hacer ni poco ni mucho2.
19 Pero, os ruego que permanezcáis aquí también esta noche, y sabré que más me dice el Señor.
20 Y Dios vino a Balaam de noche, y le dijo: Si los hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos; pero solo dirás1 la palabra que yo te hablea.
¶21 Y Balaam se levantó muy de mañana, aparejó su asna y se fue con los jefes de Moaba.
22 Pero Dios se airó porque él iba, y el ángela del Señor se puso en el camino como un adversario contra él. Y Balaam iba montado sobre su asna, y sus dos sirvientes con él.
23 Cuando el asna vio al ángel del Señor de pie en el camino con la espada desenvainada en la mano, el asna se salió del camino y se fue por medio del campo; pero Balaam golpeó el asna para hacerla volver al camino.
24 Entonces el ángel del Señor se puso en una senda estrecha de los viñedos, con una pared a un lado y otra pared al otro lado.
25 Al ver el asna al ángel del Señor, se pegó contra la pared y presionó el pie de Balaam contra la pared; entonces él la golpeó otra vez.
26 Y el ángel del Señor se fue más lejos, y se puso en un sitio estrecho donde no había manera de volverse ni a la derecha ni a la izquierda.
27 Y viendo el asna al ángel del Señor, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y golpeó al asna con su palo.
28 Entonces el Señor abrió la boca del asnaa, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho yo que me has golpeado estas tres veces?
29 Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera una espada en mi mano, que ahora mismo te matabaa.
30 Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna, y sobre mí has cabalgado toda tu vida hasta hoy? ¿He tenido la costumbre de portarme así contigo? Y él dijo: No.
¶31 Entonces el Señor abrió los ojos de Balaam, y él vio al ángel del Señor de pie en el camino, con la espada desenvainada en su mano, e inclinándose, se postró rostro en tierraa;
32 y el ángel del Señor le dijo: ¿Por qué has golpeado a tu asna estas tres veces? Mira, yo he salido como adversario, porque tu camino me era contrario1a;
33 pero el asna me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado de mí, ciertamente yo te hubiera matado ahora mismo, y a ella la hubiera dejado vivir.
34 Y Balaam dijo al ángel del Señor: He pecadoa, pues no sabía que tú estabas en el camino para enfrentarte a mí. Pero ahora, si te desagrada, me volveré.
35 El ángel del Señor respondió a Balaam: Ve con los hombres, pero hablarás solo la palabra que yo te digaa. Y Balaam se fue con los jefes de Balac.
¶36 Al oír Balac que Balaam se acercaba1, salió a recibirlo en una ciudad de Moab, que está sobre la frontera del Arnón, al2 extremo de la frontera.
37 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿No envié a llamarte con urgencia? ¿Por qué no viniste a mí? ¿Acaso no soy capaz de honrarte?
38 Balaam respondió a Balac: Mira, ahora he venido a ti. ¿Hay algo, acaso, que pueda decir? La palabra que Dios ponga en mi boca, esa diréa.
39 Balaam fue con Balac, y llegaron a Quiriat-huzot.
40 Y Balac sacrificó bueyes y ovejas, y envió algunos a Balaam y a los jefes que estaban con él.
¶41 Y sucedió que a la mañana siguiente, Balac tomó a Balaam y lo hizo subir a los lugares altos de Baal1a, y desde allí vio un extremo del pueblob.
Entonces Balaam dijo a Balac: Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.
2 Y Balac hizo tal como Balaam le había dicho, y Balac y Balaam ofrecieron un novillo y un carnero en cada altar.
3 Entonces Balaam dijo a Balac: Ponte junto a tu holocausto, y yo iré; quizá el Señor venga a mi encuentro, y lo que me manifieste te lo haré saber. Y se fue a un cerro pelado.
4 Dios salió al encuentro de Balaam, y este le dijo: He preparado los siete altares y he ofrecido un novillo y un carnero sobre cada altar.
5 Y el Señor puso palabra en la boca de Balaama, y le dijo: Vuelve a Balac y así hablarás.
6 Él entonces volvió a Balac1, y he aquí que estaba junto a su holocausto, él y todos los jefes de Moab.
7 Y comenzó su profecía1, y dijo:
Desde Aram me ha traído Balaca,
rey de Moab, desde los montes del oriente:
«Ven, y maldíceme a Jacob;
ven, y condena a Israelb».
8 ¿Cómo maldeciré a quien Dios no ha maldecido?
¿Cómo condenaré a quien el Señor no ha condenadoa?
9 Porque desde la cumbre de las peñas lo veo,
y desde los montes lo observo.
He aquí, es un pueblo que mora apartea,
y que no será contado entre las naciones.
10 ¿Quién puede contar el polvo de Jacob,
o numerar la cuarta parte de Israela?
Muera yo1 la muerte de los rectosb,
y sea mi fin como el suyoc.
¶11 Entonces Balac dijo a Balaam: ¿Qué me has hecho? Te tomé para maldecir a mis enemigos, pero mira, ¡los has llenado de bendicionesa!
12 Y él respondió y dijo: ¿No debo tener cuidado de hablar lo que el Señor pone en mi bocaa?
¶13 Balac le dijo entonces: Te ruego que vengas conmigo a otro sitio desde donde podrás verlos, aunque solo verás el extremo de ellos, y no los verás a todos; y desde allí maldícemelos.
14 Lo llevó al campo de Zofim, sobre la cumbre del Pisga, y edificó siete altares y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.
15 Y él dijo a Balac: Ponte aquí junto a tu holocausto, mientras voy allá a encontrarme con el Señor.
16 El Señor salió al encuentro de Balaam y puso palabra en su bocaa y le dijo: Vuelve a Balac y así hablarás.
17 Y él volvió a Balac1, y he aquí, estaba de pie junto a su holocausto, y los jefes de Moab con él. Y Balac le dijo: ¿Qué ha dicho el Señor?
18 Y comenzó su profecía, y dijo:
Levántate, Balac, y escucha;
dame oídos, hijo de Zipor.
19 Dios no es hombre, para que mientaa,
ni hijo de hombre, para que se arrepienta.
¿Lo ha dicho Él, y no lo haráb?,
¿ha hablado, y no lo cumplirá?
20 Mira, he recibido orden de bendecira;
si Él ha bendecido, yo no lo puedo anularb.
21 Él no ha observado iniquidad en Jacoba,
ni ha visto malicia en Israelb;
está en él el Señor su Diosc,
y el júbilo1 de un rey está en éld.
es para él como los cuernos del búfalob.
23 Porque no hay agüero contra Jacob,
ni hay adivinación contra Israela.
A su tiempo se le dirá a Jacob
y a Israel: ¡Ved lo que ha hecho Dios!
24 He aquí, un pueblo se levanta como leona,
y se yergue como leóna;
no se echará hasta que devore la presa
y beba la sangre de los que ha matado.
25 Entonces Balac dijo a Balaam: ¡De ninguna manera los maldigas ni los bendigas!
26 Pero Balaam respondió y dijo a Balac: ¿No te dije1 que todo lo que el Señor habla, eso debo hacera?
¶27 Y Balac dijo a Balaam: Ven, te ruego, te llevaré a otro lugar; quizá le plazca a1 Dios que me los maldigas desde allí.
28 Entonces Balac llevó a Balaam a la cumbre del Peor, que da hacia el desierto1.
29 Y Balaam dijo a Balac: Constrúyeme aquí siete altares y prepárame aquí siete novillos y siete carneros.
30 Balac hizo tal como Balaam le había dicho y ofreció un novillo y un carnero en cada altar.
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| 1 | I.e., el Eufrates |
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| 1 | * , numeroso |
| 2 | * , herirlos |
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| 1 | * , hablaron |
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| 1 | * , éstos |
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| 1 | * , la boca |
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| 2 | * , ni pequeño ni grande |
| 1 | * , harás |
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| 1 | O, perverso |
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| 1 | * , venía |
| 2 | * , la cual está en el |
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| 1 | O, a Bamot-baal |
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| 1 | * , él |
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| 1 | * , mi alma |
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| 1 | * , él |
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| 1 | * , grito |
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| 1 | * , dije, diciendo |
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| 1 | * , sea recto a los ojos de |
| 1 | O, Jesimón |
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