The Future of Bible Study Is Here.
Mateo 14–27
aPor aquel tiempo1, Herodes el tetrarcab oyó la fama de Jesús,
2 y dijo a sus sirvientes: Este es Juan el Bautistaa. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actúan en él.
3 Porque aHerodes había prendido a Juan, lo había atado1 y puesto en la cárcelb por causa de Herodíasc, mujer de su hermano Felipe;
4 porque Juan le decía: No te es lícito tenerlaa.
5 Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo1, porque consideraban2 a Juan como un profetaa.
6 Pero cuando llegó1 el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodíasa danzó ante2 ellos y agradó a bHerodes.
7 Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera.
8 Ella, instigada por su madre, dijo*: Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.
9 Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus1 juramentos y de sus invitados2, ordenó que se la dieran;
10 y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
11 Y trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre.
12 Los discípulos de Juan1 llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jesús.
¶13 aAl oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes lo supieron1, le siguieron a pie desde las ciudades.
14 Y al desembarcar1, vio una gran multituda, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermosb.
15 Al atardecer se le acercaron los discípulos, diciendo: El lugar está desierto y la hora es ya avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos.
16 Pero Jesús les dijo: No hay necesidad de que se vayan; dadles vosotros de comer.
17 Entonces ellos le dijeron*: No tenemos aquí más que cinco panes y dos pecesa.
18 Él les dijo: Traédmelos acá.
19 Y ordenando a la muchedumbre que se recostara sobre la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentosa, y partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud.
20 Y comieron todos y se saciaron. Y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenasa.
21 Y los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
¶22 aEnseguida hizo que los discípulos1 subieran a la barca y fueran delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud.
23 Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orara; y al anochecer, estaba allí solo.
24 Pero la barca estaba ya a muchos estadios1 de tierra, y era azotada2 por las olas, porque el viento era contrario.
25 Y a la cuarta vigiliaa de la noche1, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, y decían: ¡Es un fantasmaa! Y de miedo, se pusieron a gritar.
27 Pero enseguida Jesús les habló, diciendo: Tened ánimo, soy yoa; no temáisb.
28 Respondiéndole Pedro, dijo: Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas.
29 Y Él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús.
30 Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame!
31 Y al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo*: Hombre de poca fe, ¿por qué dudastea?
32 Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó.
33 Entonces los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Diosa.
¶34 aTerminada la travesía, bajaron a1 tierra en Genesaretb.
35 Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús1, enviaron a decirlo por toda aquella comarca de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal.
36 Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de su mantoa; y todos los que lo tocaban quedaban curadosb.
Discusión con algunos escribas y fariseos
aEntonces se acercaron* a Jesús algunos escribas y fariseosb de Jerusalén, diciendo:
2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pana.
3 Y respondiendo Él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios a causa de vuestra tradición?
4 Porque Dios dijo: «Honra a tu padre y a tu madrea», y: «Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera1b».
5 Pero vosotros decís: «Cualquiera que diga a su padre o a su madre: “Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado”,
6 no necesitará más honrar1 a su padre o a su madre2». Y así invalidasteis la palabra3 de Dios por causa de vuestra tradición.
7 ¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros cuando dijo:
8 «Este pueblo con los labios me honra,
pero su corazón está muy lejos de mía.
9 »Mas en vano me rinden culto,
enseñando como doctrinas preceptos de hombresa».
¶10 Y llamando junto a sí a la multitud, les dijo: Oíd y entended:
11 no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contaminaa al hombre.
12 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron*: ¿Sabes que los fariseos se escandalizaron1 cuando oyeron tus palabras2?
13 Pero Él contestó y dijo: Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigadaa.
14 Dejadlos; son ciegos guías de ciegos1a. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyob.
15 Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos la parábolaa.
16 Y Él dijo: ¿También vosotros estáis aún faltos de entendimiento?
17 ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago1 y luego se elimina2?
18 Pero lo que sale de la boca proviene del corazóna, y eso es lo que contamina al hombre.
19 Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumniasa.
20 Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.
Jesús sana a la hija de una cananea
¶21 aSaliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidónb.
22 Y he aquí, una mujer cananea que había salido de aquella comarca, comenzó a gritar, diciendo: Señor, Hijo de Davida, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniadab.
23 Pero Él no le respondió palabra. Y acercándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: Atiéndela1, pues viene gritando tras nosotros.
24 Y respondiendo Él, dijo: No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israela.
25 Pero acercándose ella, se postró1 ante Éla, diciendo: ¡Señor, socórreme!
26 Y Él respondió y dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos.
27 Pero ella dijo: Sí, Señor; pero1 también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Oh mujer, grande es tu fea; que te suceda como deseas. Y su hija quedó sana desde aquel momento1.
Jesús sana a muchos junto al mar de Galilea
¶29 aY pasando Jesús de allí, vino junto al mar de Galileab, y subiendo al monte, se sentó allí.
30 Y vinieron a Él grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos y los pusieron a sus pies y El los sanóa;
31 de modo que la muchedumbre se maravilló al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados1, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israela.
Alimentación de los cuatro mil
¶32 aEntonces Jesús, llamando junto a sí a sus discípulos, les dijo: Tengo compasión de la multitudb, porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino.
33 Y los discípulos le dijeron*: ¿Dónde conseguiríamos nosotros en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande?
34 Jesús entonces les dijo*: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete, y unos pocos pececillos.
35 Y Él mandó a la multitud que se recostara en el suelo;
36 y tomó los siete panes y los peces; y después de dar graciasa, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes.
37 Y comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenasa.
38 Los que comieron fueron cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
39 Y después de despedir a la muchedumbre, subió a la barcaa y fue a la región de Magadán1b.
Fariseos y saduceos piden señal
aEntonces los fariseos y los saduceosb se acercaron a Jesús, y para ponerle a prueba1 le pidieron que les mostrara una señal2 del cieloc.
2 Pero respondiendo Él, les dijo: 1Al caer la tarde decís: «Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizoa».
3 Y por la mañana: «Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador». ¿Sabéis discernir el aspecto1 del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiemposa?
4 Una generación perversa y adúlteraa busca señal1, y no se le dará señal1, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue.
La levadura de los fariseos y saduceos
¶5 Los discípulos, al pasar al otro lado, se habían olvidado de tomar panes.
6 Y Jesús les dijo: Estad atentos y guardaosa de la levadura de los fariseos y saduceosb.
7 Y ellos discutían entre sí, diciendo: Lo dice porque no tomamos panes.
8 Pero Jesús, dándose cuenta, dijo: Hombres de poca fea, ¿por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan?
9 ¿Todavía no entendéis ni recordáis los cinco panes de los cinco mil, y cuántas cestas recogisteisa?
10 ¿Ni los siete panes de los cuatro mil, y cuántas canastas recogisteisa?
11 ¿Cómo es que no entendéis que no os hablé de los panes? Pero guardaosa de la levadura de los fariseos y saduceosb.
12 Entonces entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura de los panes, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceosa.
¶13 aCuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipob, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombrec?
14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautistaa; y otros, Elíasb; pero otros, Jeremías o uno de los profetas.
| a | |
| 1 | O, aquella ocasión |
| b | |
| a | |
| a | |
| 1 | O, encadenado |
| b | |
| c | |
| a | |
| 1 | O, a la multitud |
| 2 | * , tenían |
| a | |
| 1 | * , ocurrió |
| a | |
| 2 | * , en medio de |
| b | |
| 1 | * , los |
| 2 | * , de los que se reclinaban a la mesa con él |
| 1 | * , Y sus discípulos |
| a | |
| 1 | * , oyeron |
| 1 | * , Y saliendo |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | * , obligó a los discípulos que |
| a | |
| 1 | Un estadio equivale * a 180 metros |
| 2 | * , atormentada |
| a | |
| 1 | I.e., entre las tres y las seis de la mañana |
| a | |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | * , llegaron a la |
| b | |
| 1 | * , El |
| a | |
| b | |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| 1 | * , muera a muerte |
| b | |
| 1 | I.e., en el sentido de socorrer |
| 2 | Algunos * antiguos no incluyen: o a su madre |
| 3 | Algunos * antiguos dicen: la ley |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | O, fueron ofendidos |
| 2 | * , la palabra |
| a | |
| 1 | Varios * antiguos no incluyen: de ciegos |
| a | |
| b | |
| a | |
| 1 | * , vientre |
| 2 | * , se echa en la letrina |
| a | |
| a | |
| a | |
| b | |
| a | |
| b | |
| 1 | * , Despídela |
| a | |
| 1 | O, adoró |
| a | |
| 1 | * , porque |
| a | |
| 1 | * , desde aquella hora |
| a | |
| b | |
| a | |
| 1 | O, sanos |
| a | |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | Algunos * posteriores dicen: Magdala |
| b | |
| a | |
| b | |
| 1 | * , tentándole |
| 2 | O, un milagro |
| c | |
| 1 | |
| a | |
| 1 | * , la faz |
| a | |
| a | |
| 1 | O, milagro |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| a | |
| a | |
| b | |
| a | |
| a | |
| b | |
| c | |
| a | |
| b |
Regístrese para utilizar nuestro
Herramientas gratuitas de estudio de la Biblia
|
Al registrarse para obtener una cuenta, usted acepta que Logos Términos del servicio y Política de privacidad.
|