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Mateo 9–26
Y subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado y llegó a su ciudada.
2 aY1 le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralíticob: Anímatec, hijo, tus pecados te son perdonadosd.
3 Y1 algunos de los escribas decían para sí2: Este blasfemaa.
4 Y Jesús, conociendo sus pensamientosa, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y andaa»?
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombrea tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo* al paralíticob): Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
7 Y él levantándose, se fue a su casa.
8 Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor1, y glorificaron a Diosa, que había dado tal poder2 a los hombres.
Llamamiento de Mateo y la cena en su casa
¶9 aCuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateob, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: ¡Síguemec! Y levantándose, le siguió.
¶10 Y sucedió que estando Él sentado1 a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos2 y pecadores llegaron y se sentaron3 a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadoresa?
12 Al oír Él esto, dijo: Los que están sanos1 no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermosa.
13 Mas id, y aprended lo que significaa: «Misericordia1 quiero y no sacrificiob»; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadoresc.
¶14 Entonces se le acercaron* los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamosa, pero tus discípulos no ayunan?
15 Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio1 pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será2 quitado, y entonces ayunarán.
16 Y nadie pone un remiendo1 de tela nueva2 en un vestido viejo; porque el remiendo3 al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor.
17 Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
Curación de una mujer y resurrección de la hija de un oficial
¶18 aMientras les decía estas cosas, he aquí, vino un oficial1 de la sinagoga y se postró delante de Él2b, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19 Y levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos.
20 Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su mantoa;
21 pues decía para sí: Si tan solo toco su mantoa, sanaré1.
22 Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimoa, tu fe te ha sanado1b. Y al instante2 la mujer quedó sana3.
23 Cuando entró Jesús en la casa del oficial1, y vio a los flautistasa y al gentío en ruidoso desorden,
24 les dijo: Retiraos, porque la niña1 no ha muertoa, sino que está dormida. Y se burlaban de Él.
25 Pero cuando habían echado fuera a la gentea, Él entró y la tomó de la mano; y la niña1 se levantó2b.
26 Y esta noticia1 se difundió por toda aquella tierraa.
Curación de dos ciegos y un mudo
¶27 Al irse Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: ¡Hijo de Davida, ten misericordia de nosotros!
28 Y después de haber entrado en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo*: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos le respondieron*: Sí, Señor.
29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fea.
30 Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamentea, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierraa.
¶32 Y al salir ellos de allí, he aquí, le trajeron un mudoa endemoniadob.
33 Y después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: Jamás se ha visto1 cosa igual en Israela.
34 Pero los fariseos decían: El echa fuera los demonios por el príncipe de los demoniosa.
¶35 Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellosa, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolenciab.
36 Y viendo las multitudesa, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastorb.
37 Entonces dijo* a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocosa.
38 Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Llamamiento de los doce apóstoles
Entonces llamando a sus doce discípulosa, Jesús les dio poder1 sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolenciab.
¶2 aY los nombres de los doce apóstoles son estos: primero, Simónb, llamado Pedro, y Andrés su hermanoc; y Jacobo1d, el hijo de Zebedeo, y Juan2 su hermano;
3 Felipe y Bartolomé1a; Tomásb y Mateoc, el recaudador de impuestos2; Jacobo3d, el hijo de Alfeo, y Tadeoe;
4 Simón el cananita1, y Judas Iscariotea, el que también le entregó.
¶5 A estos docea envió Jesús después de instruirlos, diciendo: No vayáis por1 el camino de los gentiles, y no entréis en ninguna ciudad de los samaritanosb.
6 Sino id más bien a las ovejas perdidasa de la casa de Israel.
7 Y cuando vayáis, predicad diciendo: «El reino de los cielos se ha acercadoa».
8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; de gracia1 recibisteis, dad de gracia1.
9 aNo os proveáis de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en vuestros cintos,
10 ni de alforja1 para el camino, ni de dos túnicas2, ni de sandalias, ni de bordón; porque el obrero es digno de su sostén3a.
11 Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que os marchéis.
12 Al entrar en la casa, dadle vuestro saludo de paza.
13 Y si la casa es digna, que vuestro saludo de paz venga sobre ella; pero si no es digna, que vuestro saludo de paz se vuelva a vosotros.
14 Y cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros piesa.
15 En verdad os digo que en el día del juicioa será más tolerable el castigob para la tierra de Sodoma y Gomorrac que para esa ciudad.
¶16 Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobosa; por tanto, sed1 astutos como las serpientesb e inocentes como las palomasc.
17 Pero cuidaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales1a y os azotarán en sus sinagogasb;
18 y hasta seréis llevados delante de gobernadores y reyes por mi causa, como un testimonio a ellos y a los gentiles.
19 aPero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis; porque a esa hora se os dará lo que habréis de hablarb.
20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotrosa.
21 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijoa; y los hijos se levantarán contra los padresb, y les causarán la muerte1.
22 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombrea, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvob.
23 Pero cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otraa; porque en verdad os digo: no terminaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombreb.
Palabras de aliento a los doce
¶24 Un discípulo1 no está por encima del maestro, ni un siervo por encima de su señora.
25 Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al dueño de la casaa lo han llamado Beelzebúb, ¡cuánto más a los de su casa!
26 aAsí que no les temáis, porque nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberseb.
27 Lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luza; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteasb.
28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquela que puede hacer perecer1 tanto el alma como el cuerpo en el infierno2b.
29 ¿No se venden dos pajarillos1 por un cuarto2a? Y sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra sin permitirlo vuestro Padre.
30 Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contadosa.
31 Así que no temáis; vosotros valéis más que muchos pajarillos1a.
32 Por tanto, todo el que me1 confiese delante de los hombres, yo también le2 confesaré delante de mi Padre que está en los cielosa.
33 Pero cualquiera que me niegue delante de los hombresa, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
¶34 aNo penséis que vine a traer1 paz a la tierra; no vine a traer1 paz, sino espada.
35 Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegraa;
36 y los enemigos del hombre serán los de su misma casaa.
37 El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mía.
38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mía.
39 El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallaráa.
¶40 El que os recibe a vosotros, a mí me recibea; y el que me recibe a mí, recibe al que me enviób.
41 El que recibe a un profeta como1 profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo como1 justo, recibirá recompensa de justoa.
42 Y cualquiera que como1 discípulo dé de beber aunque solo sea un vaso de agua fría a uno de estos pequeños2, en verdad os digo que no perderá su recompensaa.
Jesús sale a enseñar y predicar
Y sucedió que cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulosa, se fue de allí a enseñar y predicar1 en las ciudades de ellosb.
Jesús y los discípulos de Juan
¶2 aY al oír Juan en la cárcel de las obras de Cristo1, mandó por medio de sus discípulos
3 a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir1a, o esperaremos a otro?
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| 1 | * , Y he aquí |
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| 1 | * , Y he aquí |
| 2 | * , dentro de sí |
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| 1 | O, se llenaron de asombro |
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| 2 | O, autoridad |
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| 1 | * , reclinado |
| 2 | O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos |
| 3 | * , reclinaron |
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| 1 | * , fuertes |
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| 1 | O, Compasión |
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| 1 | * , hijos del tálamo |
| 2 | * , sea |
| 1 | * , lo que se pone encima |
| 2 | * , sin encoger |
| 3 | * , lo que llena |
| 1 | I.e., cueros usados como recipientes |
| 2 | * , y si no |
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| 1 | O, principal |
| 2 | O, le adoró |
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| 1 | * , seré salva |
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| 1 | * , te ha salvado |
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| 2 | * , desde aquella hora |
| 3 | * , salva |
| 1 | O, principal |
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| 1 | O, muchacha |
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| 1 | O, muchacha |
| 2 | O, fue levantada |
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| 1 | * , fama |
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| 1 | * , ha aparecido |
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| 1 | O, autoridad |
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| 1 | O, Santiago |
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| 2 | Gr., Ioannes; heb., Johanan |
| 1 | I.e., hijo de Tolomeo |
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| 2 | O, publicano; i.e., uno que explotaba la recaudación de los impuestos romanos |
| 3 | O, Santiago |
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| 1 | O, el zelote; i.e., miembro de un grupo radical |
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| 1 | O, No os apartéis hacia |
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| 1 | O, gratuitamente |
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| 1 | O, mochila, o, bolsa |
| 2 | I.e., ropa interior |
| 3 | * , alimento o sustento |
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| a | |
| 1 | O, mostraos |
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| 1 | O, sanedrines, o, concilios |
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| 1 | O, los matarán |
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| 1 | O, alumno |
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| 1 | O, destruir |
| 2 | Gr., guéenna |
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| 1 | O, gorriones |
| 2 | Gr., assarion; equivale * a 1/16 denario |
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| 1 | O, gorriones |
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| 1 | * , por mí |
| 2 | * , por él |
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| 1 | * , a echar |
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| 1 | * , en nombre de |
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| 1 | * , en nombre de |
| 2 | O, humildes |
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| 1 | O, proclamar |
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| 1 | I.e., el Mesías |
| 1 | * , el que viene; véase Juan 11:27 y nota |
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