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Mateo 8–11
Y cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían.
2 aY he aquí, se le acercó un leproso y se postró ante Él1b, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3 Y extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra1a.
4 Entonces Jesús le dijo*: Mira, no se lo digas a nadiea, sino veb, muéstrate al sacerdotec y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos.
Jesús sana al criado del centurión
¶5 aY cuando entró Jesús1 en Capernaúm se le acercó un centurión suplicándole,
6 y diciendo: Señor, mi criado1 está postrado en casa, paralíticoa, sufriendo mucho2.
7 Y Jesús le dijo*: Yo iré y lo sanaré.
8 Pero el centurión respondió y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; mas solamente di la palabra1 y mi criado2 quedará sano.
9 Porque yo también soy hombre bajo autoridada, con1 soldados a mis órdenes2; y digo a este: «Ve», y va; y al otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace.
10 Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que le seguían: En verdad os digo que en Israel1 no he hallado en nadie una fe tan grande.
11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidentea, y se sentarán1 a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.
12 Pero los hijos del reinoa serán arrojados a las tinieblas de afuerab; allí será el llanto y el crujir de dientesc.
13 Entonces Jesús dijo al centurión: Vete; así como has creídoa, te sea hecho. Y el criado1 fue sanado en esa misma hora.
Jesús sana a la suegra de Pedro y a muchos otros
¶14 aAl llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de este1 que yacía en cama2 con fiebre.
15 Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía.
16 Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniadosa; y expulsó a los espíritus con su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermosb,
17 para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: El mismo tomo nuestras flaquezas y llevo1 nuestras enfermedadesa.
¶18 Viendo Jesús una multitud a su alrededor, dio ordena de pasar al otro lado.
19 aY un escriba se le acercó y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.
20 Y Jesús le dijo*: Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombrea no tiene dónde recostar la cabeza.
21 Otro de los discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.
22 Pero Jesús le dijo*: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertosa.
¶23 aCuando entró Jesús1 en la barca, sus discípulos le siguieron.
24 Y de pronto1 se desató una gran tormenta2 en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús3 estaba dormido.
25 Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanosa, que perecemos!
26 Y Él les dijo*: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fea? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma.
27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?
¶28 aCuando llegó al otro lado, a la tierra de los gadarenos, le salieron al encuentro dos endemoniadosb que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino.
29 Y1 gritaron, diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo2, Hijo de Diosa? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo3?
30 A cierta distancia de ellos había una piara de muchos cerdos paciendo;
31 y los demonios le rogaban, diciendo: Si vas a echarnos fuera, mándanos a la piara de cerdos.
32 Entonces Él les dijo: ¡Id! Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y he aquí que la piara entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
33 Los que cuidaban la piara huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso1 lo de los endemoniadosa.
34 Y1 toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de su comarcaa.
Y subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado y llegó a su ciudada.
2 aY1 le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralíticob: Anímatec, hijo, tus pecados te son perdonadosd.
3 Y1 algunos de los escribas decían para sí2: Este blasfemaa.
4 Y Jesús, conociendo sus pensamientosa, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
5 Porque, ¿qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y andaa»?
6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombrea tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (entonces dijo* al paralíticob): Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
7 Y él levantándose, se fue a su casa.
8 Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor1, y glorificaron a Diosa, que había dado tal poder2 a los hombres.
Llamamiento de Mateo y la cena en su casa
¶9 aCuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateob, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: ¡Síguemec! Y levantándose, le siguió.
¶10 Y sucedió que estando Él sentado1 a la mesa en la casa, he aquí, muchos recaudadores de impuestos2 y pecadores llegaron y se sentaron3 a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Y cuando vieron esto, los fariseos dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadoresa?
12 Al oír Él esto, dijo: Los que están sanos1 no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermosa.
13 Mas id, y aprended lo que significaa: «Misericordia1 quiero y no sacrificiob»; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadoresc.
¶14 Entonces se le acercaron* los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamosa, pero tus discípulos no ayunan?
15 Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio1 pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será2 quitado, y entonces ayunarán.
16 Y nadie pone un remiendo1 de tela nueva2 en un vestido viejo; porque el remiendo3 al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor.
17 Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.
Curación de una mujer y resurrección de la hija de un oficial
¶18 aMientras les decía estas cosas, he aquí, vino un oficial1 de la sinagoga y se postró delante de Él2b, diciendo: Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.
19 Y levantándose Jesús, lo siguió, y también sus discípulos.
20 Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su mantoa;
21 pues decía para sí: Si tan solo toco su mantoa, sanaré1.
22 Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten ánimoa, tu fe te ha sanado1b. Y al instante2 la mujer quedó sana3.
23 Cuando entró Jesús en la casa del oficial1, y vio a los flautistasa y al gentío en ruidoso desorden,
24 les dijo: Retiraos, porque la niña1 no ha muertoa, sino que está dormida. Y se burlaban de Él.
25 Pero cuando habían echado fuera a la gentea, Él entró y la tomó de la mano; y la niña1 se levantó2b.
26 Y esta noticia1 se difundió por toda aquella tierraa.
Curación de dos ciegos y un mudo
¶27 Al irse Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: ¡Hijo de Davida, ten misericordia de nosotros!
28 Y después de haber entrado en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo*: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos le respondieron*: Sí, Señor.
29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Hágase en vosotros según vuestra fea.
30 Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamentea, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.
31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella tierraa.
¶32 Y al salir ellos de allí, he aquí, le trajeron un mudoa endemoniadob.
33 Y después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: Jamás se ha visto1 cosa igual en Israela.
34 Pero los fariseos decían: El echa fuera los demonios por el príncipe de los demoniosa.
¶35 Y Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellosa, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolenciab.
36 Y viendo las multitudesa, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastorb.
37 Entonces dijo* a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros pocosa.
38 Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Llamamiento de los doce apóstoles
Entonces llamando a sus doce discípulosa, Jesús les dio poder1 sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolenciab.
¶2 aY los nombres de los doce apóstoles son estos: primero, Simónb, llamado Pedro, y Andrés su hermanoc; y Jacobo1d, el hijo de Zebedeo, y Juan2 su hermano;
3 Felipe y Bartolomé1a; Tomásb y Mateoc, el recaudador de impuestos2; Jacobo3d, el hijo de Alfeo, y Tadeoe;
4 Simón el cananita1, y Judas Iscariotea, el que también le entregó.
¶5 A estos docea envió Jesús después de instruirlos, diciendo: No vayáis por1 el camino de los gentiles, y no entréis en ninguna ciudad de los samaritanosb.
6 Sino id más bien a las ovejas perdidasa de la casa de Israel.
7 Y cuando vayáis, predicad diciendo: «El reino de los cielos se ha acercadoa».
8 Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios; de gracia1 recibisteis, dad de gracia1.
9 aNo os proveáis de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en vuestros cintos,
10 ni de alforja1 para el camino, ni de dos túnicas2, ni de sandalias, ni de bordón; porque el obrero es digno de su sostén3a.
11 Y en cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién es digno en ella, y quedaos allí hasta que os marchéis.
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| 1 | O, le adoró |
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| 1 | * , su lepra fue limpiada |
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| b | |
| c | |
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| 1 | * , El |
| 1 | * , muchacho |
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| 2 | * , terriblemente atormentado |
| 1 | * , di con una palabra |
| 2 | * , muchacho |
| a | |
| 1 | * , teniendo |
| 2 | * , debajo de mí |
| 1 | Algunos * antiguos dicen: ni en Israel |
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| 1 | * , se recostarán |
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| 1 | * , muchacho |
| a | |
| 1 | * , él |
| 2 | * , postrada y |
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| 1 | O, cargó con |
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| a | |
| a | |
| a | |
| a | |
| 1 | * , El |
| 1 | * , Y he aquí |
| 2 | * , un sacudimiento |
| 3 | * , El |
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| 1 | * , Y he aquí |
| 2 | * , ¿Qué a nosotros y a ti |
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| 3 | I.e., antes del tiempo designado para el juicio |
| 1 | * , y |
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| 1 | * , Y he aquí |
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| 1 | * , Y he aquí |
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| 1 | * , Y he aquí |
| 2 | * , dentro de sí |
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| 1 | O, se llenaron de asombro |
| a | |
| 2 | O, autoridad |
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| 1 | * , reclinado |
| 2 | O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos |
| 3 | * , reclinaron |
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| 1 | * , fuertes |
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| 1 | O, Compasión |
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| 1 | * , hijos del tálamo |
| 2 | * , sea |
| 1 | * , lo que se pone encima |
| 2 | * , sin encoger |
| 3 | * , lo que llena |
| 1 | I.e., cueros usados como recipientes |
| 2 | * , y si no |
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| 1 | O, principal |
| 2 | O, le adoró |
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| 1 | * , seré salva |
| a | |
| 1 | * , te ha salvado |
| b | |
| 2 | * , desde aquella hora |
| 3 | * , salva |
| 1 | O, principal |
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| 1 | O, muchacha |
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| 1 | O, muchacha |
| 2 | O, fue levantada |
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| 1 | * , fama |
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| 1 | * , ha aparecido |
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| 1 | O, autoridad |
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| 1 | O, Santiago |
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| 2 | Gr., Ioannes; heb., Johanan |
| 1 | I.e., hijo de Tolomeo |
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| 2 | O, publicano; i.e., uno que explotaba la recaudación de los impuestos romanos |
| 3 | O, Santiago |
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| 1 | O, el zelote; i.e., miembro de un grupo radical |
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| 1 | O, No os apartéis hacia |
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| 1 | O, gratuitamente |
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| 1 | O, mochila, o, bolsa |
| 2 | I.e., ropa interior |
| 3 | * , alimento o sustento |
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