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Lucas 5–16
Llamamiento de los primeros discípulos
Y aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús1a junto al lago de Genesaretb,
2 vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes.
3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara de tierra un poco; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barcaa.
4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Sal a la parte más profunda1 y echad vuestras redes para pescar2a.
5 Respondiendo Simón, dijo: Maestroa, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado1 nadab, pero porque tú lo pides2, echaré las redes.
6 Y cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de pecesa, de modo que sus redes se rompían;
7 entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.
8 Al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies1 de Jesús, diciendo: ¡Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador!
9 Porque el asombro se había apoderado de él y de todos sus compañeros, por la redada de peces que habían hecho;
10 y lo mismo les sucedió también a Jacobo1 y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temasa; desde ahora serás pescador de hombresb.
11 Y después de traer las barcas a tierra, dejándolo todo, le siguierona.
¶12 aY aconteció que estando Jesús1 en una de las ciudades, he aquí, había allí un hombre lleno de lepra; y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
13 Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra lo dejó.
14 Y Él le mandó que no se lo dijera a nadie. Pero anda—le dijo—, muéstrate al sacerdotea y da una ofrenda1 por tu purificación según lo ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.
15 Y su fama1 se difundía cada vez mása, y grandes multitudes se congregaban para oírle y ser sanadas de sus enfermedades.
16 Pero con frecuencia Él se retiraba a1 lugares solitarios y orabaa.
¶17 Y1 un día2 que Él estaba enseñando, había allí sentados algunos fariseosa y maestros de la leyb que habían venido de todas las aldeas de Galilea y Judea, y de Jerusalénc; y el poder del Señord estaba con Él para sanar.
18 aY he aquí, unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paralítico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jesús1.
19 Y no hallando cómo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azoteaa y lo bajaron con la camilla a través del techo1b, poniéndolo en medio, delante de Jesús.
20 Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: Hombre, tus pecados te son perdonadosa.
21 Entonces los escribas y fariseos comenzaron a discurrira, diciendo: ¿Quien es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Diosb?
22 Conociendo Jesús sus pensamientos, respondió y les dijo: ¿Por qué discurrís en vuestros corazones?
23 ¿Qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate y anda»?
24 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralíticoa): A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
25 Y al instante se levantó delante de ellos, tomó la camilla en que había estado acostado, y se fue a su casa glorificando a Diosa.
26 Y el asombro se apoderó de todos y glorificaban a Diosa; y se llenaron de temorb, diciendo: Hoy hemos visto cosas extraordinarias.
Llamamiento de Leví y la cena en su casa
¶27 aDespués de esto, Jesús salió y se fijó en un recaudador de impuestos1 llamado Levíb, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo: Sígueme.
28 Y él, dejándolo todo, se levantó y le seguíaa.
¶29 Y Levía le ofreció un gran banquete en su casa; y había un grupo grande de recaudadores de impuestosb y de otros que estaban sentados1 a la mesa con ellos.
30 Y los fariseos y sus escribasa se quejaban a los discípulos de Jesús1, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los recaudadores de impuestos y con los pecadores?
31 Respondiendo Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermosa.
32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
¶33 Y ellos le dijeron: Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones; los de los fariseos también hacen lo mismo, pero los tuyos comen y bebena.
34 Entonces Jesús les dijo: ¿Acaso podéis hacer que los acompañantes del novio1 ayunen mientras el novio está con ellos?
35 Pero vendrán días cuando1 el novio les será quitado, entonces ayunarán en aquellos díasa.
36 También les dijo una parábola: Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; porque entonces1 romperá el nuevo, y el pedazo del nuevo no armonizará con el viejo.
37 Y nadie echa vino nuevo en odres1 viejos, porque entonces2 el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán,
38 sino que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos1.
39 Y nadie, después de beber vino añejo, desea vino nuevo, porque dice: «El añejo es mejor1».
Jesús, Señor del día de reposo
aY aconteció que un día de reposo1 Jesús2 pasaba por unos sembrados, y sus discípulos arrancaban y comían espigasb, restregándolas entre las manos.
2 Pero algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito en el día de reposoa?
3 Respondiéndoles Jesús, dijo: ¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo Davida cuando tuvo hambre, él y los que con él estaban;
4 cómo entró en la casa de Dios, y tomó y comió los panes consagrados1, que a nadie es lícitoa comer sino solo a los sacerdotes, y dio también a sus compañeros?
5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.
Jesús sana al hombre de la mano seca
¶6 aY1 en otro día de reposo entró en la sinagoga y enseñabab; y había allí un hombre que tenía la2 mano derecha seca3.
7 Y los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús1 para ver si sanaba en el día de reposo, a fin de encontrar de qué acusarlea.
8 Pero Él sabía lo que ellos estaban pensando1a, y dijo al hombre que tenía la mano seca2: Levántate y ven acá3. Y él, levantándose, se le acercó4.
9 Entonces Jesús les dijo: Yo os pregunto: ¿es lícito en el día de reposo hacer bien o hacer mal; salvar una vida o destruirla?
10 Y después de mirarlos a todos a su alrededor, dijo al hombre1: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano quedó sana2a.
11 Pero ellos se llenaron de ira1, y discutían entre sí qué podrían hacerle a Jesús.
Jesús escoge a los doce apóstoles
¶12 En1 esos días Él se fue al montea a orarb, y pasó toda la noche en oración a Dios.
13 Cuando se hizo de día, allamó a sus discípulos y escogió doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstolesb:
14 Simón, a quien también llamó Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo1 y Juan; Felipe y Bartolomé;
15 Mateoa y Tomás; Jacobo1, hijo de Alfeo, y Simón, al que llamaban el Zelote;
16 Judas, hijo de Jacobo1, y Judas Iscariote, que llegó a ser traidor.
17 Descendióa con ellos y se detuvo en un lugar llano; y había una gran multitudb de sus discípulos, y una gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidónc,
18 1que habían ido para oírle y para ser sanados de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos eran curados.
19 Y toda la multitud procuraba tocarlea, porque de Él salía un poderb que a todos sanaba.
¶20 Volviendo su vista hacia sus discípulos, decía: Bienaventuradosa vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Diosb.
21 Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
22 Bienaventurados sois cuando los hombres os aborrecen, cuando os apartan de sía, os colman de insultosb y desechan vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre.
23 Alegraos en ese día y saltada de gozo, porque he aquí, vuestra recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban1 de la misma manera a los profetasb.
24 Pero ¡ay de vosotros los ricosa!, porque ya estáis recibiendo todo vuestro consuelob.
25 ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados1!, porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís!, porque os lamentaréis y lloraréis.
26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!, porque de la misma manera trataban1 sus padres a los falsos profetasa.
El amor verdadero y su recompensa
¶27 Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecena;
28 bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperana.
29 aAl que te hiera en la mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa1, no le niegues tampoco la túnica.
30 A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames.
31 Y así como queréis que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma maneraa.
32 Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los amana.
33 Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
34 Si prestáisa a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir de ellos la misma cantidad.
35 Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced biena, y prestad no esperando nada a cambio1, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimob; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos.
36 Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso.
¶37 aNo juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad1, y seréis perdonadosb.
38 Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida y rebosante, vaciarán en vuestro regazoa. Porque con la medida con que midáis, se os volverá a medirb.
| 1 | * , El |
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| 1 | O, Boga hacia lo hondo |
| 2 | * , una redada |
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| 1 | * , agarrado |
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| 2 | O, a tu palabra |
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| 1 | * , las rodillas |
| 1 | O, Santiago |
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| 1 | * , El |
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| 1 | * , ofrece |
| 1 | * , la palabra acerca de Él |
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| 1 | * , en |
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| 1 | * , Y sucedió que |
| 2 | * , en uno de los días |
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| 1 | * , El |
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| 1 | * , de las tejas |
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| 1 | * , recostados |
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| 1 | * , hijos del tálamo |
| 1 | * , y cuando |
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| 1 | * , ya que si no |
| 1 | I.e., cueros usados como recipientes |
| 2 | * , ya que si no |
| 1 | Algunos * agregan: y ambos se conservan |
| 1 | * , bueno o agradable |
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| 1 | Muchos * dicen: El segundo primer día de reposo |
| 2 | * , El |
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| 1 | * , los panes de la proposición |
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| 1 | * , Y sucedió que |
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| 2 | * , y estaba su |
| 3 | O, enjuta, o, paralizada |
| 1 | * , El |
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| 1 | * , sus pensamientos |
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| 2 | O, enjuta, o, paralizada |
| 3 | * , ponte en medio |
| 4 | * , se puso en pie |
| 1 | * , le dijo |
| 2 | * , restaurada |
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| 1 | * , insensatez |
| 1 | * , Y sucedió que en |
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| 1 | O, Santiago |
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| 1 | O, Santiago |
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| 1 | Algunas versiones comienzan el vers. 18 en: y los que eran |
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| 1 | * , hacían |
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| 1 | * , que habiendo sido llenados |
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| 1 | O, el manto |
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| 1 | O, sin desesperarse |
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| 1 | * , soltad o libertad |
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