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Lucas 13–15
En esa misma ocasión había allí algunos que le contaron acerca de los galileos cuya sangre Pilatoa había mezclado1 con la de sus sacrificios.
2 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos eran más pecadoresa que todos los demás galileos, porque sufrieron esto?
3 Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
4 ¿O pensáis que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloéa y los mató, eran más deudores1b que todos los hombres que habitan en Jerusalén?
5 Os digo que no; al contrario, si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
Parábola de la higuera estéril
¶6 Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo hallóa.
7 Y dijo al viñador: «Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtalaa. ¿Por qué ha de cansar la tierra?».
8 El entonces, respondiendo, le dijo: «Señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono,
9 y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala».
Jesús hace un milagro en día de reposo
¶10 Jesús estaba enseñando en una de las sinagogas un día de reposoa,
11 y1 había allí una mujer que durante dieciocho años había tenido una enfermedad causada por un espíritua; estaba encorvada, y de ninguna manera se podía enderezar.
12 Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, has quedado libre de tu enfermedad.
13 Y puso las manos sobre ellaa, y al instante se enderezó y glorificaba a Diosb.
14 Pero el oficial de la sinagogaa, indignado porque Jesús había sanado en día de reposob, reaccionó diciendo1 a la multitud: Hay seis días en los cuales se debe trabajarc; venid, pues, en esos días y sed sanados, y no en día de reposo.
15 Entonces el Señora le respondió, y dijo: Hipócritas, ¿no desata cada uno de vosotros su buey o su asno del pesebre en día de reposob y lo lleva a beber?
16 Y esta, que es hija de Abrahama, a la que Satanás ha tenido atada durante dieciocho largos añosb, ¿no debía ser libertada de esta ligadura en día de reposo?
17 Y al decir Él esto, todos sus adversarios se avergonzaban, pero toda la multitud se regocijabaa por todas las cosas gloriosas hechas por Él.
¶18 Entonces adecía: ¿A qué es semejante el reino de Dios y con qué lo compararéb?
19 Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y echó en su huerto; y creció y se hizo árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.
¶20 Y volvió a decir: ¿A qué compararé el reino de Diosa?
21 aEs semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas1 de harina hasta que todo quedó fermentado.
¶22 Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, mientras proseguía camino a Jerusaléna.
23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y Él les dijo:
24 Esforzaos por entrar por la puerta estrechaa, porque os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán.
25 Después que el dueño de la casa se levante y cierre la puertaa, y vosotros, estando fuera, comencéis a llamar a la puerta, diciendo: “Señor, ábrenosb», Él1 respondiendo, os dirá: «No sé de dónde soisc».
26 Entonces comenzaréis a decira: «Comimos y bebimos en tu presencia, y enseñaste en nuestras calles»;
27 y Él dirá: «Os digo que no sé de dónde soisa; apartaos de mí, todos los que hacéis iniquidadb».
28 Allí será el llanto y el crujir de dientesa cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros echados fuera.
29 Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán1 a la mesa en el reino de Diosa.
30 Y he aquí, hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimosa.
¶31 En ese momento llegaron unos fariseos diciéndole: Sal y vete de aquí, porque Herodesa te quiere matar.
32 Y Él les dijo: Id y decidle a ese zorro: «Yo1 expulso demonios, y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día cumplo mi propósito2a».
33 Sin embargo, debo seguir mi camino, hoy, mañana y pasado mañanaa; porque no puede ser que un profetab muera fuera de Jerusalén.
34 ¡aJerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alasb, y no quisiste!
35 He aquí, vuestra casa se os deja desierta1; y os digo que no me veréis más, hasta que llegue el tiempo en que digáis: «Bendito el que viene en nombre del Señora».
Jesús sana otra vez en día de reposo
Y aconteció que cuando Jesús1 entró en casa de uno de los principales de los fariseos2 un día de reposo para comer pan, ellos le estaban observando cuidadosamentea.
2 Y allí1, frente a Él, estaba un hombre hidrópico.
3 Y dirigiéndose1 Jesús, a los intérpretes de la ley2a y a los fariseos, les habló diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo, o nob?
4 Pero ellos guardaron silencio. Y Él, tomándolo de la mano, lo sanó y lo despidió.
5 Y a ellos les dijo: ¿A quién de vosotros se le cae un hijo1 o un buey en un hoyo un día de reposo, y no lo saca inmediatamentea?
6 Y no pudieron responderle a estoa.
¶7 Y comenzó a referir una parábola a los invitados, cuando advirtió cómo escogían los lugares de honor a la mesaa, diciéndoles:
8 Cuando seas invitado por alguno a un banquete de bodas, no tomes1 el lugar de honora, no sea que él haya invitado a otro más distinguido que tú,
9 y viniendo el que te invitó a ti y a él, te diga: «Dale el lugar a este»; y entonces, avergonzadoa, tengas que irte al1 último lugar.
10 Sino que cuando seas invitado, ve y siéntate1 en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó, te diga: «Amigo, ven más adelante2a»; entonces serás honrado delante de todos los que se sientan3 a la mesa contigo.
11 Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será ensalzadoa.
¶12 Y dijo también al que le había convidado: Cuando ofrezcas una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos a su vez también te conviden y tengas ya tu1 recompensa.
13 Antes bien, cuando ofrezcas un banquete, llama a pobres, mancos1, cojos, ciegos,
14 y serás bienaventurado1, ya que ellos no tienen para recompensarte; pues tú serás recompensado en la resurrección de los justosa.
¶15 Cuando uno de los que estaban sentados1 con Él a la mesa oyó esto, le dijo: ¡Bienaventurado2 todo el que coma pan en el reino de Diosa!
16 aPero Él le dijo: Cierto hombre dio una gran cena, e invitó a muchos;
17 y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los que habían sido invitados: «Venid, porque ya todo está preparado».
18 Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: «He comprado un terreno1 y necesito ir a verlo; te ruego que me excuses».
19 Y otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me excuses».
20 También otro dijo: «Me he casado, y por eso no puedo ira».
21 Cuando el siervo regresó, informó de todo esto a su señor. Entonces, enojado el dueño de la casa, dijo a su siervo: «Sal enseguida por las calles y callejones de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos1, los ciegos y los cojos».
22 Y el siervo dijo: «Señor, se ha hecho lo que ordenaste, y todavía hay lugar».
23 Entonces el señor dijo al siervo: «Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa.
24 »Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados probará mi cena».
¶25 Grandes multitudes le acompañaban; y Él, volviéndose, les dijo:
26 Si alguno viene a mí, y no aborrece1 a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípuloa.
27 El que no carga su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípuloa.
28 Porque, ¿quién de vosotros, deseando edificar una torre, no se sienta primero y calcula el costo, para ver si tiene lo suficiente para terminarla?
29 No sea que cuando haya echado los cimientos y no pueda terminar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él,
30 diciendo: «Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar».
31 ¿O qué rey, cuando sale al encuentro de otro rey para la batalla, no se sienta primero y delibera si con diez mil hombres es bastante fuerte como para enfrentarse al que viene contra él con veinte mila?
32 Y si no, cuando el otro todavía está lejos, le envía una delegación1 y pide condiciones de paz.
33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípuloa.
34 Por tanto, buena es la sal, pero si también la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será sazonadaa?
35 No es útil ni para la tierra ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tenga oídos para oír, que oigaa.
Todos los recaudadores de impuestos1a y los pecadores se acercaban a Jesús2 para oírle;
2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellosa.
¶3 Entonces Él les refirió esta parábola, diciendo:
4 ¿aQué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, no deja las noventa y nueve en el campo1 y va tras la que está perdida hasta que la halla?
5 Al encontrarla, la pone sobre sus hombros, gozoso;
6 y cuando llega a su casa, reúne a los amigos y a los vecinos, diciéndoles: «Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja que se había perdido».
7 Os digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.
¶8 ¿O qué mujer, si tiene diez monedas de plata1 y pierde una moneda, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta hallarla?
9 Cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas, diciendo: “Alegraos conmigo porque he hallado la moneda que había perdido.”
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| 1 | O, derramado junto |
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| 1 | O, culpables |
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| 1 | * , y he aquí |
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| 1 | * , respondiendo, decía |
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| 1 | Gr., sata; un sato equivale * a 13 litros |
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| 1 | * , y Él |
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| 1 | * , recostarán |
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| 1 | * , He aquí, yo |
| 2 | O, completo mi obra |
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| 1 | Muchos * antiguos no incluyen: desierta |
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| 1 | * , El |
| 2 | I.e., miembro del Sanedrín |
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| 1 | * , he aquí |
| 1 | * , respondiendo |
| 2 | I.e., expertos en la ley de Moisés |
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| 1 | Algunos * antiguos dicen: asno |
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| 1 | * , no te recuestes en |
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| 1 | O, comiences a ocupar el |
| 1 | * , recuéstate |
| 2 | * , sube más arriba |
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| 3 | * , se reclinan |
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| 1 | * , y te sea hecha |
| 1 | O, lisiados |
| 1 | O, dichoso |
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| 1 | * , reclinados |
| 2 | O, Dichoso |
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| 1 | O, campo |
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| 1 | O, lisiados |
| 1 | I.e., en comparación a su amor por Él |
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| 1 | O, embajada |
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| 1 | O, publicanos; i.e., los que explotaban la recaudación de los impuestos romanos |
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| 2 | * , El |
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| 1 | * , desierto |
| 1 | Gr., dracmas; una dracma equivalía al salario de un día |
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