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Lucas 19:28–20:47
¶28 Habiendo dicho esto, iba delante, subiendo hacia Jerusaléna.
¶29 Y aconteció que acuando se acercó a Betfagé y a Betaniab, cerca del monte que se llama de los Olivos1c, envió a dos de los discípulos,
30 diciendo: Id a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontraréis un pollino atado sobre el cual nunca se ha montado nadie1; desatadlo y traedlo.
31 Y si alguien os pregunta: «¿Por qué lo desatáis?», de esta manera hablaréis: «Porque el Señor lo necesita».
32 Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho.
33 Mientras desataban el pollino, sus dueños1 les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
34 Y ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita.
35 Y lo trajeron a Jesús, ay echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él.
36 Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
37 Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivosa, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Diosb a gran voz por todas las maravillas1 que habían visto,
¡Benditoa el Rey que viene en el nombre del Señorb!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturasc!
39 Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijerona: Maestro, reprende a tus discípulos.
40 Respondiendo Él, dijo: Os digo que si estos callan, las piedras clamarána.
¶41 Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ellaa,
42 diciendo: ¡Si tú también hubieras sabido en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
43 Porque sobre ti vendrán días, cuando1 tus enemigos echarán terraplén delante de tia, te sitiarán y te acosarán por todas partesb.
44 Y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedraa, porque no conociste el tiempo de tu visitaciónb.
Jesús echa a los mercaderes del templo
¶45 aY entrando en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían,
46 diciéndoles: Escrito está: «Y mi casa será casa de oracióna», pero vosotros la habéis hecho cueva de ladronesb.
¶47 Y enseñaba diariamente en el temploa, pero los principales sacerdotes, los escribas y los más prominentes del pueblo procuraban matarleb;
48 y no encontraban la manera de hacerlo1, porque todo el pueblo estaba pendiente de Él, escuchándole.
La autoridad de Jesús puesta en duda
aY aconteció que en uno de los días cuando Él enseñaba a la gente en el templob y anunciaba el evangelioc, se le enfrentaron los principales sacerdotes y los escribas con los ancianosd,
2 y le hablaron, diciéndole: Dinos, ¿con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio esta autoridad?
3 Respondiendo Él, les dijo: Yo también os haré una pregunta1; decidme:
4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres?
5 Y ellos discurrían entre sí, diciendo: Si decimos: «Del cielo», Él dirá: «¿Por qué no le creísteis?».
6 Pero si decimos: «De los hombres», todo el pueblo nos matará a pedradas, pues están convencidos de que Juan era un profetaa.
7 Y respondieron que no sabían de dónde era.
8 Jesús entonces les dijo: Tampoco yo os diré1 con qué autoridad hago estas cosas.
Parábola de los labradores malvados
¶9 aY comenzó a referir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores, y se fue de viaje por mucho tiempo.
10 Y al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para que le dieran parte del fruto de la viña; pero los labradores, después de golpearlo, lo enviaron con las manos vacías.
11 Volvió a enviar otro siervo; y ellos también a este, después de golpearlo y ultrajarlo, lo enviaron con las manos vacías.
12 Volvió a enviar un tercero; y a este también lo hirieron y echaron fuera.
13 Entonces el dueño1 de la viña dijo: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá a él lo respetarána».
14 Pero cuando los labradores lo vieron, razonaron entre sí, diciendo: «Este es el heredero; matémoslo para que la heredad sea nuestra».
15 Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. Por tanto, ¿qué les hará el dueño1 de la viña?
16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará la viña a otrosa. Y cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Nunca suceda tal cosab!
17 Pero Él, mirándolos fijamente, dijo: Entonces, ¿qué quiere decir1 esto que está escrito:
«La piedra que desecharon los constructoresa,
esa, en piedra angular2 se ha convertidob»?
18 Todo el que caiga sobre esa piedra será hecho pedazos; y aquel sobre quien ella caiga, lo esparcirá como polvoa.
¶19 Los escribas y los principales sacerdotes procuraron echarle manoa en aquella misma hora, pero temieron al pueblo; porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola.
20 aY acechándole, enviaron espías que fingieran ser justos, para sorprenderle en alguna declaración1b a fin de entregarle al poder y autoridad del gobernadorc.
21 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no te guías por las apariencias1, sino que enseñas con verdad el camino de Dios.
22 ¿Nos es lícito pagar1 impuesto al Césara, o no?
23 Pero Él, percibiendo su astucia, les dijo:
24 Mostradme un denario1. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva? Y ellos le dijeron: Del César.
25 Entonces Él les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Diosa.
26 Y no podían sorprenderle en palabra alguna1a delante del pueblo; y maravillados de su respuesta, callaron.
Pregunta sobre la resurrección
¶27 aY acercándose a Él algunos de los saduceos (los que dicen que no hay resurrección), le preguntaron,
28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: «Si el hermano de alguno muere, teniendo mujer, y no deja hijos, que su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermanoa».
29 Eran, pues, siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar hijos;
30 y el segundo1
31 y el tercero la tomaron; y de la misma manera también los siete, y murieron sin dejar hijos.
32 Por último, murió también la mujer.
33 Por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer.
34 Y Jesús les dijo: Los hijos de este sigloa se casan y son dados en matrimonio,
35 pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel sigloa y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio;
36 porque tampoco pueden ya morir, pues son como ángeles, y son hijos de Diosa, siendo hijos de la resurrección.
37 Pero que los muertos resucitan, aun Moisés lo enseñó, en aquel pasaje sobre la zarza ardiendo, donde llama al Señor, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacoba.
38 Él no es Dios de muertos, sino de vivosa; porque todos viven para Élb.
39 Y algunos de los escribas respondieron, y dijeron: Maestro, bien has hablado.
40 Porque ya no se atrevían a preguntarle nadaa.
¶41 aEntonces Él les dijo: ¿Cómo es que dicen que el Cristo1 es el hijo de Davidb?
42 Pues David mismo dice en el libro de los Salmos:
El Señor dijo a mi Señor:
«Siéntate a mi diestraa,
43 hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus piesa».
44 David, por tanto, le llama «Señor». ¿Cómo, pues, es Él su hijo?
Advertencia contra los escribas
¶45 aMientras todo el pueblo escuchaba, dijo a los discípulos:
46 Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y son amantes de los saludos respetuosos en las plazas, y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetesa;
47 que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; ellos recibirán mayor condenación.
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| 1 | O, huerto de los Olivos |
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| 1 | * , hombre |
| 1 | * , señores |
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| 1 | U, obras de poder |
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| 1 | * , y |
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| 1 | * , lo que harían |
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| 1 | * , preguntaré una palabra |
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| 1 | * , os digo |
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| 1 | * , señor |
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| 1 | * , señor |
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| 1 | * , ¿qué es |
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| 2 | * , cabeza del ángulo |
| b | |
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| a | |
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| 1 | * , tomarle en su palabra |
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| 1 | * , no recibes apariencia |
| 1 | * , dar |
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| 1 | Un denario valía * 4 gramos de plata, o el equivalente al salario de un día |
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| 1 | * , tomarle en su palabra |
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| 1 | Algunos * agregan: tomó la mujer, el cual también murió sin hijos |
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| 1 | I.e., el Mesías |
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