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Jueces 4–8
Cuando murió Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señora.
2 Y el Señor los vendió en mano de Jabín, rey de Canaán, que reinaba en Hazora. El comandante de su ejército era Sísara, que vivía en Haroset-goimb.
3 Y los hijos de Israel clamaron al Señor, porque aquel1 tenía novecientos carros de hierroa y había oprimido duramente a los hijos de Israel por veinte años.
¶4 Débora, profetisa, mujer de Lapidot, juzgaba a Israel en aquel tiempo;
5 y se sentaba1 debajo de la palmera de Débora entre Ramá y Betela, en la región montañosa de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a pedir juicio.
6 Y ella mandó llamar a Baraca, hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: Esto ha ordenado1 el Señor, Dios de Israel: «Ve, marcha al monte Tabor y lleva contigo a diez mil hombres de los hijos de Neftalí y de los hijos de Zabulón.
7 »Y yo atraeré hacia ti a Sísara, comandante del ejército de Jabín, con sus carros y sus muchas tropas1 al torrente Cisón, y lo entregaré en tus manosa».
8 Le respondió Barac: Si tú vas conmigo, yo iré; pero si no vas conmigo, no iré.
9 Y ella dijo: Ciertamente iré contigo; sin embargo, el honor no será tuyo en la jornada que vas a emprender, porque el Señor venderá a Sísara en manos de una mujera. Entonces Débora se levantó y fue con Barac a Cedes.
10 Y Barac convocó a Zabulóna y a Neftalí en Cedes, y subieron con él1 diez mil hombresb; Débora también subió con él.
¶11 Y Heber ceneoa, se había separado de los ceneos, de los hijos de Hobab, suegro de Moisés, y había plantado su tienda cerca de la encina en Zaanaimb, que está junto a Cedes.
¶12 Avisaron a Sísara que Barac, hijo de Abinoam, había subido al monte Tabor.
13 Y juntó Sísara todos sus carros, novecientos carros de hierroa, y a todo el pueblo que estaba con él, desde Haroset-goimb hasta el torrente Cisón.
14 Entonces Débora dijo a Barac: ¡Levántate!, porque este es el día en que el Señor ha entregado a Sísara en tus manos; he aquí, el Señor ha salido delante de ti1a. Bajó, pues, Barac del monte Tabor seguido de diez mil hombres.
15 Y el Señor derrotó1 a Sísara, con todos sus carros y todo su ejércitoa, a filo de espada delante de Barac; y Sísara bajó de su carro, y huyó a pie.
16 Mas Barac persiguió los carros y el ejército hasta Haroset-goim, y todo el ejército de Sísara cayó a filo de espada; no quedó ni unoa.
¶17 Pero Sísara huyó a pie a la tienda de Jael, mujer de Heber ceneo; porque había paz entre Jabín, rey de Hazor, y la casa de Heber ceneo.
18 Y Jael salió al encuentro de Sísara, y le dijo: Ven1, señor mío, ven1 a mí; no temas. Y él fue2 hacia ella a la tienda, y ella le cubrió con una manta.
19 Y él le dijo: Te ruego que me des de beber un poco de agua, porque tengo sed. Y ella abrió un odre de leche y le dio de bebera; entonces lo cubrió.
20 Entonces él le dijo: Ponte a la entrada de la tienda, y si alguien viene, y te pregunta, y te dice: «¿Hay alguien aquí?», tú responderás: «No.»
21 Pero Jael, mujer de Heber, tomó una estaca de la tienda y tomando1 en la mano un martillo, se le acercó silenciosamente y le clavó la estaca en las sienesa, la cual penetró en la tierra, pues él estaba profundamente dormido y agotado, y murió.
22 Y he aquí, cuando Barac perseguía a Sísara, Jael salió a su encuentro, y le dijo: Ven, y te mostraré al hombre que buscas. Y él entró con1 ella, y he aquí que Sísara yacía muerto con la estaca en la sien.
¶23 Así sometió Dios en aquel día a Jabín, rey de Canaán, delante de los hijos de Israela.
24 Y la mano de los hijos de Israel se hizo más y más dura1 sobre Jabín, rey de Canaán, hasta que lo destruyeron2.
Entonces Débora y Barac, hijo de Abinoam, cantaron en aquel díaa, diciendo:
2 ¡Por haberse puesto al frente los jefes1 en Israela,
por haberse ofrecido el pueblo voluntariamenteb,
bendecid al Señor!
3 ¡Oíd, reyes; prestad oído, príncipes!
Yo al Señor, cantaré,
cantaré alabanzas al Señor, Dios de Israela.
4 Señor, cuando saliste de Seira,
cuando marchaste del campo de Edom,
la tierra tembló, también cayeron gotas del cielo1,
y las nubes destilaron aguab.
5 Los montes se estremecieron1 ante la presencia del Señora,
aquel2 Sinaí, ante la presencia del Señor, Dios de Israelb.
¶6 En los días de Samgar, hijo de Anata,
en los días de Jaelb, quedaron desiertos1 los caminos,
y los viajeros andaban por sendas tortuosas.
7 Cesaron los campesinos, cesaron en Israel,
hasta que yo, Débora, me levanté,
hasta que me levanté, como madre en Israel.
8 Escogieron nuevos diosesa;
entonces la guerra estaba a las puertas.
No se veía escudo ni lanza
entre cuarenta mil en Israel.
9 Mi corazón está con1 los jefes de Israel,
los voluntarios entre el pueblo.
¡Bendecid al Señora!
10 Los que cabalgáis en asnasa blancas,
los que os sentáis en ricos tapices,
los que viajáis por el camino, cantad1.
11 Al sonido de los que dividen las manadas entre los abrevaderosa,
allí repetirán los actos de justicia del Señorb,
los actos de justicia para con sus campesinos en Israel.
Entonces el pueblo del Señor descendió a las puertasc.
¶12 Despierta, despiertaa, Débora;
despierta, despierta, entona un cántico.
Levántate, Barac, y lleva a tus cautivosb, hijo de Abinoam.
13 Entonces los sobrevivientes descendieron sobre los nobles;
el pueblo del Señor vino a mí como guerreros.
14 De Efraín descendieron los radicados1 en Amaleca,
en pos de ti, Benjamín, con tus pueblos;
de Maquir descendieron jefes,
y de Zabulón los que manejan vara de mando2.
15 Los1 príncipes de Isacar estaban con Débora;
como Isacar, así también Baraca;
al valle se apresuraron pisándole los talones2;
entre las divisiones de Rubén
había grandes resoluciones de corazón.
16 ¿Por qué te sentaste entre los redilesa,
escuchando los toques de flauta para los rebaños?
Entre las divisiones de Rubén
había gran escudriñamiento de corazón.
17 Galaad se quedó1 al otro lado del Jordána.
¿Y por qué se quedó Dan en las naves?
Aser se sentó a la orilla del mar,
y se quedó1 junto a sus puertos.
18 Zabulóna era pueblo que despreció su vida hasta la muerte.
Y también Neftalí, en las alturas del campo.
¶19 Vinieron los reyes y pelearona;
pelearon entonces los reyes de Canaán
en Taanacb, cerca de las aguas de Meguido;
no tomaron despojos de platac.
20 Desde los cielos las estrellas pelearona,
desde sus órbitas pelearon contra Sísara.
21 El torrente Cisón los barrió,
el antiguo torrente, el torrente Cisón.
Marcha, alma mía con podera.
22 Entonces resonaron1 los cascos de los caballos
por el galopar, el galopar de sus valientes corceles2a.
23 «Maldecid a Meroz», dijo el ángel del Señor,
«maldecid, maldecid a sus moradores;
porque no vinieron en ayuda del Señor,
en ayuda del Señor contra los guerrerosa».
¶24 Bendita entre las mujeres es Jael,
mujer de Heber ceneo;
bendita sea entre las mujeres de la tienda.
25 El pidió agua, y ella le dio leche;
en taza de nobles le trajo cuajada1.
26 Extendió ella la mano hacia la estaca de la tienda,
y su diestra hacia el martillo de trabajadores.
Entonces golpeó a Sísara, desbarató su cabeza;
destruyó y perforó sus sienesa.
27 A1 sus pies él se encorvó, cayó, quedó tendido;
a1 sus pies se encorvó y cayó;
donde se encorvó, allí quedó muerto2.
¶28 Miraba por la ventana y se lamentaba
la madre de Sísara, por las celosías1:
«¿Por qué se tarda en venir su carro?
¿Por qué se retrasa el trotar2 de sus carros?».
29 Sus sabias princesas le respondían,
aun a sí misma ella repite sus palabras:
30 «¿Acaso no han hallado el botína y se lo están repartiendo?
¿Una doncella, dos doncellas para cada guerrero;
para Sísara un botín de tela de colores,
un botín de tela de colores bordada,
tela de colores de doble bordadura en el cuello del victorioso1?».
31 Así perezcan todos tus enemigos, oh Señora;
mas sean los que te aman como la salida del sol en su fuerzab.
Y el país tuvo descanso por cuarenta años.
Opresión de Israel por los madianitas
Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señora, y el Señor los entregó en manos de Madiánb por siete años.
2 Y el poder1 de Madián prevaleció sobre Israel. Por causa de los madianitas, los hijos de Israel se hicieron escondites en las montañas y en las cavernas y en los lugares fortificadosa.
3 Porque sucedía que cuando los hijos de Israel sembraban, los madianitas venían1 con los amalecitas y los hijos del oriente y subían contra ellos;
4 acampaban frente a ellos y destruían el producto de la tierraa hasta1 Gaza, y no dejaban sustento alguno en Israel, ni oveja, ni buey, ni asnob.
5 Porque subían con su ganado y sus tiendas, y entraban como langostas en multituda, tanto ellos como sus camellos eran innumerables; y entraban en la tierra para devastarla.
6 Así fue empobrecidoa Israel en gran manera por causa de Madián, y los hijos de Israel clamaron al Señor.
¶7 Y1 cuando los hijos de Israel clamaron al Señor a causa de Madián,
8 el Señor envió a los hijos de Israel un profeta que les dijo: Así dice el Señor, Dios de Israel: «Fui yo el que os hice subir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre1a.
9 »Os libré de la mano de los egipcios y de la mano de todos vuestros opresores; los desalojé delante de vosotros, os di su tierra,
10 y os dije: “Yo soy el Señor vuestro Dios. No temeréis a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáisa”. Pero no me habéis obedecido1».
¶11 Y vino el ángel del Señora y se sentó debajo de la encina1 que estaba en Ofra, la cual pertenecía a Joás abiezeritab; y su hijo Gedeónc estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo2 de los madianitas.
12 Y el ángel del Señor se le apareció, y le dijo: El Señor está contigo, valiente guerrero.
13 Entonces Gedeón le respondió: Ah señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: «¿No nos hizo el Señor subir de Egipto?». Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano1 de los madianitasa.
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| 1 | * , él |
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| 1 | O, vivía |
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| 1 | O, ¿No ha ordenado |
| 1 | * , su multitud |
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| 1 | * , a sus pies |
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| 1 | O, ¿no ha salido el Señor delante de ti? |
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| 1 | * , confundió |
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| 1 | * , desvíate |
| 2 | * , se desvió |
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| 1 | * , colocando |
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| 1 | * , hacia |
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| 1 | O, pesaba más y más |
| 2 | * , cortaron a Jabín, rey de Canaán |
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| 1 | O, Por soltarse la cabellera |
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| 1 | * , también destilaron los cielos |
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| 1 | * , fluyeron |
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| 2 | * , este |
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| 1 | * , habían dejado de existir |
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| 1 | * , que tienen sus raíces |
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| 1 | Así en algunas versiones antiguas; en heb., Mis |
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| 2 | * , en sus pies |
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| 1 | O, habitó |
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| 1 | * , golpearon |
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| 2 | * , devastado |
| 1 | O, la ventana |
| 2 | * , los pasos |
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| 1 | * , los cuellos del botín |
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| 1 | * , subían |
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| 1 | * , hasta tu llegada a |
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| 1 | * , esclavos |
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| 1 | * , no habéis escuchado mi voz |
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| 2 | O, salvarlo |
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