Jueces 16–18
La Biblia de las AméricasOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Hebreo
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
Capitulo 16
Sansón y Dalila
Y Sansón fue a Gazaa, y allí vio a una ramera y se llegó a ella.
2Entonces fue dicho1 a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y ellos cercaron el lugar y se apostaron a la puerta de la ciudad toda la noche, acechándolea. Y estuvieron callados toda la noche, diciendo: Esperemos hasta que amanezca2, entonces lo mataremos.
3Pero Sansón permaneció acostado hasta la medianoche, y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con los dos postes, las arrancó junto con las trancas; entonces se las echó sobre los hombros y las llevó hasta la cumbre del monte que está frente a Hebrón.
4Después de esto sucedió que se enamoró de una mujer del1 valle de Sorec, que se llamaba Dalila.
5Y los príncipes de los filisteosa fueron a ella y le dijeron: Persuádelob, y ve dónde está su gran fuerza, y cómo1 podríamos dominarlo para atarlo y castigarlo2. Entonces cada uno de nosotros te dará mil cien piezas de plata.
6Dijo, pues, Dalila a Sansón: Te ruego que me declares dónde está tu gran fuerza y cómo1 se te puede atar para castigarte2.
7Y Sansón le dijo: Si me atan con siete cuerdas frescas que no se hayan secado, me debilitaré y seré como cualquier otro hombre.
8Los príncipes de los filisteos le llevaron siete cuerdas frescas que no se habían secado, y Dalila lo ató con ellas.
9Y tenía ella hombres al acecho en un aposento interior. Entonces le dijo: ¡Sansón, los filisteos se te echan encima1! Pero él rompió las cuerdas como se rompe un hilo de estopa cuando toca2 el fuego. Y no se descubrió el secreto de su fuerza.
10Entonces Dalila dijo a Sansón: Mira, me has engañado y me has dicho mentiras; ahora pues, te ruego que me declares cómo1 se te puede atar.
11Y él le respondió: Si me atan fuertemente con sogas nuevas que no se hayan usado1, me debilitaré y seré como cualquier otro hombre.
12Dalila tomó sogas nuevas, lo ató con ellas, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos se te echan encima1! Pues los hombres estaban al acecho en el aposento interior. Pero él rompió las sogas2 de sus brazos como un hilo.
13Entonces Dalila dijo a Sansón: Hasta ahora me has engañado y me has dicho mentiras; declárame, ¿cómo1 se te puede atar? Y él le dijo: Si tejes siete trenzas de mi cabellera2 con la tela3y la aseguras con una clavija, entonces me debilitaré y seré como cualquier otro hombre.
14Y mientras él dormía Dalila tomó las siete trenzas de su cabellera1 y las tejió con la tela, y la aseguró con la clavija, y le dijo: ¡Sansón, los filisteos se te echan encima2! Pero él despertó de su sueño y arrancó la clavija del telar y la tela.
15Entonces ella le dijo: ¿Cómo puedes decir: «Te quiero», cuando tu corazón no está conmigoa? Me has engañado estas tres veces y no me has declarado dónde reside tu gran fuerza.
16Y1 como ella le presionaba diariamente con sus palabras y le apremiaba, su alma se angustió hasta2 la muerte.
17Él le reveló1, pues, todo lo que había en su corazón, diciéndole: Nunca ha pasado navaja sobre mi cabeza, pues he sido nazareo para Dios desde el vientre de mi madrea. Si me cortan el cabello2, mi fuerza me dejará y me debilitaré y seré como cualquier otro hombre.
18Viendo Dalila que él le había declarado todo lo que había en su corazón, mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciendo: Venid una vez más, porque él me ha declarado todo lo que hay en su corazón. Entonces los príncipes de los filisteos vinieron a ella y trajeron el dinero en sus manos.
19Y ella lo hizo dormir sobre sus rodillas, y mandó llamar a un hombre que le rasuró las siete trenzas de su cabellera1. Luego comenzó a afligirle y su fuerza le dejó.
20Ella entonces dijo: ¡Sansón, los filisteos se te echan encima1! Y él despertó de su sueño, y dijo: Saldré como las otras veces y escaparé2. Pero no sabía que el Señor se había apartado de éla.
21Los filisteos lo prendieron y le sacaron los ojos; y llevándolo a Gaza, lo ataron con cadenas de bronce y lo pusieron a girar el molino1 en la prisión.
22Pero el cabello de su cabeza comenzó a crecer de nuevo después de rasurado.
23Y los príncipes de los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagóna, y para regocijarse, pues decían:
Nuestro dios ha entregado a nuestro enemigo Sansón en nuestras manos.
24Y cuando la gente lo vio, alabaron a su diosa, pues decían:
Nuestro dios ha entregado en nuestras manos a nuestro enemigob,
al que asolaba nuestra tierra,
y multiplicaba nuestros muertos.
25Y sucedió que cuando estaban alegres1, dijeron: Llamad a Sansón para que nos divierta. Llamaron, pues, a Sansón de la cárcel, y él los divertía2. Y lo pusieron de pie entre las columnas.
26Entonces Sansón dijo al muchacho que lo tenía de la mano: Déjame palpar las columnas sobre las que el edificio1 descansa, para apoyarme en ellas.
27Y el edificio estaba lleno de hombres y mujeres, y todos los príncipes de los filisteos estaban allí. Y sobre la azotea había como tres mil hombres y mujeres mirando mientras Sansón los divertía.
28Sansón invocó al Señora y dijo: Señor Dios1, te ruego que te acuerdes de mí, y te suplico que me des fuerzas solo esta vez, oh Dios, para vengarme ahora de los filisteos por mis dos ojosb.
29Y Sansón asió las dos columnas del medio sobre las que el edificio descansaba y se apoyó contra ellas, con su mano derecha sobre una y con su mano izquierda sobre la otra.
30Y dijo Sansón: ¡Muera yo con los filisteos! Y se inclinó con todas sus fuerzas y el edificio se derrumbó sobre los príncipes y sobre todo el pueblo que estaba en él. Así que los1 que mató al morir fueron más que los que había matado durante su vida.
31Entonces descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y tomándolo, lo llevaron y lo sepultaron entre Zora y Estaol en la tumba de Manoa, su padre. Él había juzgado a Israel veinte añosa.
Capitulo 17
Idolatría de Micaía
Había un hombre de la región montañosa de Efraín, llamado Micaía.
2Y él dijo a su madre: Las mil cien piezas de plata que te quitaron, acerca de las cuales proferiste una maldición a mis oídos1, he aquí, la plata está en mi poder2; yo la tomé. Y su madre dijo: Bendito sea mi hijo por el Señor.
3Entonces él devolvió las mil cien piezas de plata a su madre, y su madre dijo: Yo de corazón1 dedico la plata de mi mano al Señor por mi hijo, para hacer una imagen tallada y una de fundicióna; ahora, por tanto, yo te las2 devuelvo.
4Cuando él devolvió la plata a su madre, su madre tomó doscientas piezas de plata y se las dio al platero que las1 convirtió en una imagen tallada y una de fundición, y quedaron2 en casa de Micaía.
5Y este hombre Micaía tenía un santuario1a, e hizo un efod e ídolos domésticos2b, y consagró a3 uno de sus hijos para que fuera su sacerdotec.
6En aquellos días no había rey en Israela; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecíab bien.
7Y había un joven de Belén de Judáa, de la familia de Judá, que era levita y forastero allí.
8Y el hombre salió de la ciudad, de Belén de Judá, para residir donde encontrara lugar; y mientras proseguía1 su camino, llegó a la región montañosa de Efraína, a la casa de Micaía.
9Y Micaía le dijo: ¿De dónde vienes? Y él le respondió: Soy un levita de Belén de Judá; y voy a residir donde encuentre lugar.
10Entonces Micaía le dijo: Quédate conmigo y sé padre y sacerdote para mía, y yo te daré diez piezas de plata por año1, el2 vestido y la comida. Y el levita entró3.
11Consintió el levita en quedarse con el hombre; y el joven fue para él como uno de sus hijos.
12Micaía consagró al1 levita, y el joven vino a ser su sacerdotea, y moró2 en la casa de Micaía.
13Y Micaía dijo: Ahora sé que el Señor me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.
Capitulo 18
Los danitas en busca de heredad
En aquellos días no había rey en Israela. Y por aquel tiempo1 la tribu de los danitas buscaba para sí una heredad donde habitar, porque hasta entonces esta no se le había asignado2 como posesión3 entre las tribus de Israelb.
2Y los hijos de Dan enviaron de su tribu1, de entre todos ellos, a cinco hombres, hombres valientes2 de Zora y Estaola, a reconocer la tierra y explorarla; y les dijeron: Id, explorad la tierra. Y llegaron a la región montañosa de Efraínb, a la casa de Micaía, y se hospedaron allí.
3Cuando estaban cerca de la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y llegándose allá, le dijeron: ¿Quién te trajo aquí? ¿Qué estás haciendo en este lugar y qué tienes aquí?
4Y él les dijo: Así y de esta manera me ha hecho Micaía, me ha tomado a sueldo y ahora soy su sacerdotea.
5Y le dijeron: Te rogamos que consultes a Dios para saber si el1 camino en que vamos será próspero.
6Y el sacerdote les dijo: Id en paz; el1 camino en que andáis tiene la aprobación2 del Señor.
7Entonces los cinco hombres salieron y llegaron a Laisa y vieron al pueblo que había en ella viviendo en seguridad, tranquilo y confiado, según la costumbre de los sidonios; porque no había gobernante1 humillándolos en nada en aquella2 tierra, y estaban lejos de los sidonios, y no tenían relaciones con nadie.
8Al regresar a sus hermanos en Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay?1
9Y ellos respondieron: Levantaos, subamos contra ellos; porque hemos visto la tierra, y he aquí, es muy buena. ¿Estaréis, pues, quietos? No os demoréis en ir, para entrar a tomar posesión de la tierra.
10Cuando entréis, llegaréis a un pueblo confiado, con una tierra espaciosa que Dios la ha entregado en vuestras manos; es un lugar donde no falta nada de lo que hay sobre la tierraa.
11Entonces de la familia de los danitas, de Zora y de Estaol, partieron seiscientos hombres con armas de guerra.
12Subieron y acamparon en Quiriat-jearim en Judá. Por tanto, llamaron aquel lugar el campamento de Dan1a hasta hoy; he aquí, está al occidente2 de Quiriat-jearim.
13De allí pasaron a la región montañosa de Efraín y llegaron a la casa de Micaía.
14Y los cinco hombres que fueron a reconocer la región de Lais, respondieron y dijeron a sus parientes: ¿No sabéis que en estas casas hay un efod, ídolos…
Este pasaje se ha acortado. Seguir leyendo Jueces 16–18 en Logos
Notas al pie
- 1, Diciendo
- 2, la luz de la mañana
- 1, en el
- 1, con qué
- 2, afligirlo
- 1, con qué
- 2, afligirte
- 1, están sobre ti
- 2, huele
- 1, con qué
- 1, con las que no se ha hecho trabajo
- 1, están sobre ti
- 2, las rompió
- 1, con qué
- 2, cabeza
- 3Las palabras: y la aseguras … con la tela (vers. 14), están en la sept., pero no en ningún heb.
- 1, cabeza
- 2, están sobre ti
- 1, Y fue que
- 2, impacientó hasta el punto de
- 1O, descubrió
- 2, fuera rapado
- 1, cabeza
- 1, están sobre ti
- 2, me soltaré
- 1, fue molinero
- 1, el corazón de ellos estaba alegre
- 2, era objeto de burla
- 1, la casa, y así en el resto del cap.
- 1Heb., YHWH, generalmente traducido Señor
- 1, los muertos
- 1, y también lo hablaste a mis oídos
- 2, conmigo
- 1O, totalmente
- 2, la
- 1, la
- 2, y estaba
- 1, una casa de dioses
- 2Heb., terafim
- 3, llenó la mano de
- 1, hacía
- 1, días
- 2, combinaciones de
- 3, fue
- 1, llenó la mano del
- 2, estuvo
- 1, en aquellos días
- 2, le había caído
- 3O, heredad
- 1, familia
- 2, hombres, hijos de valor
- 1, nuestro
- 1, vuestro
- 2, está delante
- 1, uno que posee dominio
- 2, la
- 1, ¿Vosotros qué?
- 1I.e., Campamento de Dan
- 2, detrás
Referencias cruzadas
- aJos. 15:47
- a1 Sam. 23:26; Sal. 118:10–12
- aJos. 13:3
- bJue. 14:15
- aJue. 14:16
- aNúm. 6:2, 5; Jue. 13:5
- aNúm. 14:42, 43; Jos. 7:12; 1 Sam. 16:14
- a1 Sam. 5:2
- aSal. 97:7
- b1 Sam. 31:9; 1 Crón. 10:9
- aJue. 15:18
- bJer. 15:15
- aJue. 15:20
- aEx. 20:4, 23; 34:17
- aJue. 18:24
- bGén. 31:19; Jue. 8:27; 18:14
- cNúm. 3:10
- aJue. 18:1; 19:1
- bDeut. 12:8; Jue. 21:25
- aJue. 19:1; Rut 1:1, 2; Miq. 5:2; Mat. 2:1
- aJos. 24:33
- aJue. 18:19
- aNúm. 16:10; 18:1–7
- aJue. 17:6; 19:1
- bJos. 19:40–48
- aJue. 13:25
- bJue. 17:1
- aJue. 17:12
- aJos. 19:47; Jue. 18:29
- aDeut. 8:9
- aJue. 13:25
Copyright 1986, 1995, 1997 The Lockman Foundation