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Juan 5–10
Después de esto, se celebraba1 una fiesta2 de los judíos, y Jesús subió a Jerusaléna.
2 Y hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejasa, un estanque que en hebreo1b se llama Betesda2 y que tiene cinco pórticos.
3 En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos 1que esperaban el movimiento del agua;
4 porque un ángel del Señor descendía de vez en cuando al estanque y agitaba el agua; y el primero que descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba curado de cualquier enfermedad que tuviera.
5 Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo1.
6 Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo*: ¿Quieres ser sano?
7 El enfermo le respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitadaa; y mientras yo llego, otro baja antes que yo.
8 Jesús le dijo*: Levántate, toma tu camillaa y anda.
9 Y al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y echó a andar.
Jesús censurado por sanar en el día de reposo
¶Y aquel día era día de reposoa.
10 Por eso los judíosa decían al que fue sanado: Es día de reposo, y no te es permitido cargar tu camillab.
11 Pero él les respondió: El mismo que me sanó, me dijo: «Toma tu camilla y anda».
12 Le preguntaron: ¿Quién es el hombre que te dijo: «Toma tu camilla y anda»?
13 Pero el que había sido sanado no sabía quién era, porque Jesús, sigilosamente, se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar.
14 Después de esto Jesús lo halló* en el templo y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques mása, para que no te suceda algo peorb.
15 El hombre se fue, y dijo a los judíosa que Jesús era el que lo había sanado.
16 A causa de esto los judíosa perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo.
17 Pero Él les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.
18 Entonces, por esta causa, los judíosa aún más procuraban matarle, porque no solo violaba el día de reposob, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Diosc.
Unanimidad del Padre y del Hijo
¶19 Por eso Jesús, respondiendo, les decía: En verdad, en verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuentaa, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre1, eso también hace el Hijo de igual manera.
20 Pues el Padre ama al Hijoa, y le muestra todo lo que Él mismo hace; y obras mayores que estasb le mostrará, para que os admiréis.
21 Porque así como el Padre levanta a los muertos y les da vidaa, asimismo el Hijo también da vidab a los que Él quiere.
22 Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado1 al Hijoa,
23 para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envióa.
24 En verdad, en verdad os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eternaa y no viene a condenación1b, sino que ha pasado de muerte a vidac.
25 En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y ahora esa, cuando los muertosb oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oiganc vivirán.
26 Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le dio al Hijo el tener vida en sí mismoa;
27 y le dio autoridad para ejecutar juicioa, porque es el Hijo del Hombre.
28 No os admiréis de esto, porque viene la horaa en que todos los que están en los sepulcrosb oirán su voz,
29 y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicioa.
Testimonio del Padre y de las obras de Jesús
¶30 Yo no puedo hacer nada por iniciativa míaa; como oigo, juzgo, y mi juicio es justob porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envióc.
31 Si yo solo doy testimonio de mí mismoa, mi testimonio no es verdadero1.
32 Otro es el que da testimonio de mía, y yo sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
33 Vosotros habéis enviado a preguntar a Juan, y él ha dado testimonioa de la verdad.
34 Pero el testimonio que yo recibo no es de hombrea; mas digo esto para que vosotros seáis salvos.
35 Él era la lámpara que ardía y alumbrabaa, y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luzb.
36 Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a caboa, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de míb, de que el Padre me ha enviadoc.
37 Y el Padre que me envió, ese ha dado testimonio de mía. Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia.
38 Y su palabra no la tenéis morando en vosotrosa, porque no creéis en aquel que Él enviób.
39 Examináis1 las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eternaa; y ellas son las que dan testimonio de míb;
40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
41 No recibo gloria de los hombresa;
42 pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros.
43 Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viene en su propio nombrea, a ese recibiréis.
44 ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria1 los unos de los otrosa, y no buscáis la gloria1 que viene del Dios únicob?
45 No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisésa, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza.
46 Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió éla.
47 Pero si no creéis sus escritosa, ¿cómo creeréis mis palabras?
aDespués de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galileab, el de Tiberiasc.
2 Y le seguía una gran multitud, pues veían las señales1a que realizaba en los enfermos.
3 Jesús subió al montea y se sentó allí con sus discípulos.
4 Y estaba cerca la Pascuaa, la fiesta de los judíos.
5 Entonces Jesús, alzando los ojos y viendo que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipea: ¿Dónde compraremos pan para que coman estos?
6 Pero decía esto para probarloa, porque Él sabía lo que iba a hacer.
7 Felipea le respondió: Doscientos denarios1 de panb no les bastarán para que cada uno reciba un pedazo2.
8 Uno de sus discípulosa, Andrés, hermano de Simón Pedrob, dijo* a Jesús1:
9 Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescadosa; pero ¿qué es esto para tantos?
10 Jesús dijo: Haced que la gente se recueste. Y había mucha hierbaa en aquel lugar. Así que los hombres se recostaron, en número de unos cinco milb.
11 Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado graciasa, los repartió a los que estaban recostados1; y lo mismo hizo con los pescadosb, dándoles todo lo que querían.
12 Cuando se saciaron, dijo* a sus discípulosa: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.
13 Los recogieron, pues, y llenaron doce cestasa con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14 La gente entonces, al ver la señal1 que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profetaa que había de venir2 al mundo.
¶15 Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle reya, bse retiró otra vez al montec Él solo.
¶16 Al atardecer, sus discípulosa descendieron al mar,
17 y subiendo en una barca, se dirigían al otro lado del mar, hacia Capernaúma. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos;
18 y el mar estaba agitado porque soplaba un fuerte viento.
19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios1, vieron* a Jesús caminando sobre el mar y acercándose a la barca; y se asustaron.
20 Pero Él les dijo*: Soy yo; no temáisa.
21 Entonces ellos querían recibirle en la barca, e inmediatamente la barca llegó a la tierra adonde iban.
¶22 Al día siguiente, la multituda que había quedado al otro lado del mar se dio cuenta de1 que allí no había2 más que una barca, y que Jesús no había entrado en ella3 con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solosb.
23 Vinieron otras barcas de Tiberiasa cerca del lugar donde habían comido el pan después de que el Señorb había dado graciasc.
24 Por tanto, cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúma buscando a Jesús.
25 Cuando le hallaron al otro lado del mar, le dijeron: Rabí1a, ¿cuándo llegaste acá?
26 Jesús les respondió y dijo: En verdad, en verdad os digo: me buscáisa, no porque hayáis visto señales1b, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.
27 Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanecea para vida eternab, el cual el Hijo del Hombrec os dará, porque a este es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sellod.
28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer1 para poner en práctica las obras de Dios?
29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios: que creáisa en el que Él ha enviadob.
30 Le dijeron entonces: ¿Qué, pues, haces tú como señal1a para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?
31 Nuestros padres comieron el maná en el desiertoa, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielob».
32 Entonces Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: no es Moisés el que os ha dado el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
33 Porque el pan de Dios es el1 que baja del cieloa, y da vida al mundo.
34 Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pana.
35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vidaa; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sedb.
36 Pero ya os dije que aunque me habéis vistoa, no creéis.
37 Todo lo que el Padre me daa, vendrá a mí; y al que viene a mí, de ningún modo lo echaré fuera.
38 Porque he descendido del cieloa, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me enviób.
39 Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dadoa yo no pierda nadab, sino que lo resucite en el día finalc.
40 Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijoa y cree en Él, tenga vida eternab, y yo mismo lo resucitaré en el día finalc.
| 1 | * , había |
| 2 | Algunos * dicen: la fiesta; i.e., la Pascua |
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| 1 | I.e., en arameo judaico |
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| 2 | Otros * dicen: Betsaida, o, Betzata |
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| 1 | * , con su enfermedad |
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| 1 | * , aquél |
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| 1 | * , dado |
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| 1 | * , juicio |
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| 1 | I.e., admisible como prueba legal |
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| 1 | O, Examinad |
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| 1 | O, fama, u, honor |
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| 1 | O, los milagros |
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| 1 | Un denario valía * 4 gramos de plata, o el equivalente al salario de un día |
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| 2 | * , un poco |
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| 1 | * , a Él |
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| 1 | O, reclinados |
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| 1 | O, el milagro |
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| 2 | * , que viene |
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| 1 | I.e., cuatro o cinco km. |
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| 1 | * , vio |
| 2 | O, había habido |
| 3 | * , en la barca |
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| 1 | O, Maestro |
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| 1 | O, milagros |
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| 1 | * , ¿Qué haremos |
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| 1 | O, milagro |
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| 1 | O, aquel |
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