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Juan 2–3
Al tercer díaa se celebró una boda en Caná de Galileab, y estaba allí la madre de Jesúsc;
2 y también Jesús fue invitado, con1 sus discípulosa, a la boda.
3 Cuando se acabó el vino, la madre de Jesús le dijo*: No tienen vino.
4 Y Jesús le dijo*: Mujera, ¿qué nos va a ti y a mí en estob? Todavía no ha llegado mi horac.
5 Su madrea dijo* a los que servían: Haced todo lo que Él os diga.
6 Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de la purificación de los judíosa; en cada una cabían dos o tres cántaros1.
7 Jesús les dijo*: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde.
8 Entonces les dijo*: Sacad ahora un poco y llevadlo al maestresala1. Y se lo llevaron.
9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vinoa, y como no sabía de dónde era (pero los que servían, que habían sacado el agua, lo sabían), el maestresala llamó* al novio,
10 y le dijo*: Todo hombre sirve primero el vino bueno, y cuando ya han tomado bastantea, entonces el inferior; pero tú has guardado hasta ahora el vino bueno.
11 Este principio de sus señales1a hizo Jesús en Caná de Galileab, y manifestó su gloriac, y sus discípulos creyeron en Él.
¶12 Después de esto bajó a Capernaúma, Él, con su madre, sus hermanosb y sus discípulosc; pero allí no se quedaron muchos días.
Jesús echa a los mercaderes del templo
¶13 La Pascua de los judíos estaba cercaa, y Jesús subió a Jerusalénb,
14 ay encontró en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero allí sentados.
15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó a todos fuera del templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó las mesas;
16 y dijo a los que vendían palomasa: Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padreb una casa de comercio.
17 Sus discípulosa se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumiráb.
18 Entonces los judíosa respondieron y le dijeron: Ya que haces estas cosas, ¿qué señalb nos muestras?
19 Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo1, y en tres días lo levantaréa.
20 Entonces los judíosa dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo1b, ¿y tú lo levantarás en tres días?
21 Pero Él hablaba del templo1 de su cuerpoa.
22 Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulosa se acordaronb de que había dicho esto; y creyeron en la Escriturac y en la palabra que Jesús había hablado.
Los primeros creyentes en Jerusalén
¶23 Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascuaa, muchos creyeron en su nombre al ver las señalesb que hacía.
24 Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todosa,
25 y1 no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombrea.
Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemoa, prominente1b entre los judíos.
2 Este vino a Jesús1 de noche y le dijo: Rabía, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales2b que tú haces si Dios no está con élc.
3 Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo1a no puede ver el reino de Diosb.
4 Nicodemo le dijo*: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
5 Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritua no puede entrar en el reino de Diosb.
6 Lo que es nacido de la carne, carne esa, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
7 No te asombres de que te haya dicho: «Os es necesario nacer de nuevo1».
8 El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde vaa; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede ser esto?
10 Jesús respondió y le dijo: Tú eres maestroa de Israel, ¿y no entiendes estas cosas?
11 En verdad, en verdad te digo que hablamos lo que sabemosa y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no recibís nuestro testimoniob.
12 Si os he hablado de las cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?
13 Nadie ha subido al cieloa, sino el que bajó del cielob, es decir, el Hijo del Hombrec que está en el cielo1.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desiertoa, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombreb,
15 para que todo aquel que cree, tenga en Él1 vida eternaa.
¶16 Porque de tal manera amó Dios al mundoa, que dio a su Hijo unigénito1b, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eternac.
17 Porque Dios no envióa a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Élb.
18 El que cree en Él no es condenado1a; pero el que no cree, ya ha sido condenado1, porque no ha creído en el nombre del unigénito2 Hijo de Diosb.
19 Y este es el juicio: que la luz vino al mundoa, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malasb.
20 Porque todo el que hace lo malo odia la luza, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas.
21 Pero el que practica la verdada viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios.
Testimonio final de Juan el Bautista
¶22 Después de esto vino Jesús con sus discípulosa a la tierra de Judea, y estaba allí con ellos, y bautizabab.
23 Juan también bautizaba en Enón, cerca de Salim, porque allí había mucha agua1; y muchos venían y eran bautizados.
24 Porque Juan todavía no había sido metido en la cárcela.
25 Surgió entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificacióna.
26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabía, mira, el que estaba contigo al otro lado del Jordánb, de quien diste testimonioc, está bautizando y todos van a Él.
27 Respondió Juan y dijo: Un hombre no puede recibir nada si no le es dado del cieloa.
28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: «Yo no soy el Cristo1a, sino que he sido enviado delante de Él».
29 El que tiene la novia es el novioa, pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completadob.
30 Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya.
¶31 El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede1 de la tierra y habla de la tierraa. El que procede del cielo está sobre todosb.
32 Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe su testimonioa.
33 El que ha recibido su testimonio ha certificadoa esto: que Dios es veraz.
34 Porque aquel a quien Dios ha enviadoa habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritub sin medida1.
35 El Padre ama al Hijo y ha entregado todas las cosas en su manoa.
36 El que cree en el Hijo tiene vida eternaa; pero el que no obedece1b al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
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| 1 | Un cántaro equivale a unos 40 litros |
| 1 | O, mayordomo |
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| 1 | O, milagros |
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| 1 | O, santuario |
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| 1 | O, santuario |
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| 1 | O, santuario |
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| 1 | * , y que |
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| 1 | O, principal |
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| 1 | * , El |
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| 2 | O, los milagros |
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| 1 | O, de arriba |
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| 1 | O, de arriba |
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| 1 | Muchos * antiguos no incluyen: que está en el cielo |
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| 1 | Algunos * dicen: que cree en Él, tenga |
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| 1 | O, único; i.e., único de su género |
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| 1 | O, juzgado |
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| 2 | O, único; i.e., único de su género |
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| 1 | * , muchas aguas |
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| 1 | I.e., el Mesías |
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| 1 | * , es |
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| 1 | * , El no da el Espíritu por medida |
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| 1 | O, cree |
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