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Juan 11–15
Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betaniaa, la aldea de María y de su hermana Martab.
2 María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señora con perfume y le secó los pies con sus cabellosb.
3 Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús1: Señora, mira, el que tú amasb está enfermo.
4 Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Diosa, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.
5 Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaroa.
6 Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7 Luego, después de esto, dijo* a sus discípulos: Vamos de nuevo a Judeaa.
8 Los discípulos le dijeron*: Rabí1a, hace poco que2 los judíos procuraban apedrearteb, ¿y vas otra vez allá?
9 Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundoa.
10 Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él.
11 Dijo esto, y después de esto añadió1: Nuestro amigo Lázaroa se ha dormidob; pero voy a despertarlo.
12 Los discípulos entonces le dijeron: Señor, si se ha dormido, se recuperará1.
13 Pero Jesús había hablado de la muerte de Lázaro1, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño2a.
14 Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15 y por causa de vosotros me alegro de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos a donde está él.
16 Tomása, llamado el Dídimo1b, dijo entonces a sus condiscípulos: Vamos nosotros también para morir con Él.
¶17 Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro díasa que estaba en el sepulcro.
18 Betaniaa estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros1;
19 y muchos de los judíosa habían venido a casa de Marta y Maríab, para consolarlasc por la muerte de su hermano.
20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, fue a su encuentro, pero Maríaa se quedó sentada en casa.
21 Y1 Marta dijo a Jesús: Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob.
22 Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederáa.
23 Jesús le dijo*: Tu hermano resucitará.
24 Marta le contestó*: Yo sé que resucitará en la resurreccióna, en el día final.
25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vidaa; el que cree en mí, aunque muera, vivirá,
26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamása. ¿Crees esto?
27 Ella le dijo*: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo1, el Hijo de Diosa, el que viene2 al mundob.
28 Y habiendo dicho esto, se fuea y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: El Maestrob está aquí, y te llama.
29 Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
¶30 Pues Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta le había encontradoa.
31 Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándolaa, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieronb, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32 Cuando María llegó adonde estaba Jesús, al verle, se arrojó entonces a sus pies, diciéndole: Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob.
33 Y1 cuando Jesús la vio llorando, y a los judíosa que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamenteb en el espíritu, y se entristeció2c,
34 y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron*: Señor, ven y ve.
35 Jesús lloróa.
36 Por eso los judíosa decían: Mirad, cómo lo amabab.
37 Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos del ciegoa, haber evitado también que Lázaro muriera1?
¶38 Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ellaa.
39 Jesús dijo*: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: Señor, ya hiede, porque hace cuatro díasa que murió.
40 Jesús le dijo*: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Diosa?
41 Entonces quitaron la piedraa. Jesús alzó los ojos a lo altob, y dijo: Padre, te doy graciasc porque me has oído.
42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multituda que me rodea, para que crean que tú me has enviadob.
43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atadosa con vendas, y el rostro envuelto en un sudariob. Jesús les dijo*: Desatadlo, y dejadlo ir.
¶45 Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a Maríaa, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Élb.
46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseosa y les contaron lo que Jesús había hecho.
¶47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseosa convocaronb un concilioc, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales1d.
48 Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar1a y nuestra2 nación.
49 Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdotea ese añob, les dijo: Vosotros no sabéis nada,
50 ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el puebloa, y no que toda la nación perezca.
51 Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa1, sino que siendo el sumo sacerdote ese añoa, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52 y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidosa.
53 Así que, desde ese día planearon entre sí para matarlea.
¶54 Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíosa, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraínb; y se quedó allí con los discípulos.
55 Y estaba cerca la Pascua de los judíosa, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarseb.
56 Entonces buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se decían unos a otros: ¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiestaa?
57 Y los principales sacerdotes y los fariseosa habían dado órdenes de que si alguien sabía dónde estaba Jesús, diera aviso para que le prendieran.
aEntonces Jesús, seis días antes de la Pascuab, vino a Betania donde estaba Lázaro1, al que Jesús había resucitado de entre los muertosc.
2 Y1 le hicieron una cena allí, y Martaa servía; pero Lázaro era uno de los que estaban2 a la mesa con Él.
3 Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puroa que costaba mucho, ungió los pies de Jesús, y se los secó1 con los cabellosb, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.
4 Y Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que le iba a entregar1a, dijo*:
5 ¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios1 y se dio a los pobres?
6 Pero dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dineroa, sustraía de lo que se echaba en ellab.
7 Entonces Jesús dijo: Déjala, para que lo guarde para el día de mi sepultura1a.
8 Porque a los pobres siempre los tendréis1 con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis1a.
Conspiración para matar a Lázaro
¶9 Entonces la gran multitud de judíosa se enteró de que Jesús estaba allí; y vinieron no solo por causa de Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertosb.
10 Pero los principales sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro;
11 porque por causa de éla muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesúsb.
¶12 Al día siguiente, acuando la gran multitud que había venido a la fiestab, oyó que Jesús venía a Jerusalén,
13 tomaron hojas de las palmas y salieron a recibirle, y gritaban: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señora, el Rey de Israelb.
14 Jesús, hallando un asnillo, se montó en él; como está escrito:
15 No temas, hija de Sión; he aquí, tu Rey viene, montado en un pollino de asnaa.
16 Sus discípulos no entendieron esto al principioa, pero después, cuando Jesús fue glorificadob, entonces se acordaron de que esto se había escrito de Él, y de que le habían hecho estas cosas.
17 Y así, la multitud que estaba con Él cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertosa, daba testimonio de Él.
18 Por eso la multitud fue también a recibirlea, porque habían oído que Él había hecho esta señal1b.
19 Entonces los fariseos se decían unos a otros: ¿Veis que no conseguís nada? Mirad, todo el mundo se ha ido tras Él.
¶20 Y había unos griegosa entre los que subían a adorar en la fiestab;
21 estos, pues, fueron a Felipea, que era de Betsaidab de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús.
22 Felipe fue* y se lo dijo* a Andrésa; Andrés y Felipe fueron* y se lo dijeron* a Jesús.
23 Jesús les respondió*, diciendo: Ha llegado la horaa para que el Hijo del Hombre sea glorificadob.
24 En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere, produce mucho frutoa.
25 El que ama su vida1 la pierde; y el que aborrece su vida1a en este mundo, la conservaráb para vida eterna.
26 Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidora; si alguno me sirve, el Padre lo honraráb.
Discurso de Jesús sobre su muerte
¶27 Ahora mi alma se ha angustiadoa; y ¿qué diré: «Padreb, sálvame de esta horac»? Pero para esto he llegado a esta hora.
28 Padrea, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielob: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.
29 Por eso la multitud que estaba allí y la oyó, decía que había sido un trueno; otros decían: Un ángel le ha habladoa.
30 Respondió Jesús y dijo: Esta voz no ha venido por causa mía, sino por causa de vosotrosa.
31 Ya está aquí1 el juicio de este mundoa; ahora el príncipe de este mundob será echado fuera.
32 Y yo, si soy levantado de la tierraa, atraeré a todos a mí mismob.
33 Pero Él decía esto para indicar de qué clase de muerte iba a morira.
34 Entonces la multitud le respondió: Hemos oído en1 la leya que el Cristo2 permanecerá para siempreb; ¿y cómo dices tú: «El Hijo del Hombrec tiene…
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| 1 | * , El |
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| 1 | O, Maestro |
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| 2 | * , ahora |
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| 1 | * , les dice |
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| 1 | * , se salvará |
| 1 | * , su muerte |
| 2 | * , del sopor del sueño |
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| 1 | I.e., el gemelo |
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| 1 | * , a 15 estadios |
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| 1 | * , Por tanto |
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| 1 | I.e., el Mesías |
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| 2 | “El Que Viene” era el título que se daba al Mesías prometido |
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| 1 | * , Por tanto |
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| 2 | * , se turbó |
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| 1 | * , haber hecho también que éste no muriera |
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| 1 | O, muchos milagros |
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| 1 | I.e., el templo |
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| 2 | * , el lugar y la |
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| 1 | * , de sí mismo |
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| 1 | Algunos * agregan: el que había estado muerto |
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| 1 | * , Por tanto |
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| 2 | * , se reclinaban |
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| 1 | * , y le secó los pies |
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| 1 | O, traicionar |
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| 1 | Un denario valía * 4 gramos de plata, o el equivalente al salario de un día |
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| 1 | I.e., la costumbre de ungir para la sepultura |
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| 1 | * , tenéis |
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| 1 | O, este milagro |
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| 1 | O, alma |
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| 1 | * , Ahora es |
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| 1 | O, aprendido de |
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| 2 | I.e., el Mesías |
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