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Juan 10–19
En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteadora.
2 Pero el que entra por la puerta, es el pastora de las ovejas.
3 A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voza; llama a sus ovejas por nombre y las conduce afuerab.
4 Cuando saca todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voza.
5 Pero a un desconocido no seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voza de los extraños.
6 Jesús les habló por medio de esta alegoríaa, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
¶7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejasa.
8 Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadoresa, pero las ovejas no les hicieron caso1.
9 Yo soy la puertaa; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.
10 El ladrón solo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vidaa, y para que la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen pastora; el buen pastor da su vida por las ovejasb.
12 Pero el que es un asalariado y no un pastora, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
13 El huye porque solo trabaja por el pago1 y no le importan las ovejas.
14 Yo soy el buen pastora, y conozco mis ovejas1b y las mías me conocen,
15 de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padrea, y doy mi vida por las ovejasb.
16 Tengo otras ovejasa que no son de este redil; a esas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebañob con un solo pastorc.
17 Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevoa.
18 Nadie me la quita1a, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevob. Este mandamiento recibí de mi Padrec.
¶19 Se volvió a suscitar una divisióna entre los judíos por estas palabras.
20 Y muchos de ellos decían: Tiene un demonioa y está locob. ¿Por qué le hacéis caso1?
21 Otros decían: Estas no son palabras de un endemoniadoa. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegosb?
¶22 En esos días1 se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación.
23 Era invierno, y Jesús andaba por el templo, en el pórtico de Salomóna.
24 Entonces los judíosa le rodearon, y le decían: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Cristo1, dínoslo claramenteb.
25 Jesús les respondió: Os lo he dichoa, y no creéis; las obras que yo hago en el nombre de mi Padre, estas dan testimonio de míb.
26 Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejasa.
27 Mis ovejas oyen mi voza, y yo las conozcob y me siguen;
28 y yo les doy vida eternaa y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi manob.
29 Mi Padre que me las dio es mayor que todos1, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre.
¶31 Los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearlea.
32 Jesús les dijo1: Os he mostrado muchas obras buenas que son del Padre. ¿Por cuál2 de ellas me apedreáis?
33 Los judíos le contestaron: No te apedreamos por ninguna obra buena, sino por blasfemiaa; y porque tú, siendo hombre, te haces Diosb.
34 Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra leya: «Yo dije: sois diosesb»?
35 Si a aquellos, a quienes vino la palabra de Dios, los llamó dioses (y la Escritura no se puede violar),
36 ¿a quién el Padre santificóa y envió al mundob, vosotros decís: «Blasfemas», porque dije: «Yo soy el Hijo de Diosc»?
37 Si no hago las obras de mi Padrea, no me creáis;
38 pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed las obrasa; para que sepáis y entendáis1 que el Padre está en mí y yo en el Padreb.
39 Por eso procuraban otra vez prenderlea, pero se les escapó de entre las manosb.
¶40 Se fue de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juana, y se quedó allí.
41 Y muchos vinieron a Él y decían: Aunque Juan no hizo ninguna señal1a, sin embargo, todo lo que Juan dijo de esteb era verdad.
42 Y muchos creyeron en Él allía.
Y estaba enfermo cierto hombre llamado Lázaro, de Betaniaa, la aldea de María y de su hermana Martab.
2 María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señora con perfume y le secó los pies con sus cabellosb.
3 Las hermanas entonces mandaron a decir a Jesús1: Señora, mira, el que tú amasb está enfermo.
4 Cuando Jesús lo oyó, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Diosa, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.
5 Y Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaroa.
6 Cuando oyó, pues, que Lázaro estaba enfermo, entonces se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
7 Luego, después de esto, dijo* a sus discípulos: Vamos de nuevo a Judeaa.
8 Los discípulos le dijeron*: Rabí1a, hace poco que2 los judíos procuraban apedrearteb, ¿y vas otra vez allá?
9 Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si alguno anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundoa.
10 Pero si alguno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él.
11 Dijo esto, y después de esto añadió1: Nuestro amigo Lázaroa se ha dormidob; pero voy a despertarlo.
12 Los discípulos entonces le dijeron: Señor, si se ha dormido, se recuperará1.
13 Pero Jesús había hablado de la muerte de Lázaro1, mas ellos creyeron que hablaba literalmente del sueño2a.
14 Entonces Jesús, por eso, les dijo claramente: Lázaro ha muerto;
15 y por causa de vosotros me alegro de no haber estado allí, para que creáis; pero vamos a donde está él.
16 Tomása, llamado el Dídimo1b, dijo entonces a sus condiscípulos: Vamos nosotros también para morir con Él.
¶17 Llegó, pues, Jesús y halló que ya hacía cuatro díasa que estaba en el sepulcro.
18 Betaniaa estaba cerca de Jerusalén, como a tres kilómetros1;
19 y muchos de los judíosa habían venido a casa de Marta y Maríab, para consolarlasc por la muerte de su hermano.
20 Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, fue a su encuentro, pero Maríaa se quedó sentada en casa.
21 Y1 Marta dijo a Jesús: Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob.
22 Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederáa.
23 Jesús le dijo*: Tu hermano resucitará.
24 Marta le contestó*: Yo sé que resucitará en la resurreccióna, en el día final.
25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vidaa; el que cree en mí, aunque muera, vivirá,
26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamása. ¿Crees esto?
27 Ella le dijo*: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo1, el Hijo de Diosa, el que viene2 al mundob.
28 Y habiendo dicho esto, se fuea y llamó a su hermana María, diciéndole en secreto: El Maestrob está aquí, y te llama.
29 Tan pronto como ella lo oyó, se levantó* rápidamente y fue hacia Él.
¶30 Pues Jesús aún no había entrado en la aldea, sino que todavía estaba en el lugar donde Marta le había encontradoa.
31 Entonces los judíos que estaban con ella en la casa consolándolaa, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieronb, suponiendo que iba al sepulcro a llorar allí.
32 Cuando María llegó adonde estaba Jesús, al verle, se arrojó entonces a sus pies, diciéndole: Señora, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muertob.
33 Y1 cuando Jesús la vio llorando, y a los judíosa que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamenteb en el espíritu, y se entristeció2c,
34 y dijo: ¿Dónde lo pusisteis? Le dijeron*: Señor, ven y ve.
35 Jesús lloróa.
36 Por eso los judíosa decían: Mirad, cómo lo amabab.
37 Pero algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos del ciegoa, haber evitado también que Lázaro muriera1?
¶38 Entonces Jesús, de nuevo profundamente conmovido en su interior, fue* al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta sobre ellaa.
39 Jesús dijo*: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo*: Señor, ya hiede, porque hace cuatro díasa que murió.
40 Jesús le dijo*: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Diosa?
41 Entonces quitaron la piedraa. Jesús alzó los ojos a lo altob, y dijo: Padre, te doy graciasc porque me has oído.
42 Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multituda que me rodea, para que crean que tú me has enviadob.
43 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera!
44 Y el que había muerto salió, los pies y las manos atadosa con vendas, y el rostro envuelto en un sudariob. Jesús les dijo*: Desatadlo, y dejadlo ir.
¶45 Por esto muchos de los judíos que habían venido a ver a Maríaa, y vieron lo que Jesús había hecho, creyeron en Élb.
46 Pero algunos de ellos fueron a los fariseosa y les contaron lo que Jesús había hecho.
¶47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseosa convocaronb un concilioc, y decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales1d.
48 Si le dejamos seguir así, todos van a creer en Él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro lugar1a y nuestra2 nación.
49 Pero uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdotea ese añob, les dijo: Vosotros no sabéis nada,
50 ni tenéis en cuenta que os es más conveniente que un hombre muera por el puebloa, y no que toda la nación perezca.
51 Ahora bien, no dijo esto de su propia iniciativa1, sino que siendo el sumo sacerdote ese añoa, profetizó que Jesús iba a morir por la nación;
52 y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidosa.
53 Así que, desde ese día planearon entre sí para matarlea.
¶54 Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíosa, sino que se fue de allí a la región cerca del desierto, a una ciudad llamada Efraínb; y se quedó allí con los discípulos.
55 Y estaba cerca la Pascua de los judíosa, y muchos de la región subieron a Jerusalén antes de la Pascua para purificarseb.
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| 1 | * , no los oyeron |
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| 1 | * , porque es un asalariado |
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| 1 | * , las mías |
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| 1 | Algunos * antiguos dicen: me la ha quitado |
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| 1 | * , le escucháis |
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| 1 | * , Entonces |
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| 1 | I.e., el Mesías |
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| 1 | Algunos * antiguos dicen: Lo que mi Padre me ha dado es mayor que todo |
| 1 | * , (neutro) una unidad o una misma esencia |
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| 1 | * , respondió |
| 2 | * , cuál obra |
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| 1 | * , que sepáis y sigáis sabiendo |
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| 1 | O, ningún milagro |
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| 1 | * , El |
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| 1 | O, Maestro |
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| 2 | * , ahora |
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| 1 | * , les dice |
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| 1 | * , se salvará |
| 1 | * , su muerte |
| 2 | * , del sopor del sueño |
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| 1 | I.e., el gemelo |
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| 1 | * , a 15 estadios |
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| 1 | * , Por tanto |
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| 1 | I.e., el Mesías |
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| 2 | “El Que Viene” era el título que se daba al Mesías prometido |
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| 1 | * , Por tanto |
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| 2 | * , se turbó |
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| 1 | * , haber hecho también que éste no muriera |
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| 1 | O, muchos milagros |
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| 1 | I.e., el templo |
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| 2 | * , el lugar y la |
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| 1 | * , de sí mismo |
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