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Job 4–37

Capitulo 4

Reproches de Elifaz

Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:

2 Si alguien osara hablarte, ¿te pondrías impaciente?

Pero ¿quién puede abstenerse de hablar1a?

3 He aquí, tú has exhortado a muchos,

y las manos débiles has fortalecidoa.

4 Al que tropezaba tus palabras han levantado1,

y las rodillas débiles2 has robustecido.

5 Pero ahora que te ha llegado a ti, te impacientasa;

te toca a ti, y te desalientasb.

6 ¿No es tu temor1 a Diosa tu confianzab,

y la integridad de tus caminos tu esperanza?

¶7 Recuerda ahora, ¿quién siendo inocente ha perecido jamás?

¿O dónde han sido destruidos los rectosa?

8 Por lo que yo he visto, los que aran iniquidad

y los que siembran aflicción, eso siegana.

9 Por el aliento de Dios perecena,

y por la explosión1 de su ira son consumidosb.

10 El rugido del león, el bramido de la fiera1

y los dientes de los leoncillos son quebrantadosa.

11 El león perece por falta de presaa,

y los cachorros de la leona se dispersanb.

¶12 Una palabra me fue traída furtivamentea,

y mi oído percibió un susurrob de ella.

13 Entre pensamientos inquietantes de visiones nocturnas,

cuando el sueño profundo cae sobre los hombresa,

14 me sobrevino un espanto, un temblor

que hizo estremecer todos1 mis huesos.

15 Entonces un espíritu pasó cerca de1 mi rostro,

y el pelo de mi piel2 se erizó.

16 Se detuvo, pero no pude reconocer su aspecto;

una figura estaba delante de mis ojos,

hubo silencio, después oí una voz:

17 «¿Es el mortal justo delante de Diosa?

¿Es el hombre puro delante de su Hacedorb?

18 »El no confía ni aún en sus siervos;

y a sus ángeles atribuye erroresa.

19 »¡Cuánto más a los que habitan en casas de barroa,

cuyos cimientos están en el polvob,

que son aplastados como1 la polilla!

20 »Entre la mañana y la tarde son hechos pedazosa;

sin que nadie se dé cuenta, perecen para siempreb.

21 »¿No les es arrancada la cuerda de su tiendaa?

Mueren, mas sin sabiduríab».

Capitulo 5

Llama ahora, ¿habrá quién te responda?

¿Y a cuál de los santosa te volverás?

2 Porque el enojo mata al insensato,

y la ira da muerte al necioa.

3 Yo he visto al insensato echar raícesa,

y al instante maldije su moradab.

4 Sus hijos no tienen seguridad algunaa,

aun en la puerta son oprimidos1,

y no hay quien los libre.

5 Su1 cosecha devoran los hambrientos,

la toman aun de entre los espinos,

y el intrigante2a ansía su riqueza.

6 Porque la afliccióna no viene del polvo,

ni brota el infortunio de la tierra;

7 porque el hombre nace para la afliccióna,

como las chispas vuelan hacia arriba.

¶8 Pero yo buscaría a Dios,

y delante de Dios presentaría mi causaa;

9 Él hace cosas grandes e inescrutables,

maravillas1 sin númeroa.

10 Él da la lluvia sobre la faz de la tierra,

y envía las aguas sobre1 los camposa.

11 Para poner en alto a los humildes,

y a los que lloran levantarlos a lugar seguroa,

12 Él frustra las tramas de los astutosa,

para que sus manos no tengan éxito.

13 Él prende a los sabios en su propia astuciaa,

y el consejo de los sagaces pronto se frustra.

14 De día tropiezan con las tinieblas,

y a mediodía andan a tientas como de nochea.

15 Pero Él salva al pobre de la espada, de sus bocasa

y de la mano del poderosob.

16 El desamparado, pues, tiene esperanza,

y la injusticia tiene que cerrar su bocaa.

¶17 He aquí, cuán bienaventurado es el hombre a quien Dios reprendea;

no desprecies, pues, la disciplina del Todopoderoso1b.

18 Porque Él inflige dolor, y da alivio1;

Él hiere, y sus manos también sanana.

19 De1 seis aflicciones te libraráa,

y en siete no te tocará el malb.

20 En el hambre te salvará de la muertea,

y en la guerra del poder de la espadab.

21 Estarás a cubierto del azote de la lenguaa,

y no temerás la violencia cuando vengab.

22 De la violencia y del hambre te reirása,

y no temerás a las fieras de la tierrab.

23 Pues con las piedras del campo harás tu alianza,

y las fieras del campo estarán en paz contigoa.

24 Y sabrás que tu tienda está segura1,

porque visitarás tu morada y no temerás pérdida algunaa.

25 También sabrás que tu descendencia1 será numerosaa,

y tus vástagos como la hierba de la tierrab.

26 En pleno vigor llegarás al sepulcroa,

como se hacinan las gavillas a su tiempo.

27 He aquí, esto lo hemos examinado, y así es;

óyelo, y conócelo para tu bien1.

Capitulo 6

Respuesta de Job a Elifaz

Entonces respondió Job y dijo:

2 ¡Oh, si pudiera pesarse mi sufrimiento,

y ponerse en la balanza junto con mi calamidada!

3 Porque pesaríana ahora más que la arena de los mares:

por eso mis palabras han sido precipitadas.

4 Porque las flechas del Todopoderoso1 están clavadas en mía,

cuyo veneno bebe mi espíritub,

y contra mí se juntan2 los terrores de Diosc.

5 ¿Rebuzna el asno montés junto a1 su hierbaa,

o muge el buey junto a1 su forraje?

6 ¿Se come sin sal lo insípido,

o hay gusto en la clara del huevo1?

7 Mi alma se niega a tocar estas cosas;

son para mí alimento repugnantea.

¶8 ¡Quién me diera que mi petición se cumpliera,

que Dios me concediera mi anhelo,

9 que Dios consintiera en aplastarme,

que soltara su mano y acabara conmigoa!

10 Mas aún es mi consuelo,

y me regocijo en el dolor sin tregua,

que no he negado1 las palabras del Santoa.

11 ¿Cuál es mi fuerza, para que yo espere,

y cuál es mi fin, para que yo resista1a?

12 ¿Es mi fuerza la fuerza de las piedras,

o es mi carne de bronce?

13 ¿Es que mi ayudaa no está dentro de mí,

y está alejado de mí todo auxilio1b?

¶14 Para el abatidoa, debe haber compasión de parte de su amigo;

no sea que abandone el temor1 del Todopoderoso2b.

15 Mis hermanos han obrado engañosamente como un torrente1,

como las corrientes de los arroyos que se desvanecena,

16 que a causa del hielo están turbios

y en los que la nieve se derrite1.

17 Cuando se quedan sin agua, están silenciosos1,

cuando hace calor, desaparecen de su lugara.

18 Serpentean las sendas de su curso,

se evaporan en la nada y perecen1.

19 Las caravanas de Temána los buscaron1,

los viajeros de Sabáb contaban con ellos.

20 Quedaron frustrados1 porque habían confiado,

llegaron allí y fueron confundidosa.

21 Ciertamente, así sois vosotros ahora,

veis algo aterrador y os espantáisa.

22 ¿Acaso he dicho: «Dadme algo»,

«De vuestra riqueza ofrecedme un soborno»,

23 «Libradme de la mano del adversario»,

o: «Rescatadme de la mano de los tiranos»?

¶24 Instruidme, y yo callaréa;

mostradme en qué he errado.

25 ¡Cuán dolorosas son las palabras sinceras!

Pero ¿qué prueba vuestro argumento?

26 ¿Pensáis censurar mis palabras,

cuando las palabras del desesperado se las lleva el1 vientoa?

27 Aun echaríais suertea sobre los huérfanosb,

y especularíais con vuestro amigoc.

28 Y ahora, tratad de mirarme

y ved si mientoa en vuestra cara.

29 Desistid, por favor; que no haya injusticia;

sí, desistid; en ello está aún mi justiciaa.

30 ¿Acaso hay injusticia en mi lengua?

¿No puede mi paladar discernir calamidadesa?

Capitulo 7

Miserias de la vida

¿No está el hombre obligado a trabajar1 sobre la tierraa?

¿No son sus días como los días de un jornalerob?

2 Como esclavo que suspira por la sombra,

y como jornalero que espera con ansias su paga,

3 así me han dado en herencia meses inútiles,

y noches de aflicción me han asignadoa.

4 Cuando me acuesto, digo:

«¿Cuándo me levantaré?».

Pero la noche sigue,

y estoy dando1 vueltas continuamente hasta el amanecera.

5 Mi carne está cubierta de gusanos y de una costra de tierra;

mi piel se endurece y supuraa.

6 Mis días pasan más veloces que la lanzaderaa,

y llegan a su fin sin esperanzab.

¶7 Recuerda que mi vida es un soploa,

mis ojos no volverán a ver el bienb.

8 El ojo del que me ve no me verá mása;

tus ojos estarán sobre mí, pero yo no existiréb.

9 Como una nube se desvanece y pasaa,

así el que desciendeb al Seol1c no subirá;

10 no volverá más a su casa,

ni su lugar lo verá mása.

¶11 Por tanto, no refrenaré mi boca,

hablaré en la angustia de mi espíritu,

me quejaré en la amargura de mi almaa.

12 ¿Soy yo el mar, o un monstruo marinoa,

para que me pongas guardia?

13 Si digo: «Mi cama me consolará,

mi lecho atenuará1 mi quejaa»,

14 entonces tú me asustas con sueños

y me aterrorizas con visiones;

15 mi alma, pues, escoge la asfixia,

la muerte, en lugar de mis dolores1.

16 Languidezco1; no he de vivir para siemprea.

Déjame solo, pues mis días son un soplob.

17 ¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas,

para que te preocupes por1 éla,

18 para que lo examines cada mañana,

y a cada momento lo pongas a pruebaa?

19 ¿Nunca1 apartarás de mí tu mirada,

ni me dejarás soloa hasta que trague mi saliva?

20 ¿He pecadoa? ¿Qué te he hecho a ti,

oh guardián de los hombresb?

¿Por qué has hecho de mí tu blanco,

de modo que soy una carga para mí mismo?

21 Entonces, ¿por qué no perdonas mi transgresión

y quitas mi iniquidada?

Porque ahora dormiré en el polvob;

y tú me buscarás, pero ya no existiréc.

Capitulo 8

Discurso de Bildad

Entonces respondió Bildad suhita, y dijo:

2 ¿Hasta cuándo hablarás estas cosas,

y serán viento impetuoso las palabras de tu bocaa?

3 ¿Acaso tuerce Dios la justicia

o tuerce el Todopoderoso1 lo que es justoa?

4 Si tus hijos pecaron contra Él,

entonces Él los entregó al poder1 de su transgresióna.

5 Si tú buscaras a Dios

e imploraras la misericordia del Todopoderoso1a,

6 si fueras puro y recto,

ciertamente Él se despertaría ahora en tu favora

y restauraría tu justa condición1b.

7 Aunque tu principio haya sido insignificante,

con todo, tu final aumentará sobremaneraa.

¶8 Pregunta, te ruego, a las generaciones pasadas,

y considera las cosas escudriñadas por sus padresa.

9 Porque nosotros somos de ayer y nada sabemos,

pues nuestros días sobre la tierra son como una sombraa.

10 ¿No te instruirán ellos y te hablarán,

y de sus corazones sacarán palabras?

¶11 ¿Puede crecer el papiro sin cenagal?

¿Puede el junco crecer sin agua?

12 Estando aún verde y sin cortar,

con todo, se seca antes que cualquier otra planta1.

13 Así son las sendas de todos los que se olvidan de Diosa,

y la esperanza del impío pereceráb,

14 porque es frágil su confianza,

y una tela1 de arañaa su seguridad.

15 Confía1 en su casa, pero esta no se sostiene;

se aferra a ella, pero esta no perduraa.

16 Crece con vigor1 delante del sola,

y sus renuevos brotan sobre su jardínb.

17

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