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Jeremías 4–10
Si has de volver, oh Israel—declara el Señor—
vuélvete a mía.
Si quitas de mi presencia tus abominaciones,
y no vacilasb,
2 y juras: «Vive el Señora»,
en verdad, en juicio y en justiciab,
entonces se bendecirán en Él las nacionesc,
y en Él se gloriaránd.
¶3 Porque así dice el Señor a los hombres de Judá y de Jerusalén:
Romped el barbechoa,
y no sembréis entre espinosb.
y quitad los prepucios de vuestros corazones,
hombres de Judá y habitantes de Jerusaléna,
no sea que mi furorb salga como fuego
y arda y no haya quien lo apaguec,
a causa de la maldad de vuestras obras.
¶5 Declarad en Judá y proclamad en Jerusalén, y decid:
Tocad la trompeta en la tierraa;
clamad en alta voz, y decid:
«Reuníos y entremos
en las ciudades fortificadasb».
6 Izad banderaa hacia Sión;
buscad refugio, no os detengáis;
porque traigo del norte la calamidad,
una gran destrucciónb.
7 Ha salido el león de la1 espesura,
y el destructor de naciones se ha puesto en marchaa;
ha salido de su lugar
para convertir tu tierra en desolaciónb.
Tus ciudades quedarán en ruinas, sin habitantesc.
8 Por eso, vestíos de cilicio,
lamentaos y gemida;
porque no se ha apartado de nosotros
la ardiente ira del Señorb.
9 Y sucederá en aquel día—declara el Señor—
que fallará el corazón del rey
y el corazón de los príncipesa;
se quedarán atónitos los sacerdotes
y los profetas se pasmaránb.
¶10 Entonces dije: ¡Ah, Señor Dios1! Ciertamente has engañadoa en gran manera a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: «Paz tendréis», cuando tienen la espada al cuello2b.
¶11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento abrasador de las alturas desoladas del desiertoa, en dirección a la hija de mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar,
12 un viento demasiado fuerte para esto1, vendrá a mi mandato2. Ahora yo3 pronunciaré juicios contra ellos.
13 He aquí que él sube como las nubesa,
y como un torbellino sus carrosb;
sus caballos son más ligeros que las águilasc.
¡Ay de nosotros, porque estamos perdidosd!
¶14 Lava de maldad tu corazón, Jerusalén,
para que seas salva.
¿Hasta cuándo morarán dentro de ti
pensamientos perversosa?
15 Porque una voz lo anuncia desde Dana,
y proclama el mal desde los montes de Efraín.
16 Avisadlo a las naciones: ¡Aquí están!
Proclamad sobre Jerusalén:
«Sitiadores vienen de tierra lejanaa
y alzan sus vocesb contra las ciudades de Judá.
17 »Como guardas de campo están apostados contra ella por todos ladosa,
porque se ha rebelado contra míb»—declara el Señor.
18 Tu comportamiento y tus acciones
te han traído1 estas cosas.
Esta es tu maldada. ¡Qué amargab!
¡Cómo ha penetrado hasta tu corazón!
Estoy angustiado, ¡oh corazón mío2!
Mi corazón se agita dentro de mí;
no callaréa,
el sonido de la trompeta,
el pregón de guerrac.
20 Desastre sobre desastre se anunciaa,
porque es arrasada toda la tierrab;
de repente son arrasadas mis tiendas,
en un instante mis cortinasc.
21 ¿Hasta cuándo he de ver la bandera
y he de oír el sonido de la trompeta?
no me conoce;
hijos torpes son,
no son inteligentesa.
Astutos son para hacer el mal,
pero hacer el bien no sabenb.
¶23 Miré a la tierra, y he aquí que estaba sin orden y vacía1;
y a los cielos, y no tenían luza.
24 Miré a los montes, y he aquí que temblaban,
y todas las colinas se estremecían1a.
25 Miré, y he aquí que no había hombre alguno,
y todas las aves del cielo habían huidoa.
26 Miré, y he aquí que la tierra fértil1 era un desiertoa,
y todas sus ciudades estaban arrasadas
delante del Señor, delante del ardor de su ira.
Una desolación será toda la tierraa,
pero no causaré una destrucción totalb.
28 Por eso se enlutará la tierraa,
y se oscurecerán los cielos arribab,
porque he hablado, lo he decidido,
y no me arrepentiré1, ni me retractaré de elloc.
29 Al ruido de jinetes y arqueros huye toda la ciudada;
entran en las espesuras y trepan por los peñascosb.
Toda ciudad está abandonada,
y no queda en ellas morador algunoc.
30 Y tú, desolada, ¿qué harása?
Aunque te vistas de escarlata,
aunque te pongas1 adornos de oro,
aunque te agrandes con pintura los ojosb,
en vano te embelleces;
te desprecian tus amantes,
solo buscan tu vidac.
31 Porque oí un grito1 como de mujer de partoa,
angustia como de primeriza;
era el grito1 de la hija de Sión que se ahogaba,
y extendía sus manos2b, diciendo:
¡Ay ahora de mí, porque desfallezco3 ante los asesinos!
Corrupción de Jerusalén y Judá
Recorred las calles de Jerusaléna,
y mirad ahora, e informaos;
buscad en sus plazas,
a ver si halláis algún hombreb,
si hay quien haga justicia, que busque la verdad1,
y yo la perdonaréc.
2 Pues aunque digan: «Vive el Señor»,
de cierto juran falsamentea.
3 Oh, Señor, ¿no buscan tus ojosa la verdad1?
Tú los heriste,
mas no les dolió;
tú los consumisteb,
mas ellos rehusaron recibir correcciónc.
Endurecieron sus rostrosd más que la roca2,
rehusaron arrepentirse.
¶4 Entonces yo dije: Ciertamente estos solo son gente ignorante,
son necios,
porque no conocen el camino del Señor
ni las ordenanzas de su Diosa.
y les hablaréa,
porque ellos sí conocen el camino del Señor
y las ordenanzas de su Dios.
Pero también todos ellos a una habían quebrado el yugo
y roto las coyundasb.
6 Por tanto los herirá el león de la selvaa,
el lobo de los desiertos los destruiráb;
un leopardo acecha sus ciudadesc,
y todo el que salga de ellas será despedazado,
porque son muchas sus transgresiones,
y numerosas sus apostasíasd.
¶7 ¿Por qué he de perdonarte por esto?
Tus hijos me han abandonado
y han juradoa por lo que no es Diosb.
Cuando los sacié, cometieron adulterioc
y fueron en tropel a casa de las rameras.
8 Eran caballos cebados y fogosos,
cada cual relinchando tras la mujer de su prójimoa.
9 ¿No he de castigar a este pueblo1?—declara el Señor.
De una nación como esta,
¿no he de vengarmea?
¶10 Subid por entre sus hileras de vides y destruid,
mas no hagáis destrucción total;
arrancad sus sarmientos,
pues no son del Señor;
11 porque la casa de Israel y la casa de Judá
han obrado pérfidamente conmigoa—declara el Señor.
12 Han mentido acerca del Señora;
dijeron: Él no existeb;
ninguna calamidad vendrá sobre nosotrosc,
y no veremos ni espada ni hambred.
13 Los profetas son como el viento,
y la palabra no está en ellosa.
Que así se les haga a ellos.
¶14 Por tanto, así dice el Señor, Dios de los ejércitos:
Por cuanto han1 hablado esta palabra,
he aquí, pongo mis palabras en tu boca por fuego
y a este pueblo por leña, y los consumiráa.
15 He aquí, voy a traer de lejos una nación contra vosotrosa, oh casa de Israel—declara el Señor.
Es una nación fuerte,
es una nación antigua,
una nación cuya lengua no conoces,
y no podrás entender lo que hableb.
16 Su aljaba es como sepulcro abiertoa,
todos ellos son valientesb.
devorará a tus hijos y a tus hijas,
devorará tus ovejas y tus vacasa,
devorará tus viñas y tus higuerasb;
a espada destruirá tus ciudades fortificadasc en que confías.
¶18 Sin embargo, aun en aquellos días—declara el Señor—no llevaré a cabo una destrucción total de vosotros.
19 Y1 cuando te pregunten2: «¿Por qué el Señor nuestro Dios nos ha hecho todo esto?». Les dirás: «Así como me dejasteis y servisteis a dioses extrañosa en vuestra tierra, así serviréis a extranjeros en una tierra que no es vuestrab».
¶20 Anunciad esto en la casa de Jacob
y proclamadlo en Judá, diciendo:
21 «Oíd ahora esto, pueblo necio e insensible1,
que tienen ojos y no ven,
tienen oídos y no oyena.
22 »¿No me teméisa?»—declara el Señor.
«¿No tembláis delante de mí,
que puse la arena como frontera del mar,
límite perpetuo que no traspasará?
Aunque se agiten las olas, no prevalecerán;
aunque rujan, no pasarán sobre ellab.
23 »Pero este pueblo tiene un corazón terco y rebeldea;
se han desviado y se han ido.
“Temamos ahora al Señor nuestro Dios,
que da la lluvia a su tiempoa,
tanto la lluvia de otoño como la de primaverab,
y que reserva para nosotros
las semanas establecidas de la cosechac”.
25 »Vuestras iniquidades han alejado estas cosasa,
y vuestros pecados os han privado del bien.
26 »Porque en mi pueblo se encuentran impíos
que vigilan como cazadores al acecho1;
ponen trampa,
atrapan hombresa.
27 »Como una jaula llena de pájaros,
así están sus casas llenas de engañoa;
por eso se engrandecieron y se enriquecieron.
28 »Han engordado y se han puesto lustrososa.
También sobrepasan en1 obras de maldad;
no defienden la causa,
la causa del huérfano, para que prospere,
ni defienden2 los derechos del pobreb.
29 »¿No he de castigar por esto?»—declara el Señor.
«De una nación como esta
¿no he de vengarmea?».
ha sucedido en la tierraa:
31 los profetas profetizan falsamentea,
los sacerdotes gobiernan por su cuenta1,
y a mi pueblo así le gustab.
Pero ¿qué haréis al final de esto?
Huid, hijos de Benjamín,
de en medio de Jerusaléna;
tocad trompeta en Tecoa,
y alzad señal sobre Bet-haquerem1b,
porque desde el norte se asoma el mal
y una gran destrucciónc.
2 A la hermosa y delicadaa hija de Siónb destruiré.
3 A ella vendrán pastoresa con sus rebaños,
levantarán sus tiendas a su alrededor1b,
y cada uno apacentará en su lugar2.
4 Preparad1 guerra contra ellaa;
levantaos y ataquemos2 al mediodía.
¡Ay de nosotros, porque el día declina,
porque se extienden las sombras del anochecerb!
5 Levantaos, ataquemos1 de noche
6 Porque así dice el Señor de los ejércitos:
Cortad sus árboles,
y poned sitio1a contra Jerusalén.
Esta es la ciudad que ha de ser castigadab,
todo dentro de ella es opresiónc.
7 Como un pozo mantiene frescas1 sus aguasa,
así ella mantiene fresca1 su maldad.
En ella se oyen violencia y destrucciónb;
ante mí hay de continuo enfermedades y heridasc.
8 Sé precavidaa, oh Jerusalén,
no sea que mi alma se aleje de ti;
no sea que yo te convierta en desolación,
en tierra despobladab.
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| 1 | * , su |
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| 1 | Heb., YHWH, generalmente traducido Señor |
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| 2 | O, y la espada toca hasta el alma |
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| 1 | * , estas cosas |
| 2 | * , para mí |
| 3 | * , yo también |
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| 1 | * , hecho |
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| 1 | * , Entrañas mías |
| 2 | * , las paredes de mi corazón |
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| 3 | O, yo, mi alma, oí |
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| 1 | O, era caos y vacuidad |
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| 1 | * , se movían ligeramente |
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| 1 | O, el Carmelo |
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| 1 | * , no me pesará |
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| 1 | * , adornes con |
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| 1 | * , una voz |
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| 2 | * , palmas |
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| 3 | * , mi alma desfallece |
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| 1 | * , fidelidad |
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| 1 | * , fidelidad |
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| 2 | O, peñasco |
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| 1 | * , por estas cosas |
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| 1 | * , habéis |
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| 1 | * , Y sucederá que |
| 2 | O, preguntéis |
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| 1 | * , sin corazón |
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| 1 | O, agachados |
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| 1 | O, no toman en cuenta las |
| 2 | * , juzgan |
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| 1 | * , por sus manos |
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| 1 | I.e., casa de la viña |
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| 1 | * , contra ella en derredor |
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| 2 | * , mano |
| 1 | * , Santificad |
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| 2 | * , subamos |
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| 1 | * , subamos |
| 2 | O, fortalezas |
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| 1 | O, levantad terraplén |
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| 1 | * , fría |
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