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Jeremías 23–32
Los malos pastores y regreso del remanente
¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mis pradosa!—declara el Señorb.
2 Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mis ovejas y las habéis ahuyentado, y no os habéis ocupado de ellas; he aquí, yo me ocuparé de vosotros por la maldad de vuestras obrasa—declara el Señor.
3 Yo mismo reuniré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarána.
4 Pondré sobre ellas pastores que las apacentarána, y nunca más tendrán temor, ni se aterraránb, ni faltará ningunac—declara el Señor.
¶5 He aquí, vienen días—declara el Señora—
en que levantaré a David un Renuevo justo;
y Él reinará como reyb, actuará sabiamente1,
y practicará el derecho y la justiciac en la tierrad.
6 En sus días será salvo Judá,
e Israel morará seguroa;
y este es su nombre por el cual será llamadob:
«El Señor, justicia nuestrac».
7 Por tanto, he aquí, vienen días—declara el Señor—cuando no dirán más: «Vive el Señor, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egiptoa»,
8 sino: «Vive el Señor que hizo subir y trajo a los descendientes1 de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había echado»; y habitarán en su propio sueloa.
quebrantado está mi corazón dentro de mí,
tiemblan todos mis huesosa;
estoy como un ebrio,
como un hombre a quien domina el vino,
por causa del Señor
y por causa de sus santas palabras.
10 Porque la tierra está llena de adúlteros;
porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierraa,
se han secado los pastos del desiertob.
Pues es mala la carrera de ellos
y su poderío no es recto.
11 Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidosa;
aun en mi casa he hallado su maldad—declara el Señor.
12 Por tanto, su camino será para ellos como resbaladeros;
a las tinieblasa serán empujados y caerán en ellasb;
porque traeré sobre ellos calamidad
el año de su castigoc—declara el Señor.
¶13 Además, entre los profetasa de Samaria he visto algo ofensivo:
profetizaban en nombre de Baal y extraviaban a mi pueblob Israel.
14 También entre los profetas de Jerusalén he visto algo horriblea:
cometían1 adulterio y andaban2 en mentirasb;
fortalecían las manos de los malhechores,
sin convertirse ninguno de su maldadc.
Se me han vuelto todos ellos como Sodoma,
y sus habitantes como Gomorrad.
15 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos acerca de los profetas:
«He aquí, les daré de comer ajenjo
y les daré de beber agua envenenadaa,
porque de los profetas de Jerusalén
ha salido la corrupción por toda la tierra».
16 Así dice el Señor de los ejércitos:
No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizana.
Ellos os conducen hacia lo vanob;
os cuentan1 la visión de su propia fantasía2c,
no de la boca del Señord.
17 Dicen de continuo a los que me despreciana:
«El Señor ha dicho: “Tendréis pazb”»;
y a todo el que anda en la terquedad de su corazónc
dicen: “No vendrá calamidad sobre vosotrosd.”
18 Pero ¿quién ha estado en el consejo del Señor,
y vio y oyó su palabraa?
¿Quién ha prestado atención a su1 palabra y la ha escuchadob?
19 He aquí, la tempestad del Señor ha salido con furor,
un torbellino impetuoso
descargará sobre la cabeza de los impíosa.
20 No se apartará la ira del Señor
hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitosa de su corazónb.
En los postreros días lo entenderéisc claramente.
21 Yo no envié a esos profetas,
pero ellos corrieron;
no les hablé,
mas ellos profetizarona.
22 Pero si ellos hubieran estado en mi consejo,
habrían hecho oír mis palabrasa a mi pueblo,
y les habrían hecho volver de su mal camino
y de la maldad de sus obrasb.
¶23 ¿Soy yo un Dios de cerca—declara el Señor—
y no un Dios de lejosa?
24 ¿Podrá alguno esconderse en escondites
de modo que yo no lo veaa?—declara el Señor.
¿No lleno yo los cielos y la tierra?—declara el Señorb.
¶25 He oídoa lo que dicen los profetas que profetizan mentira en mi nombreb, diciendo: «¡He tenido un sueño, he tenido un sueñoc!».
26 ¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engañoa de su corazón,
27 que tratan de que mi pueblo se olvide de mi nombre con los sueñosa que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron mi nombre a causa de Baalb?
28 El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga mi palabra, que hable mi palabra con fidelidada. ¿Qué tiene que ver la pajab con el grano?—declara el Señor.
29 ¿No es mi palabra como fuego—declara el Señora—y como martillo que despedazab la roca1?
30 Por tanto, he aquí, estoy contra los profetas—declara el Señor—que se roban mis palabras el uno al otroa.
31 He aquí, estoy contra los profetas—declara el Señor—que usan sus lenguas y dicen: «El Señor declara».
32 He aquí, estoy contra los que profetizan sueños falsosa—declara el Señor—y los cuentan y hacen errar a mi pueblo con sus mentirasb y sus presuncionesc, cuando yo no los envié ni les di órdenesd, ni son de provecho alguno para este pueblo—declara el Señor.
¶33 Y cuando te pregunte este pueblo, o el profetaa, o sacerdote, diciendo: «¿Cuál es la profecía1 del Señor?», les dirás: «¿Cuál profecía?». El Señor declara: «Yo os abandonaréb».
34 Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que digaa: «Profecía del Señor», traeré castigo sobre tal hombre y sobre su casa.
35 Así diréis cada uno a su prójimo y cada uno a su hermano: «¿Qué ha respondido el Señora? ¿Qué ha hablado el Señor?».
36 Y no os acordaréis más de la profecía del Señora, porque la palabra de cada uno le será por profecía, pues habéis pervertido las palabras del Dios viviente, del Señor de los ejércitos, nuestro Diosb.
37 Así dirás al profeta: «¿Qué te ha respondido el Señor? ¿Qué ha hablado el Señor?».
38 Pero si decís: «¡Profecía del Señor!», entonces así dice el Señor: «Por cuanto habéis dicho esta palabra: “¡Profecía del Señor!”, habiendo yo enviado a deciros: “No digáis: ‘¡Profecía del Señor!’ ”»,
39 por tanto, he aquí, ciertamente me olvidaré de vosotros y os echaré de mi presencia, junto con la ciudad que os di a vosotros y a vuestros padresa;
40 y pondré sobre vosotros oprobio eterno y humillación eterna que nunca será olvidadaa.
El Señor me mostró dos1 cestas de higosa colocadas delante del templo del Señor después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, desterró a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, y a los oficiales de Judá junto con los artesanos y herreros de Jerusalén, y los llevó a Babiloniab.
2 Una cesta tenía higos muy buenos, como los primeros higos madurosa; y la otra tenía higos muy malos, que de podridos no se podían comerb.
3 Entonces el Señor me dijo: ¿Qué ves, Jeremías? Y dijea: Higos; los higos buenos son muy buenos, y los malos, muy malos, que de podridos no se pueden comer.
¶4 Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo:
5 Así dice el Señor, Dios de Israel: «Como a estos higos buenos, así consideraré como buenos a los desterrados de Judá que yo he echado de este lugar a la tierra de los caldeosa.
6 »Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los traeré de nuevo a esta tierraa; los edificaré y no los derribaré, los plantaréb y no los arrancaré.
7 »Y les daré un corazón para que me conozcan, porque yo soy el Señor; y ellos serán mi pueblo y yo seré su Diosa, pues volverán a mí de todo corazónb.
¶8 »Pero como a los higos malos que de podridos no se pueden comera—así dice el Señor—de la misma manera abandonaré1 a Sedequíasb, rey de Judá, a sus oficialesc, al remanente de Jerusalén que queda en esta tierra y a los que habitan en la tierra de Egiptod.
9 »Los haré motivo de espanto y de calamidad para todos los reinos de la tierra, de oprobio y refrána, de burla y maldiciónb en todos los lugares adonde los dispersaréc.
10 »Y enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia hasta que sean exterminadosa de la tierra que les di a ellos y a sus padres».
Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá, en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá (este era el primer año de Nabucodonosora, rey de Babiloniab),
2 la cual el profeta Jeremías habló a todo el pueblo de Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, diciendoa:
3 Desde el año trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judáa, hasta hoy, en estos1 veintitrés años ha venido a mí la palabra del Señorb, y os he habladoc repetidas veces2, pero no habéis escuchadod.
4 Y el Señor os envió repetidas veces1 a todos sus siervos los profetas (pero no escuchasteis ni inclinasteis vuestro oído para oíra),
5 diciendo: «Volveos ahora cada cual de vuestro camino y de la maldad de vuestras obras, y habitaréis en la tierra que el Señor os dio a vosotros y a vuestros padresa para siempreb;
6 no vayáis tras otros dioses para servirles y postraros ante ellosa, no me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos, y no os haré ningún mal».
7 Pero no me habéis escuchado—declara el Señor—de modo que me provocasteis a ira con la obra de vuestras manos para vuestro propio mala.
8 Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos: «Por cuanto no habéis obedecido mis palabras,
9 he aquí, mandaré a buscar1 a todas las familias del norte—declara el Señora—y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo míob, y los traeré contra esta tierra, contra sus habitantes y contra todas estas naciones de alrededor; los destruiré por completo2 y los haré objeto de horror, de burla y de eterna desolaciónc.
10 »Y haré cesar1 de ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el sonido de las piedras de molinoa y la luz de la lámparab.
11 »Toda esta tierra será desolacióna y horror, y estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta añosb.
¶12 »Después que1 se hayan cumplido los setenta añosa, castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidadb—declara el Señor—y a la tierra de …
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| 1 | O, tendrá éxito |
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| 2 | * , andar |
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| 1 | * , hablan |
| 2 | * , corazón |
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| 1 | Otra posible lectura es: mi |
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| 1 | * , Y sucederá que cuando |
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