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Isaías 63–64
¿Quién es este que viene de Edoma,
de Bosrab con vestiduras de colores brillantes1c;
este, majestuoso en su ropaje,
que marcha2 en la plenitud de su fuerza?
Soy yo que hablo en justicia, poderoso para salvard.
y tus vestiduras como las del que pisa en el lagara?
3 El lagar lo he pisado yo soloa;
de los pueblos, ningún hombre estaba conmigo.
Los pisé en mi irab
y los hollé en mi furorc;
su sangre1 salpicó mis vestiduras
4 Porque el día de la venganza estaba en mi corazón,
y el año de mi redención había llegadoa.
5 Miré, y no había quien ayudaraa,
me asombré de que no hubiera quien apoyara;
entonces me salvó mi brazob,
y fue mi furor el que me sostuvo.
6 Pisoteé los pueblos en mi iraa,
los embriagué en mi furorb
y derramé su sangre por tierra1.
Recuento de las misericordias del Señor
¶7 Las misericordias del Señor recordaréa, las alabanzas del Señor,
conforme a todo lo que nos ha otorgado el Señor,
y la gran bondad hacia la casa de Israelb,
que les ha otorgado conforme a su compasión,
y conforme a la multitud de sus misericordiasc.
8 Porque Él dijo: Ciertamente, ellos son mi puebloa,
hijos que no engañarán.
Y Él fue su Salvadorb.
9 En todas sus angustias Él fue afligido1a,
y el ángel de su presencia los salvób;
en su amorc y en su compasión los redimiód,
los levantó y los sostuvo todos los días de antañoe.
10 Mas ellos se rebelarona
y contristaron su santo Espíritub;
por lo cual Él se convirtió en su enemigo
y peleó contra ellos.
11 Entonces su pueblo se acordó de los días antiguosa, de Moisés.
¿Dónde está el que los sacó del marb con los pastores1 de su rebaño?
¿Dónde está el que puso su santo Espíritu en medio de ellos2c,
12 el que hizo que su glorioso brazo fuera a la diestra de Moisésa,
el que dividió las aguas delante de ellos para hacerse un nombre eternob,
13 el que los condujo por los abismos?
Como un caballo en el desierto, no tropezarona;
14 como a ganado que desciende al valle,
el Espíritu del Señor les1 dio descansoa.
Así guiaste a tu pueblob,
para hacerte un nombre glorioso.
Plegaria por ayuda y misericordia
¶15 Mira desde el cieloa, y ve desde tu santa y gloriosa moradab;
¿dónde está tu celo y tu poderc?
La conmoción de tus entrañas y tu compasión para conmigo se han restringidod.
16 Porque tú eres nuestro Padrea, aunque Abrahamb no nos conoce,
ni nos reconoce Israel.
Tú, oh Señor, eres nuestro Padre,
desde la antigüedad tu nombre es Nuestro Redentorc.
17 ¿Por qué, oh Señor, nos haces desviar de tus caminosa
y endureces nuestro corazón a tu temorb?
Vuélvete por amor de tus siervos, las tribus de tu heredadc.
18 Por breve tiempo poseyó tu santuario tu pueblo santo;
nuestros adversarios lo han pisoteadoa.
19 Hemos venido a ser como aquellos sobre los que nunca gobernaste,
como aquellos que nunca fueron llamados por tu nombre.
1¡Oh, si rasgaras los cielos y descendierasa,
si los montes se estremecieran ante tu presenciab
2 1(como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua),
para dar a conocer tu nombre a tus adversarios,
para que ante tu presencia tiemblen las nacionesa!
3 Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamosa,
y descendiste, los montes se estremecieron ante tu presencia.
4 Desde la antigüedad no habían escuchado ni dado oídosa,
ni el ojo había visto a un Dios fuera de ti
que obrara a favor del que esperaba en Élb.
5 Sales al encuentro del que se regocijaa y practica la justiciab,
de los que se acuerdan de ti en tus caminosc.
He aquí, te enojaste porque pecamosd;
continuamos en los pecados1 por mucho tiempo,
¿ y seremos salvos?
6 Todos nosotros somos como el inmundoa,
y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justasb;
todos nos marchitamos como una hojac,
y nuestras iniquidadesd, como el viento, nos arrastran.
7 Y no hay quien invoque tu nombrea,
quien se despierte para asirse de ti;
porque has escondido tu rostro de nosotrosb
y nos has entregado al1 poder de nuestras iniquidades.
¶8 Mas ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padrea,
nosotros el barro, y tú nuestro alfarerob;
obra de tus manosc somos todos nosotros.
9 No te enojes en excesoa, oh Señor,
ni para siempre te acuerdes de la iniquidadb;
he aquí, mira, te rogamos, todos nosotros somos tu puebloc.
10 Tus ciudades santasa se han vuelto un desierto;
Sión se ha convertido en un desierto,
Jerusalén en una desolaciónb.
11 Nuestra casa santa y hermosaa
donde te alababan nuestros padres,
ha sido quemada por el fuego
y todas nuestras cosas preciosas se han convertido en ruinasb.
12 ¿Te contendrás ante estas cosas, oh Señor?
¿Guardarás silencio y nos afligirás sin medidaa?
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| 1 | O, carmesí |
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| 2 | * , inclinándose |
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| 1 | * , jugo |
| 2 | * , contaminé |
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| 1 | * , hice caer su jugo a la tierra |
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| 1 | Otra posible lectura es: El no fue adversario |
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| e | |
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| 1 | Algunos * dicen: el pastor |
| 2 | * , él |
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| a | |
| 1 | * , le |
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| 1 | En el texto heb., cap. 63:19 |
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| 1 | En el texto heb., cap. 64:1 |
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| 1 | * , en ellos |
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| 1 | Así en la versión gr. (sept.); en el * , derretido en el |
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