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Hechos de los Apóstoles 15–18
El problema de los judaizantes
Y algunos descendieron de Judea y enseñaban a los hermanosa: Si no os circuncidáisb conforme al rito de Moisésc, no podéis ser salvosd.
2 Como Pablo y Bernabé tuvieran gran1 disensión y debatea con ellos, los hermanos determinaron2 que Pablo y Bernabé, y algunos otros de ellos subieran a Jerusalénb a los apóstoles y a los ancianosc para tratar esta cuestión.
3 Así que, siendo enviados por la iglesiaa, pasaron por Feniciab y Samaria, relatando detalladamente la conversión de los gentilesc, y causaban gran gozo a todos los hermanosd.
4 Cuando llegaron a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, los apóstoles y los ancianosa, e informaron de todo lo que Dios había hecho con ellosb.
5 Pero algunos de la sectaa de los fariseosb que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlosc y mandarles que guarden la ley de Moisés.
¶6 Entonces los apóstoles y los ancianosa se reunieron para considerar1 este asunto2.
7 Y después de mucho debatea, Pedro se levantó y les dijo: Hermanos1, vosotros sabéis que en los primeros días2 Dios escogió de entre vosotros que por mi boca los gentiles oyeran la palabra del evangeliob y creyeranc.
8 Y Dios, que conoce el corazóna, les dio testimonio dándoles el Espíritu Santo, así como también nos lo dio a nosotrosb;
9 y ninguna distinción hizo entre nosotros y ellosa, purificando por la fe sus corazonesb.
10 Ahora pues, ¿por qué tentáis a Diosa poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevarb?
11 Creemos más bien que somos salvos por la gracia del Señor Jesúsa, de la misma manera que ellos también lo son.
¶12 Toda la multitud hizo silencio, y escuchaban a Bernabé y a Pablo, que relataban las señales1 y prodigiosa que Dios había hecho entre los gentiles por medio de ellosb.
13 Cuando terminaron de hablar, Jacobo1a respondió, diciendo: Escuchadme, hermanos.
14 Simón1a ha relatado cómo Dios al principio tuvo a bien2 tomar de entre los gentiles un pueblo para su nombre.
15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetasa, tal como está escrito:
y reedificaré el tabernáculo1 de David que ha caído.
Y reedificaré sus ruinas,
y lo levantaré de nuevo,
17 para que el resto de los hombres busque al Señora,
y todos los gentiles1 que son llamados por mi nombre2b,
18 dice el Señora, que hace saber todo esto1 desde tiempos antiguosb.
19 Por tanto, yo juzgo que no molestemosa a los que de entre los gentiles se convierten a Dios,
20 sino que les escribamos que se abstengan de cosas contaminadas1 por los ídolosa, de fornicación, de lo estrangulado y de sangreb.
21 Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leídoa en las sinagogas.
La carta del concilio a los gentiles
¶22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianosa, con toda la iglesia, escoger de entre ellos algunos hombres para enviarlos a Antioquíab con Pablo y Bernabé: a Judas, llamado Barsabás, y a Silasc, hombres prominentes entre los hermanosd,
23 y enviaron esta carta con ellos1:
Los apóstoles, y los hermanos que son ancianos2a, a los hermanosb en Antioquíac, Siriad y Ciliciae que son de los gentiles, saludosf.
24 Puesto que hemos oído que algunos de entre nosotros, a quienes no autorizamos, os han inquietadoa con sus palabrasb, perturbando vuestras almas,
25 nos pareció biena, habiendo llegado a un común acuerdo1, escoger algunos hombres para enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,
26 hombres que han arriesgado1 su vidaa por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
27 Por tanto, hemos enviado a Judas y a Silasa, quienes también os informarán las mismas cosas verbalmente1.
28 Porque pareció biena al Espíritu Santob y a nosotrosc no imponeros mayor carga que estas cosas esenciales:
29 que os abstengáis de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicacióna. Si os guardáis de tales cosas1, bien haréis. Pasadlo bien.
¶30 Así que ellos, después de ser despedidos, descendieron a Antioquíaa; y reuniendo a la congregación1, entregaron la carta;
31 y cuando la leyeron, se regocijaron por el consuelo1 que les impartía.
32 Siendo Judas y Silasa también profetasb, exhortaron y confortaron a los hermanosc con un largo mensaje.
33 Y después de pasar allí algún tiempo, fueron despedidos en paza por los hermanos para volver a aquellos que los habían enviadob.
34 1Pero a Silas le pareció bien quedarse allí.
35 Mas Pablo y Bernabéa se quedaron en Antioquía, enseñando y predicando con muchos otros, la1 palabrab del Señorc.
¶36 Después de algunos días Pablo dijo a Bernabé: Volvamos y visitemos a los hermanos en todas las ciudadesa donde hemos proclamado la palabra del Señorb, para ver cómo están.
37 Bernabé quería llevar también con ellos a Juan, llamado Marcosa,
38 pero Pablo consideraba que no debían llevar consigo a quien los había desertado en1 Panfiliaa y no los había acompañado en2 la obra.
39 Se produjo un desacuerdo tan grande que se separaron el uno del otro, y Bernabé tomó consigo a Marcosa y se embarcó rumbo a Chipreb.
40 Mas Pablo escogió a Silasa y partió, siendo encomendado por los hermanos a la gracia del Señorb.
41 Y viajaba por Siriaa y Ciliciab confirmando a las iglesias.
Llegó también a Derbe y a Listraa. Y1 estaba allí cierto discípulo llamado Timoteob, hijo de una mujer judía creyentec, pero de padre griego,
2 del cual hablaban elogiosamente los hermanosa que estaban en Listrab y en Iconioc.
3 Pablo quiso que este fuera1 con él, y lo tomó y lo circuncidóa por causa de los judíos que había en aquellas regiones, porque todos sabían que su padre era griego.
4 Y conforme pasaban por las ciudades, entregaban los acuerdosa tomados por los apóstoles y los ancianosb que estaban en Jerusalén, para que los observaran.
5 Así que las iglesiasa eran confirmadas en la fe1, y diariamente crecían en númerob.
Visión de Pablo del hombre macedonio
¶6 Pasaron por la región de Frigiaa y Galacia1b, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia2c,
7 y cuando llegaron a Misiaa, intentaron ir a Bitiniab, pero el Espíritu de Jesúsc no se lo permitió.
8 Y pasando por Misiaa, descendieron a Troasb.
9 Por la noche se le mostró a Pablo una visióna: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole y diciendo: Pasa a Macedoniab y ayúdanos.
10 Cuando tuvo1 la visióna, enseguida procuramosb ir a2 Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelioc.
¶11 Así que1, zarpando de Troasa, navegamos con rumbo directob a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis,
12 y de allí a Filiposa, que es una ciudad principal de la provincia de Macedoniab, una colonia romanac; en esta ciudad nos quedamos por varios días.
13 Y en el día de reposoa salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un lugar de oración; nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido.
14 Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatiraa, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Diosb; y el Señor abrió su corazón1c para que recibiera lo que Pablo decía.
15 Cuando ella y su familia1a se bautizaron, nos rogó, diciendo: Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid a mi casa y quedaos en ella. Y nos persuadió a ir.
Conversión de la muchacha adivina
¶16 Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oracióna, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinaciónb, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando.
17 Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimoa, quienes os proclaman el1 camino de salvación.
18 Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: ¡Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y salió en aquel mismo momento1a.
¶19 Pero cuando sus amos vieron que se les había ido1 la esperanza de su gananciaa, prendieron a Pablo y a Silasb, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridadesc;
20 y después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad,
21 y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observara, puesto que somos romanosb.
22 La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varasa.
23 Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carceleroa que los guardara con seguridad;
24 el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepoa.
¶25 Como a medianoche, Pablo y Silasa oraban y cantabanb himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
26 De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidosa; al instante se abrieron todas las puertasb y las cadenas de todos se soltaronc.
27 Al despertar el carceleroa y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matarb, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
29 Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silasa,
30 y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacera para ser salvo?
31 Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvoa, tú y toda tu casab.
32 Y le hablaron la palabra del Señor1 a él y a todos los que estaban en su casa.
33 Y él los tomó en aquella misma hora de la nochea, y les lavó las heridas; enseguida fue bautizado, él y todos los suyos.
34 Llevándolos a su hogar, les dio de comer1, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos2a.
¶35 Cuando se hizo de día, los …
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| 1 | * , no pequeña |
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| 2 | * , se determinó |
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| 1 | * , para ver sobre |
| 2 | * , esta palabra |
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| 2 | * , desde los días antiguos |
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| 1 | O, milagros |
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| 1 | O, Santiago |
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| 1 | O, Simeón |
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| 2 | * , se interesó en |
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| 1 | O, la tienda |
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| 1 | O, todas las naciones |
| 2 | * , sobre quienes mi nombre es invocado |
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| 1 | O, que hace estas cosas conocidas |
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| 1 | * , las contaminaciones |
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| 1 | * , escribieron por mano de ellos |
| 2 | O, presbíteros |
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| 1 | O, habiéndonos reunido |
| 1 | * , entregado |
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| 1 | * , de palabra |
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| 1 | * , de los cuales absteniendo |
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| 1 | O, multitud |
| 1 | O, la exhortación |
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| 1 | O, y anunciando las buenas nuevas … de la |
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| 1 | * , desde |
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| 2 | * , a |
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| 1 | * , Y he aquí |
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| 1 | * , saliera |
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| 1 | O, en fe |
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| 1 | O, Frigia y la región de Galacia |
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| 2 | I.e., la provincia de la costa occidental de Asia Menor |
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| 1 | * , vio |
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| 1 | Algunos * antiguos dicen: Y |
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| 1 | * , cuyo corazón el Señor abrió |
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| 1 | * , casa |
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| 1 | * , un |
| 1 | * , aquella misma hora |
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| 1 | * , que había salido |
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| 1 | Algunos * antiguos dicen: de Dios |
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| 1 | * , les puso la mesa |
| 2 | O, con toda su familia |
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