Daniel 7:7–14
La Biblia de las AméricasOtras versiones
Español
Alemán
Árabe
Checo
Chino simplificado
Chino tradicional
Coreano
Francés
Hebreo
Húngaro
Inglés
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
Italiano
Latín
Portugués
Ruso
7Después de esto seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, una cuarta bestia, terrible, espantosa y en gran manera fuerte que tenía enormes dientes de hierro; devoraba, desmenuzaba y hollaba los restos con sus pies. Era diferente de todas las bestias que le antecedieron y tenía diez cuernosa.
8Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí, otro cuerno, uno pequeño, surgió entre ellosa, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él; y he aquí, este cuerno tenía ojos1 como los ojos de un hombre, y una boca que hablaba con mucha arrogancia2b.
9Seguí mirando
hasta que se establecieron tronosa,
y el Anciano de Días se sentó.
Su vestidura era blanca como la nieveb,
y el cabello de su cabeza como lana pura,
su trono, llamas de fuegoc,
y sus ruedas, fuego abrasadord.
10Un río de fuego corría,
saliendo de delante de Éla.
Miles de millares le servían,
y miríadas de miríadas estaban en pie delante de Élb.
El tribunal se sentóc,
y se abrieron los librosd.
11Entonces yo seguí mirando a causa del ruido de las palabras arrogantes1 que el cuerno decía; seguí mirando hasta que mataron a la bestia, destrozaron su cuerpo y lo echaron a las llamas del fuegoa.
12A las demás bestias, se les quitó el dominio, pero les fue concedida una prolongación de la vida por un tiempo determinado.
13Seguí mirando en las visiones nocturnas,
y he aquí, con las nubes del cielo
venía uno como un Hijo de Hombrea,
que se dirigió al Anciano de Días
y fue presentado ante Él.
14Y le fue dado dominio,
para que todos los pueblos, naciones y lenguas
le sirvieranb.
Su dominio es un dominio eternoc
que nunca pasarád,
y su reino uno
que no será destruidoe.
Notas al pie
Referencias cruzadas
- aDan. 7:19, 20, 23; Apoc. 12:3; 13:1
- aDan. 8:9
- bApoc. 13:5, 6
- aApoc. 20:4
- bMar. 9:3
- cApoc. 1:14
- dEzeq. 1:13, 26; 10:2, 6
- aSal. 18:8; 50:3; 97:3; Isa. 30:27, 33
- bDeut. 33:2; 1 Rey. 22:19; Apoc. 5:11
- cSal. 96:11–13; Dan. 7:22, 26
- dDan. 12:1; Apoc. 20:11–15
- aApoc. 19:20; 20:10
- aMat. 24:30; 26:64; Mar. 13:26; 14:62; Luc. 21:27; Apoc. 1:7, 13; 14:14
- aDan. 2:37
- bSal. 72:11; 102:22
- cDan. 7:27; Juan 3:35; 1 Cor. 15:27; Ef. 1:20–22; Fil. 2:9–11; Apoc. 1:6; 11:15
- dMiq. 4:7; Luc. 1:33
- eHeb. 12:28
Copyright 1986, 1995, 1997 The Lockman Foundation