Estudio bíblico Logos

Daniel 9–10

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Capitulo 9

Oración de Daniel por su pueblo

En el año primero de Daríoa, hijo de Asuero, descendiente1 de los medos, que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos,

2en el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta añosa.

3Volví1 mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza.

4Y oré al Señor mi Dios e hice confesión y dije: Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordiaa para los que le aman y guardan sus mandamientosb,

5hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo maloa, nos hemos rebeladob y nos hemos apartado de tus mandamientosc y de tus ordenanzas.

6No hemos escuchado a tus siervos los profetasa que hablaron en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

7Tuya es la justicia, oh Señor, y nuestra la vergüenza en el rostro, como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israela, a los que están cerca y a los que están lejos en todos los países adonde los has echadob, a causa de las infidelidades que cometieron contra tic.

8Oh Señor, nuestra es la vergüenza del rostro, y de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque hemos pecado contra ti.

9Al Señor nuestro Dios pertenece la compasión y el perdóna, porque1 nos hemos rebelado contra Élb,

10y no hemos obedecido la voz del Señor nuestro Dios para andar en sus enseñanzas1, que Él puso delante de nosotros por medio2 de sus siervos los profetasa.

11Ciertamente todo Israel ha transgredido tu ley y se ha apartado, sin querer obedecer tu voza; por eso ha sido derramada sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la leyb de Moisés, siervo de Dios, porque hemos pecado contra Él.

12Y Él ha confirmado las palabras que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron1, trayendo sobre nosotros gran calamidada, pues nunca se ha hecho debajo del2 cielo nada como lo que se ha hecho contra Jerusalénb.

13Como está escrito en la ley de Moisés, toda esta calamidad ha venido sobre nosotrosa, pero no hemos buscado el favor1 del Señor nuestro Dios, apartándonos de nuestra iniquidad y prestando atención a2 tu verdadb.

14Por tanto, el Señor ha estado guardando esta1 calamidada y la ha traído sobre nosotros; porque el Señor nuestro Dios es justo en todas las obras que ha hecho, pero nosotros no hemos obedecido su vozb.

15Y ahora, Señor Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosaa, y te has hecho un nombre, como hoy se veb, hemos pecado, hemos sido malos.

16Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia1, apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad, Jerusaléna, tu santo monteb; porque a causa de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos los que nos rodeanc.

17Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración de tu siervo y sus súplicas, y haz resplandecer tu rostroa sobre tu santuario desoladob, por amor de ti mismo, oh Señor1.

18Inclina tu oído, Dios mío, y escucha. Abre tus ojos y miraa nuestras desolaciones y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombreb; pues no es por nuestros propios méritos1 que presentamos2 nuestras súplicasc delante de ti, sino por tu gran compasión.

19¡Oh Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y actúa! ¡No tardes, por amor de ti mismo, Dios míoa! Porque tu nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

La profecía de las setenta semanas

20Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israela, y presentando1 mi súplica delante del Señorb mi Dios por el santo monte de mi Dios,

21todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visióna al principio, se me acercó, estando yo muy cansado1, como a la hora de la ofrenda de la tardeb.

22Me instruyó, habló conmigo y dijoa: Daniel, he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento.

23Al principio de tus súplicas se dio la orden1, y he venido para explicártelaa, porque eres muy estimado2; pon atención a la orden y entiende la visiónb.

24Setenta semanas1 han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a2 la transgresión, para terminar con el pecado3, para expiar la iniquidada, para traer justicia eternab, para sellar la visión y la profecía4, y para ungir el lugar santísimo5.

25Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusaléna hasta el Mesíasb Príncipe1c, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; volverá a ser edificada, con plaza2 y foso, pero en tiempos de angustia.

26Después de las sesenta y dos semanas el Mesías1 será muerto2 y no tendrá nada3a, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudadb y el santuario. Su fin vendrá con inundaciónc; aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas4.

27Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones1 vendrá el desolador2, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador2a.

Capitulo 10

Visión junto al Tigris

En el año tercero de Ciro, rey de Persia, un mensaje1 fue revelado a Daniela, a quien llamaban Beltsasarb. El mensaje1 era verdadero y acerca de un gran conflicto2; él comprendió el mensaje1 y tuvo entendimiento de la visiónc.

2En aquellos días, yo, Daniel, había estado en dueloa durante tres semanas completas.

3No comí manjar delicado1 ni entró en mi boca carne ni vinoa, ni usé ungüento alguno, hasta que se cumplieron las tres semanas.

4Y el día veinticuatro del primer mes, estando yo junto a la orilla del gran ríoa, es decir, el Tigris1,

5alcé los ojos y miré, y he aquí, había un hombre vestido de linoa, cuya cintura estaba ceñida con un cinturón de orob puro de Ufazc.

6Su cuerpo era como de berilo1, su rostro tenía2 la apariencia de un relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y pies como el brillo del bronce bruñidoa, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud.

7Y solo yo, Daniel, vi la visióna; los hombres que estaban conmigo no vieron la visiónb, pero un gran terrorc cayó sobre ellos y huyeron a esconderse.

8Me quedé soloa viendo esta gran visión; no me quedaron fuerzas, y mi rostro1 se demudó, desfigurándoseb, sin retener yo fuerza alguna.

9Pero oí el sonido de sus palabras, y al oír el sonido de sus palabras, caí en un sueño profundo sobre mi rostro, con mi rostro en tierraa.

10Entonces, he aquí, una mano me tocóa, y me hizo temblar sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos.

11Y me dijo: Daniel, hombre muy estimado1a, entiendeb las palabras que te voy a decir y ponte en pie2c, porque ahora he sido enviado a ti. Cuando él me dijo estas palabras, me puse en pie temblandod.

12Entonces me dijo: No temasa, Daniel, porque desde el primer día en que te propusiste en tu corazón entender y humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y a causa de tus palabras he venidob.

13Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso1 por veintiún días, pero he aquí, Miguel, uno de los primeros príncipesa, vino en mi ayuda, ya que yo había sido dejado allí con los reyes de Persia.

14Y he venido para darte a conocera lo que sucederá a tu pueblo al final de los díasb, porque la visión es para días aún lejanosc.

15Cuando habló conmigo estas palabras, volví1 mi rostro a tierra y enmudecía.

16Y he aquí, uno semejante a un hombre1a tocó mis labios; entonces abrí mi boca y habléb, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, a causa de la visión me ha invadido la angustia2 y me he quedado sin fuerzasc.

17¿Cómo podrá, pues, este siervo de mi señor hablar con uno como mi señora? Porque a mí en este momento no me queda fuerza alguna, ni tampoco me queda alientob.

18Entonces el que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez y me fortalecióa,

19y me dijo: No temas, hombre muy estimado1. La paz sea contigo2a; sé fuerte y esfuérzateb. Cuando habló conmigo, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecidoc.

20Entonces él dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Ahora vuelvo para luchar contra el príncipe1 de Persia, y cuando yo termine2, he aquí, el príncipe1 de Grecia3a vendrá.

21Sin embargo, te declararé lo que está inscrito en el libro de la verdad, pero no hay nadie que se mantenga firme a mi lado1a contra estas fuerzas, sino Miguel, vuestro príncipeb.

Leer en Logos

Notas al pie

  1. 1, de la simiente
  2. 1, Puse
  3. 1O, aunque
  4. 1O, leyes
  5. 2, mano
  6. 1, jueces que nos juzgaron
  7. 2, de todo el
  8. 1, ablandando el rostro
  9. 2O, teniendo entendimiento de
  10. 1, velando sobre la
  11. 1, todas tus justicias
  12. 1, por amor del Señor
  13. 1, nuestras justicias
  14. 2, hacemos caer
  15. 1, haciendo caer
  16. 1, cansado con cansancio; otra posible lectura es: se me acercó volando velozmente
  17. 1, salió la palabra
  18. 2, eres deseado
  19. 1O, Unidades de siete, y así en el resto del cap.
  20. 2O, impedir
  21. 3Otra posible lectura es: para sellar pecados
  22. 4, el profeta
  23. 5O, al Santo de los santos
  24. 1O, un príncipe ungido
  25. 2O, calle
  26. 1O, el ungido
  27. 2O, cortado
  28. 3O, a nadie
  29. 4O, guerra será decretada a las desolaciones
  30. 1O, cosas detestables
  31. 2O, que causa horror
  32. 1, la palabra
  33. 2O, guerra
  34. 1, pan apetecible
  35. 1Heb., Hiddekel
  36. 1O, serpentina amarilla
  37. 2, como
  38. 1, mi esplendor
  39. 1, deseado
  40. 2, de pie donde estás
  41. 1, se puso de pie frente a mí
  42. 1, puse
  43. 1, como una semejanza de hijos de hombre
  44. 2, me han sobrevenido mis dolores
  45. 1, deseado
  46. 2, para ti
  47. 1I.e., ángel satánico
  48. 2O, salga
  49. 3Heb., Yavan
  50. 1, se muestre fuerte conmigo

Referencias cruzadas

  1. aDan. 5:31; 11:1
  2. a2 Crón. 36:21; Esd. 1:1; Jer. 25:11, 12; 29:10; Zac. 7:5
  3. aDeut. 7:21; Neh. 9:32
  4. bDeut. 7:9
  5. a1 Rey. 8:48; Neh. 9:33; Sal. 106:6; Isa. 64:5–7; Jer. 14:7
  6. bLam. 1:18, 20
  7. cSal. 119:176; Isa. 53:6; Dan. 9:11
  8. a2 Crón. 36:16; Jer. 44:4, 5
  9. aJer. 23:6; 33:16; Dan. 9:18
  10. bDeut. 4:27
  11. cSal. 44:15; Jer. 2:26, 27; 3:25
  12. aNeh. 9:17; Sal. 130:4
  13. bSal. 106:43; Jer. 14:7; Dan. 9:5, 6
  14. a2 Rey. 17:13–15; 18:12
  15. aIsa. 1:3, 4; Jer. 8:5–10
  16. bDeut. 27:15–26
  17. aJob 12:17; Sal. 82:2–7; 148:11
  18. bIsa. 44:26; Jer. 44:2–6; Lam. 1:12; 2:13, 17; Ezeq. 5:9; Zac. 1:6
  19. aLev. 26:14–45; Deut. 28:16–68; Dan. 9:11
  20. bJob 36:13; Isa. 9:13; Jer. 2:30; 5:3; 31:18
  21. aJer. 31:28; 44:27
  22. bSal. 51:14; Dan. 9:7
  23. aDeut. 5:15
  24. bNeh. 9:10; Jer. 32:20
  25. aJer. 32:31, 32
  26. bSal. 87:1–3; Dan. 9:20; Joel 3:17; Zac. 8:3
  27. cEzeq. 5:14
  28. aNúm. 6:24–26; Sal. 80:3, 7, 19
  29. bLam. 5:18
  30. aSal. 80:14; Isa. 37:17
  31. bJer. 7:10–12
  32. cJer. 36:7
  33. aSal. 44:23; 74:10, 11
  34. aIsa. 6:5
  35. bSal. 145:18; Isa. 58:9; Dan. 9:3; 10:12
  36. aDan. 8:16; Luc. 1:19, 26
  37. bEx. 29:39; 1 Rey. 18:36; Esd. 9:4
  38. aDan. 8:16; 10:21; Zac. 1:9
  39. aDan. 10:11, 12, 19
  40. bMat. 24:15
  41. aLev. 25:8; Núm. 14:34; 2 Crón. 29:24; Isa. 53:10; Ezeq. 4:5, 6; Rom. 5:10
  42. bIsa. 51:6, 8; 56:1; Jer. 23:5, 6; Rom. 3:21, 22
  43. aEsd. 4:24; 6:1–15; Neh. 2:1–8; 3:1
  44. bJuan 1:41; 4:25
  45. cIsa. 9:6; Dan. 8:11, 25
  46. aIsa. 53:8; Mar. 9:12; Luc. 24:26
  47. bMat. 24:2; Mar. 13:2; Luc. 19:43, 44
  48. cNah. 1:8
  49. aIsa. 10:23; 28:22; Dan. 11:31; Mat. 24:15; Mar. 13:14; Luc. 21:20
  50. aDan. 1:21; 6:28
  51. bDan. 1:7
  52. cDan. 1:17; 2:21; 8:26
  53. aEsd. 9:4, 5; Neh. 1:4
  54. aDan. 6:18
  55. aEzeq. 1:3; Dan. 8:2
  56. aEzeq. 9:2; Dan. 12:6, 7
  57. bApoc. 1:13; 15:6
  58. cJer. 10:9
  59. aApoc. 1:14; 2:18; 19:12
  60. a2 Rey. 6:17–20
  61. bHech. 9:7
  62. cEzeq. 12:18
  63. aGén. 32:24
  64. bDan. 7:28; 8:27; Hab. 3:16
  65. aGén. 15:12; Job 4:13; Dan. 8:18
  66. aJer. 1:9; Dan. 8:18
  67. aDan. 10:19
  68. bDan. 8:16, 17
  69. cEzeq. 2:1
  70. dJob 4:14, 15
  71. aIsa. 41:10, 14; Dan. 10:19
  72. bDan. 9:20–23; 10:2, 3; Hech. 10:30, 31
  73. aDan. 10:21; 12:1; Jud. 9; Apoc. 12:7
  74. aDan. 8:16; 9:22
  75. bDeut. 31:29; Dan. 2:28
  76. cDan. 8:26; 12:4, 9
  77. aEzeq. 3:26; 24:27; Luc. 1:20
  78. aDan. 8:15
  79. bIsa. 6:7; Jer. 1:9
  80. cDan. 7:15, 28; 8:17, 27; 10:8, 9
  81. aEx. 24:10, 11; Isa. 6:1–5
  82. bDan. 10:8
  83. aIsa. 35:3, 4
  84. aJue. 6:23; Isa. 43:1; Dan. 10:12
  85. bJos. 1:6, 7, 9; Isa. 35:4
  86. cSal. 138:3; 2 Cor. 12:9
  87. aDan. 8:21; 11:2
  88. aDan. 12:4
  89. bDan. 10:13; Apoc. 12:7