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Daniel 5–6
El festín y la escritura en la pared
El rey Belsasar dio un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vinoa.
2 Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre1 había sacado del templo que estaba en Jerusaléna, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.
3 Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos.
4 Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedraa.
¶5 De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso1 de la mano que escribía.
6 Entonces el rostro del rey palideció1, y sus pensamientos lo turbarona, las coyunturas de sus caderas se le relajaronb y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otrac.
7 El rey gritó fuertemente que trajeran a los encantadores, a los caldeos1 y a los adivinos. El rey habló, y dijo a los sabios de Babilonia: Cualquiera que pueda leer esta inscripción y declararme su interpretacióna, será vestido de púrpura, llevará un collar de oro al cuello y tendrá autoridad como tercero2 en el reinob.
8 Entonces entraron todos los sabios del rey, pero no pudieron leer la inscripción ni dar a conocer al rey su interpretacióna.
9 Y el rey Belsasar se turbó en gran manera, su rostro palidecióa aún más1; también sus nobles quedaron perplejosb.
¶10 La reina, al enterarse de las palabras del rey y de sus nobles, entró en la sala1 del banquete y2 tomando la palabra, dijo: ¡Oh rey, vive para siemprea! No te turben tus pensamientos ni se mude tu semblante3.
11 Hay un hombre en tu reino en quien está el espíritu de los dioses santos1; y en los días de tu padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría como la sabiduría de los diosesa. Y tu padre, el rey Nabucodonosor, tu padre el rey2, lo nombró jefe de los magos3b, encantadores, caldeos4 y adivinosc,
12 debido a que se halló un espíritu extraordinario, ciencia e inteligenciaa, interpretación de sueños, explicación de enigmas y solución de problemas difíciles en este hombre, Daniel, a quien el rey llamaba Beltsasar. Llámese, pues ahora, a Danielb, y él declarará la interpretación.
¶13 Entonces Daniel fue traído ante el rey. El rey habló y dijo a Daniel: ¿Eres tú aquel Daniel de los deportados1 de Judáa, que el rey mi padre trajo de Judáb?
14 He oído de ti que el espíritu de los dioses1 está en ti, y que luz, inteligencia y extraordinaria sabiduría se hallan en ti.
15 Ahora mismo los sabios y encantadores fueron traídos delante de mí para que leyeran esta inscripción y me dieran a conocer su interpretacióna, pero no pudieron declarar la interpretación del escrito1b.
16 Mas yo he oído decir de ti que puedes dar interpretaciones y resolver problemas difíciles. Ahora, si puedes leer la inscripción y darme a conocer su interpretacióna, serás vestido de púrpura y llevarás un collar de oro al cuello, y tendrás autoridad como tercero1 en el reinob.
¶17 Entonces Daniel respondió, y dijoa delante del rey: Sean para ti tus regalos y da tus recompensas a otro. Yo leeré, sin embargo, la inscripción al rey y le daré a conocer su interpretación.
18 Oh rey1, el Dios Altísimoa concediób a tu padre Nabucodonosorc soberanía2, grandeza, gloria y majestad.
19 Y a causa de la grandeza que Él le concedió, todos los pueblos, naciones y lenguas temían y temblaban delante de él; a quien quería, mataba, y a quien quería, dejaba con vida; exaltaba a quien quería, y a quien quería humillabaa.
20 Pero cuando su corazón se enaltecióa y su espíritu se endureció en su arroganciab, fue depuesto de su trono real y su gloria le fue quitadac.
21 Y fue echado de entre los hombres1, su corazón se hizo semejante al de las bestias y con los asnos montesesa tuvo su morada. Se le dio a comer hierba como al ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Dios Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que pone sobre él a quien le placeb.
22 Mas tú, su hijo1 Belsasar, no has humilladoa tu corazón aunque2 sabías todo esto,
23 sino que te has ensalzado contra el Señor del cieloa; y han traído delante de ti los vasos de su templo1, y tú y tus nobles, tus mujeres y tus concubinas, habéis estado bebiendo vino en ellos y habéis alabado a los dioses de plata y oro, de bronce, hierro, madera y piedrab, que ni ven, ni oyen, ni entiendenc; pero al Dios que tiene en su mano tu propio alientod y es dueño de todos tus caminose, no has glorificado;
24 por lo cual Él envió de su presencia la mano1a que trazó esta inscripción.
¶25 Y esta es la inscripción que fue trazada: Mene1, Mene1, Tekel2, Ufarsin3.
26 Esta es la interpretación del escrito1: Mene: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fina.
27 Tekel: has sido pesado en la balanzaa y hallado falto de peso.
28 Peres: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas1a.
¶29 Entonces Belsasar ordenó que vistieran a Daniel de púrpura y le pusieran un collar de oro al cuello, y que proclamaran acerca de él, que él tenía ahora autoridad como tercero1 en el reinoa.
¶30 Aquella misma noche fue asesinado Belsasara, rey de los caldeosb.
31 1Y Darío el medo recibió el reinoa cuando tenía sesenta y dos años.
Daniel en el foso de los leones
1Le pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas que gobernaran en todo el reino,
2 y sobre ellos, tres funcionarios (uno de los cuales era Daniela) a quienes estos sátrapas rindieran cuenta, para que el rey no fuera perjudicadob.
3 Pero1 este mismo Daniel sobresalía entre2 los funcionarios y sátrapas porque había en él un espíritu extraordinarioa, de modo que el rey pensó ponerlo sobre todo el reinob.
4 Entonces los funcionarios y sátrapas buscaron un motivo para acusara a Daniel con respecto a los asuntos del reino; pero no pudieron encontrar ningún motivo de acusación ni evidencia alguna de corrupción, por cuanto él era fiel, y ninguna negligencia ni corrupción podía hallarse en élb.
5 Entonces estos hombres dijeron: No encontraremos ningún motivo de acusación contra este Daniel a menos que encontremos algo contra él en relación con la ley de su Diosa.
6 Estos funcionarios y sátrapas, de común acuerdo1, fueron entonces al rey y le dijeron así: ¡Rey Darío, vive para siemprea!
7 Todos los funcionarios del reino, prefectos, sátrapas, altos oficiales y gobernadoresa, han acordado que el rey promulgue un edicto y ponga en vigor el mandato de que cualquiera que en el término de treinta días haga petición a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leonesb.
8 Ahora pues, oh rey, promulga el mandato y firma el documento para que no sea modificado, conforme a la leya de los medos y persas, que no puede ser revocada1b.
9 Por tanto, el rey Darío firmó el documento, esto es, el mandatoa.
¶10 Cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (en su aposento superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusaléna), y como1 lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al díab, orandoc y dando graciasd delante de su Dios.
11 Entonces estos hombres, de común acuerdo1, fueron y encontraron a Daniel orando y suplicando delante de su Diosa;
12 por lo cual se presentaron ante el rey y le hablaron tocante al mandato real: ¿No firmaste un mandato que cualquier hombre que en el término de treinta días hiciera petición a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, fuera echadoa en el foso de los leones? El rey respondió, y dijo: La orden1 es cierta, conforme a la ley de los medos y persas, que no puede ser revocada2b.
13 Entonces ellos respondieron y dijeron al rey: Daniel, que es uno de los deportados1 de Judáa, no te hace caso, oh reyb, ni del mandato que firmaste, sino que tres veces al día hace su oración.
14 Al oír estas palabras, el rey se afligió muchoa y se propuso librar a Daniel; y hasta la puesta del sol estuvo buscando la manera de librarlo.
15 Entonces aquellos hombres vinieron de común acuerdo1 al rey y le dijeron2: Reconoce, oh rey, que es ley de los medos y persas que ningún mandato o edicto que el rey establezca, puede ser revocadoa.
¶16 El rey entonces dio órdenes que trajeran a Daniel y lo echaran en el foso de los leonesa. El rey habló a Daniel y le dijo: Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, Él te libraráb.
17 Trajeron una piedra y la pusieron sobre la boca del foso; el rey la sellóa con su anillo y con los anillos de sus nobles, para que nada pudiera cambiarse de lo ordenado en cuanto a Daniel.
18 Después el rey se fue a su palacio y pasó la noche en ayunoa; ningún entretenimiento fue traído ante él y se le fue el sueñob.
¶19 Entonces el rey se levantó al amanecer, al rayar el alba, y fue a toda prisa al foso de los leones.
20 Y acercándose al foso, gritó a Daniel con voz angustiada. El rey habló a Daniel y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, tu Dios, a quien sirves con perseverancia, ¿te ha podido librar de los leonesa?
21 Entonces Daniel respondió al1 rey: Oh rey, vive para siemprea.
22 Mi Dios envió su ángela, que cerró la boca de los leonesb, y no me han hecho daño alguno porque fui hallado inocente1 ante Él; y tampoco ante ti, oh rey, he cometido crimen alguno.
23 El rey entonces se alegró mucho y mandó sacar a Daniel del foso. Cuando Daniel fue sacado del foso, no se encontró en él lesión algunaa, porque había confiado en su Diosb.
24 El rey dio órdenes que trajeran a aquellos hombres que habían acusado falsamentea a1 Daniel, y que los echaran, a ellos, a sus hijosb y a sus mujeres en el foso de los leones. No habían llegado aún al fondo del foso, cuando ya los leones se habían apoderado de ellos y triturado todos sus huesos.
¶25 Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitaban en toda la tierraa: Que abunde …
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| 1 | O, antepasado, y así en el resto del cap. |
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| 1 | * , la palma |
| 1 | * , se le cambió su brillantez |
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| 1 | O, astrólogos |
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| 2 | O, un triumviro |
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| 1 | * , su brillantez cambió en él |
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| 1 | * , casa |
| 2 | * , la reina |
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| 3 | * , se cambie tu brillantez |
| 1 | O posiblemente, el Espíritu del Dios santo |
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| 2 | U, oh rey |
| 3 | O, sacerdotes adivinos |
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| 4 | O, astrólogos |
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| 1 | * , hijos del destierro |
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| 1 | O posiblemente, el Espíritu de Dios |
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| 1 | * , de la palabra |
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| 1 | O, un triumviro |
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| 1 | * , Tú, oh rey |
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| 2 | O, el reino |
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| 1 | * , hijos del hombre |
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| 1 | O, descendiente |
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| 2 | * , por cuanto |
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| 1 | * , casa |
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| e | |
| 1 | * , la palma de la mano |
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| 1 | O, una mina (50 siclos), del verbo contar |
| 2 | O, un siclo, del verbo pesar |
| 3 | O, y medios siclos, del verbo dividir (singular arameo, peres) |
| 1 | * , de la palabra |
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| 1 | arameo: paras |
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| 1 | O, un triumviro |
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| b | |
| 1 | En arameo, cap. 6:1 |
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| 1 | En arameo, cap. 6:2 |
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| 1 | * , Entonces |
| 2 | * , sobre |
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| b | |
| a | |
| 1 | O, en grupo |
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| 1 | * , nunca dejará de ser |
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| 1 | O, porque |
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| 1 | O, en grupo |
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| 1 | * , palabra |
| 2 | * , nunca dejará de ser |
| b | |
| 1 | * , hijos del destierro |
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| 1 | O, en grupo |
| 2 | * , y dijeron al rey |
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| 1 | * , habló con el |
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| 1 | * , inocencia fue hallada en mí |
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| 1 | * , habían comido los pedazos de |
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