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Apocalipsis 9–10
El quinto ángel tocó la trompetaa, y vi una estrella que había caído del cielob a la tierra, y se le dio la llavec del pozo del abismod.
2 Cuando abrió el pozo del abismo, subió humoa del pozo como el humo de un gran horno, y el sol y el aireb se oscurecieron por el humo del pozo.
3 Y del humo salieron langostas sobre1 la tierraa, y se les dio poder como tienen poder2 los escorpiones de la tierrab.
4 Se les dijo que no dañarana la hierba de la tierrab, ni ninguna cosa verde, ni ningún árbol, sino solo a los hombres que no tienen el sello de Dios en la frentec.
5 No se les permitió matar a nadie1, sino atormentarlos por cinco mesesa; y su tormento era como el tormento de un escorpión cuando pica2 al hombreb.
6 En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarána; y ansiarán morir, y la muerte huirá1 de ellos.
7 Y el aspecto1 de las langostas era semejante al de caballos dispuestos para la batallaa, y sobre sus cabezas tenían como coronas que parecían de oro, y sus caras eran como rostros humanos.
8 Tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leonesa.
9 También tenían corazas como corazas de hierro; y el ruido de sus alas era como el estruendo de carros, de muchos caballos que se lanzan a la batallaa.
10 Tienen colas parecidas a escorpionesa, y aguijones; y en sus colas está su poder para hacer daño a los hombresb por cinco mesesc.
11 Tienen sobre ellos por rey al ángel del abismoa, cuyo nombre en hebreob es Abadón1c, y en griego se llama Apolión2.
¶12 El primer ¡aya! ha pasado; he aquí, aún vienen dos ayes después de estas cosas.
¶13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro1 cuernosa del altar de orob que está delante de Dios,
14 y decía al sexto ángel que tenía la trompeta: Suelta a los cuatro ángelesa que están atados junto al gran río Eufratesb.
15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que habían sido preparados para la hora, el día, el mes y el añoa, para matar a la tercera parte de la humanidad1b.
16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era de doscientos millonesa; yo escuché su númerob.
17 Y así es como vi1 en la visióna los caballos y a los que los montaban: los jinetes tenían corazas color de fuego, de jacinto2 y de azufreb; las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuegoc, humo y azufreb.
18 La tercera partea de la humanidad1 fue muerta por estas tres plagas: por el fuegob, el humo y el azufre que salían de sus bocas.
19 Porque el poder de los caballos está en su boca y en sus colas; pues sus colas son semejantes a serpientes, tienen cabezas y con ellas hacen daño.
20 Y el resto de la humanidad1, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintierona de las obras de sus manosb ni dejaron de2 adorar a los demoniosc y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andard;
21 y no se arrepintieron de sus homicidiosa ni de sus hechiceríasb ni de su inmoralidad1c ni de sus robos.
Y vi a otro ángel poderoso1a que descendía del cielob, envuelto en una nube; y el arco iris estaba sobre su cabezac, y su rostro era como el sold, y sus pies como columnas de fuegoe;
2 y tenía en su mano un libritoa abierto. Y puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierrab;
3 y gritó a gran voz, como ruge un leóna; y cuando gritó, los siete truenos emitieron1 sus vocesb.
4 Después que los siete truenos hablaron, iba yo a escribira, cuando1 oí una voz del cielob que decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho y no las escribasc.
5 Entonces el ángel que yo había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano derecha al cieloa,
6 y juró por el que vive por los siglos de los siglosa, quien creó el cielo y las cosas que en él hay, y la tierra y las cosas que en ella hay, y el mar y las cosas que en él hayb, que ya no habrá dilación1c,
7 sino que en los días de la voz del séptimo ángela, cuando esté para tocar la trompeta, entonces el misterio de Dios será1 consumadob, como Él lo anunció2 a sus siervos los profetas.
8 Y la voz que yo había oído del cieloa, la oí de nuevo hablando conmigo, y diciendo: Ve, toma el libro1 que está abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierrab.
9 Entonces fui al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me dijo*: Tómalo y devóraloa; te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel.
10 Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y fue en mi boca dulce como la miel; y cuando lo comí, me amargó las entrañas.
11 Y me dijeron*1a: Debes profetizar otra vezb acerca de muchos pueblos, naciones, lenguasc y reyesd.
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| 1 | * , hacia |
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| 2 | O, como el poder que tienen |
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| 1 | * , Y se les concedió no matarlos |
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| 2 | * , hiere |
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| 1 | * , huye |
| 1 | * , las apariencias |
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| 1 | I.e., Destrucción |
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| 2 | I.e., Destructor |
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| 1 | Algunos * antiguos no incluyen: cuatro |
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| 1 | * , los hombres |
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| 1 | * , así vi |
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| 2 | O, zafiro |
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| 1 | * , los hombres |
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| 1 | * , los hombres |
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| 2 | * , para no |
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| 1 | O, fornicación |
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| 1 | O, fuerte |
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| 1 | O, hablaron |
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| 1 | * , y |
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| 1 | * , el tiempo no será más |
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| 1 | * , es |
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| 2 | * , anunció el evangelio |
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| 1 | O, rollo |
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| 1 | * , dicen |
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