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Hechos de los Apóstoles 17.22–31

22 Entonces Pablo poniéndose en pie en medio del Areópago1, dijo: Varones ateniensesa, percibo que sois muy religiosos2b en todo sentido.

23 Porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoracióna, hallé también un altar con esta inscripción: AL1 DIOS DESCONOCIDO. Pues lo que vosotros adoráis sin conocerb, eso os anuncio yo.

24 El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él haya, puesto que es Señor del cielo y de la tierrab, no mora en templos hechos por manos de hombresc,

25 ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algoa, puesto que El da a todos vida y aliento y todas las cosas;

26 y de uno1 hizo todas las naciones del mundo2a para que habitaran sobre toda la faz de la tierra, habiendo determinado sus tiempos señalados y los límites de su habitaciónb,

27 para que buscaran a Dios, si de alguna manera, palpando, le hallen, aunque no está lejos de ninguno de nosotrosa;

28 porque en El vivimos, nos movemos y existimos1a, así como algunos de vuestros mismos poetas han dicho: “Porque también nosotros somos linaje suyo.”

29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la naturaleza divina sea semejante a oro, plata o piedra, esculpidos por el1 arte y el pensamiento humanoa.

30 Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignoranciaa, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientanb,

31 porque El ha establecido un día en el cual juzgaráa al mundo1b en justicia, por medio de un Hombrec a quien ha designadod, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle2 de entre los muertose.

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