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2 Samuel 13–18
Después de esto aconteció que teniendo Absalón, hijo de David, una hermana muy hermosa que se llamaba Tamara, se enamoró de ella Amnón, hijo de Davidb.
2 Y Amnón estaba tan atormentado a causa de su hermana Tamar que se enfermó, porque ella era virgen, y le parecía difícil a1 Amnón hacerle cosa alguna.
3 Pero Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea1a, hermano de David; y Jonadab era un hombre muy astuto.
4 Y este le dijo: Hijo del rey, ¿por qué estás tan deprimido día tras día1? ¿No me lo contarás? Y Amnón le dijo: Estoy enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalón.
5 Entonces Jonadab le dijo: Acuéstate en tu cama, y finge que estás enfermo; y cuando tu padre venga a verte, dile: «Te ruego que dejes que mi hermana Tamar venga y me dé algún alimento para comer, y que prepare la comida delante de mí para que yo la vea y la coma de su mano».
6 Amnón se acostó y se fingió enfermo. Cuando el rey vino a verlo, Amnón dijo al rey: Te ruego que venga mi hermana Tamar y haga dos tortasa delante de mí para que yo coma de su mano.
¶7 Y David envió mensaje a Tamar, a su casa, diciendo: Ve ahora a la casa de tu hermano Amnón, y prepárale la comida.
8 Fue, pues, Tamar a la casa de su hermano Amnón, y él estaba acostado. Y ella tomó masa, la amasó, hizo tortas delante de él y las coció1.
9 Y tomando la sartén, las sirvió1 delante de él, pero él rehusó comer. Y Amnón dijo: Que salgan todos de aquí2a. Y todos salieron de allí3.
10 Entonces Amnón dijo a Tamar: Trae la comida a la alcoba para que yo coma de tu mano. Y Tamar tomó las tortas que había hecho y las llevó a su hermano Amnón a la alcoba.
11 Cuando ella se las llevó para que comiera, él le echó mano, y le dijo: Ven, acuéstate conmigoa, hermana mía.
12 Pero ella le respondió: No, hermano mío, no abuses de mí, porque tal cosa no se hace en Israela; no cometas esta infamiab.
13 Pues, ¿adónde iría yo con mi deshonraa? Y tú serías como uno de los insensatos1 de Israel. Ahora pues, te ruego que hables al rey, que él no me negará a ti.
14 Pero él no quiso escucharla1; como era más fuerte que ella, la forzó, y se acostó con ellaa.
¶15 Entonces Amnón la aborreció con un odio muy grande; porque el odio con que la aborreció fue mayor que el amor con que la había amado. Y Amnón le dijo: Levántate, vete.
16 Pero ella le respondió: No, porque esta injusticia que me haces, echándome fuera, es mayor que la otra que me has hecho. Mas él no quiso oírla.
17 Llamó, pues, a su criado1 que le servía y le dijo: Echa a esta mujer fuera de aquí2, y cierra la puerta tras ella.
18 (Llevaba ella un vestidoa de manga larga1, porque así se vestían con túnicas las hijas vírgenes del rey.) Su criado la echó fuera, y cerró la puerta tras ella.
19 Entonces Tamar se puso ceniza1 sobre la cabeza, rasgó el vestido de manga larga2 que llevaba puestoa, y se fue gritandob con las manos sobre la cabezac.
¶20 Su hermano Absalón le dijo: ¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Guarda silencio ahora, hermana mía; tu hermano es; no se angustie tu corazón por este asunto. Tamar, pues, se quedó desconsolada en casa de su hermano Absalón.
21 Cuando el rey David se enteró de todas estas cosas, se enojó mucho.
22 Pero Absalón no le habló a Amnón ni bien ni mala; pues Absalón odiaba a Amnón, porque había violado a su hermana Tamarb.
¶23 Después de dos años, aconteció que teniendo Absalón esquiladores de ovejasa en Baal-hazor, que está junto a Efraín, Absalón invitó a todos los hijos del rey.
24 Y vino Absalón al rey y dijo: He aquí, ahora tu siervo tiene esquiladores de ovejas; ruego que venga el rey y sus siervos con tu siervo.
25 Mas el rey respondió a Absalón: No, hijo mío, no debemos ir todos, para no ser carga para ti. Y aunque le insistió, no quiso ir, mas lo bendijo.
26 Entonces Absalón dijo: Pues si no, te ruego que dejes ir a mi hermanoa Amnón con nosotros. Y el rey le respondió: ¿Por qué ha de ir contigo?
27 Mas cuando Absalón le insistió, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey.
¶28 Absalón ordenó a sus siervos, diciendo: Mirad, cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vinoa, y cuando yo os diga: «Herid a Amnón», entonces matadle. No temáis; ¿no os lo he mandado yo? Tened ánimo y sed valientes1.
29 Y los siervos de Absalón hicieron a Amnón tal como Absalón les había mandado. Entonces todos los hijos del rey se levantaron, y montándose cada uno en su mulo, huyerona.
¶30 Estando aún ellos en el camino, llegó a David el rumor que decía: Absalón ha dado muerte1 a todos los hijos del rey, y no ha quedado ni uno de ellos.
31 Entonces el rey se levantó, rasgó sus vestidosa y se echó en tierrab; y todos sus siervos estaban a su lado con los vestidos rasgados.
32 Y Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, dijo1: No crea2 mi señor que han dado muerte a todos los jóvenes, hijos del rey, pues solo ha muerto Amnón; porque esto había sido determinado por decisión3 de Absalón desde el día en que Amnón violó a su hermana Tamara.
33 Ahora pues, no tome en serio1 mi señora el rey el rumor que dice: «todos los hijos del rey murieron», porque solo Amnón ha muerto.
¶34 Entre tanto Absalón había huidoa. Y el joven que estaba de atalaya alzó los ojos y mirób, y he aquí, mucha gente que venía por el camino que estaba a sus espaldas del lado del monte.
35 Y Jonadab dijo al rey: He aquí, son los hijos del rey que vienen; conforme a la palabra de tu siervo, así ha sucedido.
36 Y aconteció que apenas había acabado de hablar, he aquí, los hijos del rey llegaron, alzaron su voz y lloraron; y también el rey y todos sus siervos lloraron muy amargamente1.
¶37 Huyó Absalóna y fue a Talmai, hijo de Amiud, rey de Gesurb. Y David lloraba por su hijo todos los días.
38 Así fue que Absalón huyóa a Gesur, y estuvo allí tres años.
39 Y el rey David ansiaba ir adonde estaba Absalón, pues con respecto a Amnón que había muerto, ya se había consoladoa.
Joab, hijo de Sarvia, comprendió que el corazón del rey se inclinaba hacia Absalóna.
2 Y Joab envió a Tecoaa a traer1 a una mujer sabia de allí, y le dijo: Te ruego que finjas estar de duelo, te pongas ahora ropas de luto y no te unjas con óleo, sino pórtate como una mujer que por muchos días ha estado de duelo por un muertob;
3 después ve al rey y háblale de esta manera. Y Joab puso las palabras en su bocaa.
¶4 Cuando la mujer de Tecoa habló1 al rey, cayó sobre su rostro en tierra, y postrándosea, dijo: ¡Socorro, oh reyb!
5 Y el rey le dijo: ¿Qué te sucede? Y ella respondió: Ciertamente soy viuda, pues mi marido ha muerto.
6 Tu sierva tenía dos hijos; lucharon entre sí en el campo, y no habiendo quien los apartara1, uno hirió al otro y lo mató.
7 Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, y dicen: «Entrega al que hirió a su hermano, para que le demos muerte por la vida de su hermano a quien matóa, y destruyamos al heredero tambiénb». Así extinguirán el ascua que me queda, no dejando1 a mi marido nombre ni remanente sobre la faz de la tierra.
¶8 Respondió el rey a la mujer: Ve a tu casa, y daré órdenes respecto a ti.
9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Oh rey mi señora, la iniquidad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero el rey y su trono sean sin culpab.
10 Entonces el rey dijo: Cualquiera que te hable, tráemelo, y no te molestará más.
11 Y ella dijo: Te ruego, oh rey, que te acuerdes del Señor tu Dios, para que el vengador de sangre no aumente el dañoa, no sea que destruya a mi hijo. Y él dijo: Vive el Señor, ni un pelo de tu hijo caerá a tierrab.
¶12 Dijo entonces la mujer: Permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla.
13 Y la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tal cosa contra el pueblo de Diosa? Porque al decir esta palabra, el rey se hace como uno que es culpable, ya que el rey no hace volver a su desterradob.
14 Pues ciertamente moriremosa; somos como el agua derramadab en tierra que no se vuelve a recoger. Pero Dios no quita la vida, sino designa medios para que el desterrado no sea alejado de élc.
15 Ahora, la razón por la cual1 he venido a decir esta palabra a mi señor el rey, es porque el pueblo me ha atemorizado; por eso tu sierva se dijo: «Hablaré ahora al rey, tal vez el rey cumpla la petición2 de su sierva.
16 »Pues el rey oirá y librará1 a su sierva de mano2 del hombre que destruiría a ambos3, a mí y a mi hijo, de la heredad de Diosa».
17 Se dijo además tu sierva: «Sea consuelo1 la palabra de mi señor el rey, pues como el ángel de Dios, así es mi señor el rey para discernir el biena y el mal. ¡Que el Señor tu Dios sea contigo!».
¶18 Respondió el rey y dijo a la mujer: Te ruego que no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey.
19 Y el rey dijo: ¿Está contigo la mano de Joab en todo esto? Y la mujer respondió y dijo: Vive tu alma, mi señor el rey, nadie puede desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado. En verdad fue tu siervo Joab quien me mandó, y fue él quien puso todas estas palabras en boca de tu siervaa;
20 tu siervo Joab ha hecho esto con el fin de cambiar el aspecto de las cosas. Pero mi señor es sabio, como con la sabiduría del ángel de Diosa, para saber todo lo que hay en la tierra.
¶21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí, ciertamente ahora haré esto; ve y trae al joven Absalóna.
22 Joab cayó rostro en tierra, y postrándose, bendijo al rey; entonces Joab dijo: Oh rey mi señor, hoy tu siervo sabe que he hallado gracia ante tus ojos, puesto que el rey ha concedido la petición1 de su siervo.
23 Joab se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalóna a Jerusalén.
24 Pero el rey dijo: Que vuelva a su casa y no vea mi rostro. Y Absalóna volvió a su casa, y no vio el rostro del rey.
¶25 En todo Israel no había nadie tan bien parecido ni tan celebrado como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había defecto en éla.
26 Cuando se cortaba el cabelloa (y era al final de cada año que se lo …
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| 1 | * , a ojos de |
| 1 | En 1 Sam. 16:9, Sama |
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| 1 | * , mañana tras mañana |
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| 1 | * , coció las tortas |
| 1 | * , vació |
| 2 | * , de mí |
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| 3 | * , de él |
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| 1 | O, infames |
| 1 | * , escuchar su voz |
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| 1 | O, joven |
| 2 | * , de mí |
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| 1 | * , una túnica de diversos colores |
| 1 | O, polvo |
| 2 | * , la túnica de diversos colores |
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| 1 | * , hijos de valor |
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| 1 | * , ha herido |
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| 1 | * , respondió y dijo |
| 2 | * , diga |
| 3 | * , boca |
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| 1 | * , en su corazón |
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| 1 | * , con muy gran lamento |
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| 1 | * , y tomó |
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| 1 | Muchos * y versiones antiguas dicen: vino |
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| 1 | * , libertador entre ellos |
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| 1 | * , no poniendo |
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| 1 | * , Y ahora que |
| 2 | * , palabra |
| 1 | * , para librar |
| 2 | * , palma |
| 3 | * , juntos |
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| 1 | * , para descanso |
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| 1 | * , palabra |
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