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2º Samuel 14–16
Joab, hijo de Sarvia, comprendió que el corazón del rey se inclinaba hacia Absalóna.
2 Y Joab envió a Tecoaa a traer1 a una mujer sabia de allí, y le dijo: Te ruego que finjas estar de duelo, te pongas ahora ropas de luto y no te unjas con óleo, sino pórtate como una mujer que por muchos días ha estado de duelo por un muertob;
3 después ve al rey y háblale de esta manera. Y Joab puso las palabras en su bocaa.
¶4 Cuando la mujer de Tecoa habló1 al rey, cayó sobre su rostro en tierra, y postrándosea, dijo: ¡Socorro, oh reyb!
5 Y el rey le dijo: ¿Qué te sucede? Y ella respondió: Ciertamente soy viuda, pues mi marido ha muerto.
6 Tu sierva tenía dos hijos; lucharon entre sí en el campo, y no habiendo quien los apartara1, uno hirió al otro y lo mató.
7 Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, y dicen: «Entrega al que hirió a su hermano, para que le demos muerte por la vida de su hermano a quien matóa, y destruyamos al heredero tambiénb». Así extinguirán el ascua que me queda, no dejando1 a mi marido nombre ni remanente sobre la faz de la tierra.
¶8 Respondió el rey a la mujer: Ve a tu casa, y daré órdenes respecto a ti.
9 Y la mujer de Tecoa dijo al rey: Oh rey mi señora, la iniquidad sea sobre mí y sobre la casa de mi padre, pero el rey y su trono sean sin culpab.
10 Entonces el rey dijo: Cualquiera que te hable, tráemelo, y no te molestará más.
11 Y ella dijo: Te ruego, oh rey, que te acuerdes del Señor tu Dios, para que el vengador de sangre no aumente el dañoa, no sea que destruya a mi hijo. Y él dijo: Vive el Señor, ni un pelo de tu hijo caerá a tierrab.
¶12 Dijo entonces la mujer: Permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey. Y él dijo: Habla.
13 Y la mujer dijo: ¿Por qué, pues, has pensado tal cosa contra el pueblo de Diosa? Porque al decir esta palabra, el rey se hace como uno que es culpable, ya que el rey no hace volver a su desterradob.
14 Pues ciertamente moriremosa; somos como el agua derramadab en tierra que no se vuelve a recoger. Pero Dios no quita la vida, sino designa medios para que el desterrado no sea alejado de élc.
15 Ahora, la razón por la cual1 he venido a decir esta palabra a mi señor el rey, es porque el pueblo me ha atemorizado; por eso tu sierva se dijo: «Hablaré ahora al rey, tal vez el rey cumpla la petición2 de su sierva.
16 »Pues el rey oirá y librará1 a su sierva de mano2 del hombre que destruiría a ambos3, a mí y a mi hijo, de la heredad de Diosa».
17 Se dijo además tu sierva: «Sea consuelo1 la palabra de mi señor el rey, pues como el ángel de Dios, así es mi señor el rey para discernir el biena y el mal. ¡Que el Señor tu Dios sea contigo!».
¶18 Respondió el rey y dijo a la mujer: Te ruego que no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte. Y la mujer dijo: Hable mi señor el rey.
19 Y el rey dijo: ¿Está contigo la mano de Joab en todo esto? Y la mujer respondió y dijo: Vive tu alma, mi señor el rey, nadie puede desviarse ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que mi señor el rey ha hablado. En verdad fue tu siervo Joab quien me mandó, y fue él quien puso todas estas palabras en boca de tu siervaa;
20 tu siervo Joab ha hecho esto con el fin de cambiar el aspecto de las cosas. Pero mi señor es sabio, como con la sabiduría del ángel de Diosa, para saber todo lo que hay en la tierra.
¶21 Entonces el rey dijo a Joab: He aquí, ciertamente ahora haré esto; ve y trae al joven Absalóna.
22 Joab cayó rostro en tierra, y postrándose, bendijo al rey; entonces Joab dijo: Oh rey mi señor, hoy tu siervo sabe que he hallado gracia ante tus ojos, puesto que el rey ha concedido la petición1 de su siervo.
23 Joab se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalóna a Jerusalén.
24 Pero el rey dijo: Que vuelva a su casa y no vea mi rostro. Y Absalóna volvió a su casa, y no vio el rostro del rey.
¶25 En todo Israel no había nadie tan bien parecido ni tan celebrado como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había defecto en éla.
26 Cuando se cortaba el cabelloa (y era al final de cada año que se lo cortaba, pues le pesaba mucho y por eso se lo cortaba), el cabello pesaba doscientos siclos1 según el peso real.
27 Y a Absalón le nacieron tres hijosa y una hija que se llamaba Tamar; era ella una mujer de hermosa aparienciab.
¶28 Absalón residió dos años completos en Jerusalén sin ver el rostro del reya.
29 Entonces Absalón mandó a buscar a Joab para enviarlo al rey, pero él no quiso venir. Y por segunda vez envió por él, pero no quiso venir.
30 Dijo, pues, a sus siervos: Mirad, el campo1 de Joab está junto al míoa, y allí tiene cebada; id y prendedle fuego. Y los siervos de Absalón prendieron fuego al campo2.
31 Entonces Joab se levantó, vino a la casa de Absalón y le dijo: ¿Por qué tus siervos han prendido fuego a mi campo1?
32 Y Absalón respondió a Joab: He aquí, envié por ti, diciendo: «Ven acá, para enviarte al rey a decirle: “¿Para qué vine de Gesur? Mejor me hubiera sido estar aún allá”». Ahora pues, vea yo el rostro del rey; y si hay iniquidad en mí, que me dé muertea.
33 Cuando Joab vino al rey y se lo hizo saber, este llamó a Absalón, y este vino ante el rey y se postró sobre su rostro en tierra delante del rey. Y el rey besó a Absalóna.
Aconteció después de esto que Absalón se hizo de un carro y caballos, y de cincuenta hombres que corrieran1 delante de éla.
2 Y Absalón se levantaba temprano y se situaba junto al camino de la puertaa; y sucedía que todo aquel que tenía un pleito y venía al rey para juicio, Absalón lo llamaba y decía: ¿De qué ciudad eres? Y este respondía: Tu siervo es de una de las tribus de Israel.
3 Entonces Absalón le decía: Mira, tu causa1 es buenaa y justa, pero nadie te va a escuchar de parte del rey.
4 Decía además Absalón: ¡Quién me nombrara juez en la tierra! Entonces todo hombre que tuviera pleito o causa alguna podría venir a mí y yo le haría justiciaa.
5 Y sucedía que cuando alguno se acercaba y se postraba ante él, él extendía su mano, lo levantaba1 y lo besabaa.
6 De esta manera Absalón trataba a todo israelita que venía al rey para juicio; así Absalón robó el corazón de los hombres de Israela.
¶7 Y aconteció que al cabo de cuatro1 años Absalón dijo al rey: Te ruego me dejes ir a Hebróna a pagar mi voto que he hecho al Señor.
8 Pues tu siervo prometió un voto mientras habitaba en Gesura, en Aram, diciendo: «Si en verdad el Señor me hace volver a Jerusalén, entonces yo serviré al Señorb».
9 Y el rey le dijo: Vete en paz. Y él se levantó y fue a Hebrón.
10 Pero Absalón envió espías por todas las tribus de Israel, diciendo: Tan pronto oigáis el sonido de la trompetaa, entonces diréis: «Absalón es rey en Hebrón».
11 Con Absalón fueron doscientos hombres de Jerusalén como invitadosa; fueron inocentemente1b, sin saber nada.
12 Y Absalón envió por Ahitofel gilonitaa, consejero de David, desde Gilo su ciudadb, cuando ofrecía los sacrificios. Y la conspiración se hacía fuerte porque constantemente aumentaba la gentec que seguía a Absalón.
¶13 Entonces un mensajero vino a David, diciendo: El corazón de los hombres de Israel está con1 Absalóna.
14 Y David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque si no, ninguno de nosotros escapará de Absalón. Id de prisa, no sea que nos alcance pronto, traiga desgracia sobre nosotrosa y hiera la ciudad a filo de espada.
15 Y los siervos del rey le dijeron1: He aquí, tus siervos están listos para hacer todo lo que nuestro2 señor el rey quiera.
16 Salió el rey, y toda su casa con él1, dejando el rey a diez concubinas para cuidar la casaa.
17 Salió, pues, el rey y toda la gente con él1, y se detuvieron en la última casa.
18 Todos sus siervos pasaron junto a él, todos los cereteos, peleteosa y todos los geteos, seiscientos hombres que habían venido con él1 desde Gat; todos pasaron delante del reyb.
¶19 Y el rey dijo a Itai geteo: ¿Por qué has de venir tú también con nosotros? Regresa y quédate con el reya, porque eres un extranjero y también un desterrado; regresa a tu lugar.
20 Llegaste apenas ayer, ¿y he de hacer que vagues hoy con nosotros mientras yo voy por donde quiera ira? Regresa y haz volver a tus hermanos, y que sean contigo la misericordia y la verdad1b.
21 Pero Itai respondió al rey, y dijo: Vive el Señor y vive mi señor el rey, ciertamente dondequiera que esté mi señor el rey, ya sea para muerte o para vida, allí también estará tu siervoa.
22 Entonces David dijo a Itai: Ve y pasa adelante. Así Itai geteo pasó con todos sus hombres y con todos los pequeños que estaban con él.
23 Mientras todo el país lloraba en alta voz, todo el pueblo cruzó. El rey también cruzó el torrente Cedróna, y todo el pueblo pasó en dirección al desiertob.
¶24 Y he aquí, Sadoca pasó también, y todos los levitas con él, llevando el arca del pacto de Diosb. Y asentaron el arca de Dios, y Abiatar subió después1 que había terminado de pasar todo el pueblo que salía de la ciudadc.
25 Y el rey dijo a Sadoc: Haz volver el arca de Dios a la ciudad, que si hallo gracia ante los ojos del Señor, me hará volvera y me mostrará tanto el arca1 como su moradab.
26 Pero si Él dijera así: «No me complazco en tia», mira, aquí estoy, que haga conmigo lo que bien le parezca1b.
27 También el rey dijo al sacerdote Sadoc: ¿No eres videntea? Regresa en paz a la ciudad, y vuestros dos hijos con vosotros, tu hijo Ahimaasb, y Jonatán, hijo de Abiatar.
28 Mirad, esperaré en los vados del desierto hasta que venga palabra vuestra para informarmea.
29 Sadoc y Abiatar hicieron volver el arca de Dios a Jerusalén, y se quedaron allí.
¶30 Subía David la cuesta del monte de los Olivos, y mientras iba, llorabaa con la cabeza cubierta y los pies descalzosb. Y todo el pueblo que iba con él cubrió cada uno su cabeza, e iban llorando mientras subían.
31 Alguien dio aviso a David, diciendo: Ahitofel está entre los conspiradores con Absalóna. Y David dijo: Oh Señor, te ruego, haz necio el consejo de Ahitofelb.
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| 1 | * , y tomó |
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| 1 | Muchos * y versiones antiguas dicen: vino |
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| 1 | * , libertador entre ellos |
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| 1 | * , no poniendo |
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| 1 | * , Y ahora que |
| 2 | * , palabra |
| 1 | * , para librar |
| 2 | * , palma |
| 3 | * , juntos |
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| 1 | * , para descanso |
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| 1 | * , palabra |
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| 1 | Un siclo equivale * a 11.4 gramos |
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| 1 | * , la porción |
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| 2 | * , a la porción |
| 1 | * , porción |
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| 1 | * , hombres corredores |
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| 1 | * , tu palabra |
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| 1 | * , asía de él |
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| 1 | Así en algunas versiones antiguas; en el * , cuarenta |
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| 1 | * , con su integridad |
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| 1 | * , tras |
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| 1 | * , dijeron al rey |
| 2 | * , mi |
| 1 | * , a sus pies |
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| 1 | * , a sus pies |
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| 1 | * , a sus pies |
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| 1 | O, fidelidad |
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| 1 | * , hasta |
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| 1 | * , ella |
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| 1 | * , lo que sea bueno ante sus ojos |
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