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2º Reyes 3–11
Joram, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año dieciocho de Josafat, rey de Judáa; y reinó doce años.
2 E hizo lo malo ante los ojos del Señor, aunque no como su padre y su madre, pues quitó el pilar sagrado de Baala que su padre había hechob.
3 Sin embargo, se aferró a los pecados de Jeroboama, hijo de Nabat, con los que hizo pecar a Israelb, y no se apartó de ellos.
¶4 Y Mesa, rey de Moab, era criador de ovejas, y pagaba al rey de Israel cien mil corderosa y la lana de cien mil carneros.
5 Pero sucedió que cuando Acab murió, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israela.
6 Y aquel mismo día el rey Joram salió de Samaria y alistó a todo Israel.
7 Entonces fue y envió palabra a Josafat, rey de Judá, diciendo: El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a pelear contra Moab? Y él respondió: Subiré; yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballosa.
8 Y dijo: ¿Por qué camino subiremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Edom.
9 Fue el rey de Israela con el rey de Judáb y el rey de Edomc; y dando un rodeo anduvieron siete días de camino; y no había agua para el ejército ni para los animales que los seguían.
10 Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! Porque el Señor ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab.
11 Pero Josafat dijo: ¿No hay aquí un profeta del Señor para que consultemos al Señor por medio de éla? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió, y dijo: Aquí está Eliseo, hijo de Safatb, el que vertía agua en las manos de Elíasc.
12 Y Josafat dijo: La palabra del Señor está con él. Y el rey de Israel y Josafat y el rey de Edom descendieron a él.
¶13 Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo que ver contigo? Ve a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madrea. Y el rey de Israel le dijo: No, porque el Señor ha llamado a estos tres reyes para entregarlos en mano de Moab.
14 Y Eliseo dijo: Vive el Señor de los ejércitos, ante quien estoya, que si no fuera por respeto a la presencia de Josafat, rey de Judá, no te miraría ni te vería.
15 Mas traedme ahora un tañedora. Y sucedió que mientras el tañedor tocaba, la mano del Señor vino sobre Eliseo1b.
16 Y él dijo: Así dice el Señor: «Haced en este valle muchas zanjas».
17 Pues así dice el Señor: «No veréis viento, ni veréis lluvias; sin embargo ese valle se llenará de aguaa, y beberéis vosotros y vuestros ganados y vuestras bestias».
18 Aun esto es poco ante los ojos del Señora; también entregará en vuestras manos a los moabitas.
19 Y destruiréis1 toda ciudad fortificada y toda ciudad principal, y talaréis todo árbol bueno, cegaréis todas las fuentes de agua y dañaréis con piedras todo terreno fértila.
20 Y aconteció que por la mañana, a la hora de ofrecer el sacrificioa, he aquí, el agua vino por el camino de Edom, y la tierra se llenó de agua.
¶21 Y todos los moabitas oyeron que los reyes habían subido a pelear contra ellos. Y convocaron a todos, desde los que podían ceñir armadura1 para arriba, y se pusieron en la frontera.
22 Se levantaron muy de mañana, y cuando el sol brilló sobre el agua, los moabitas vieron el agua frente a ellos tan roja como la sangre.
23 Entonces dijeron: Esto es sangre; sin duda los reyes han peleado entre sí, y se han matado unos a otros. Ahora pues, ¡Moab, al despojo!
24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, los israelitas se levantaron e hirieron a los moabitas, y estos huyeron delante de ellos; y los israelitas se adentraron en el país1 matando2 a los moabitas.
25 Destruyeron las ciudades, y cada uno arrojó su piedra en toda parcela de tierra buena, y las llenaron. Cegaron todas las fuentes de agua y talaron todos los árboles buenosa, hasta dejar en Kir-haresetb solo sus piedras; no obstante, los honderos la rodearon y la destruyeron1.
26 Al ver el rey de Moab que la batalla arreciaba contra él, tomó consigo setecientos hombres que sacaban espada, para abrir brecha hacia el rey de Edom, mas no pudieron.
27 Entonces tomó a su hijo primogénito que había de reinar en su lugar, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla. Y hubo gran ira contra los israelitas, quienes se apartaron de allí1a y regresaron a su tierra.
Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetasa clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al Señor; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyosb.
2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en casa más que una vasija de aceitea.
3 Entonces él le dijo: Ve, pide1 vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas.
4 Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echas el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas.
5 Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite.
6 Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenasa, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra vasija. Y él le dijo: No hay más vasijas. Y cesó el aceite.
7 Entonces ella fue y se lo contó al hombre de Diosa. Y él le dijo: Ve, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos podéis vivir de lo que quede.
¶8 Y aconteció que un día pasaba Eliseo por Sunema, donde había una mujer distinguida1, y ella le persuadió a que comiera2. Y así fue que siempre que pasaba, entraba allí a comer2.
9 Y ella dijo a su marido: He aquí, ahora entiendo que este que siempre pasa por nuestra casa, es un hombre santo de Diosa.
10 Te ruego que hagamos un pequeño aposento alto, con paredes, y pongamos allí para él una cama, una mesa, una silla y un candelero; y será que cuando venga a nosotros, se podrá retirar allía.
11 Y aconteció que un día vino él por allí, se retiró al aposento alto y allí se acostó.
12 Entonces dijo a Giezi su criadoa: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, ella se presentó delante de él.
13 Y él le dijo a Giezi: Dile ahora: «He aquí, te has preocupado1 por nosotros con todo este cuidado2; ¿qué puedo hacer por ti? ¿Quieres que hable por ti al rey o al jefe del ejército?». Y ella respondió: Yo vivo en medio de mi pueblo3.
14 Él entonces dijo: ¿Qué, pues, se puede hacer por ella? Y Giezi respondió: En verdad ella no tiene ningún hijo y su marido es viejo.
15 Y él dijo: Llámala. Cuando él la llamó, ella se detuvo a la entrada.
16 Entonces él le dijo: Por este tiempo, el año que viene1, abrazarás un hijoa. Y ella dijo: No, señor mío, hombre de Dios, no engañes a tu siervab.
17 Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo al año siguiente en el1 tiempo que Eliseo le había dicho.
¶18 Y cuando el niño creció, llegó el día en que salió al campo adonde estaba1 su padre con1 los segadores,
19 y dijo a su padre: ¡Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre.
20 Y tomándolo, lo llevó a su madre, y estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió.
21 Entonces ella subió y lo puso sobre la camaa del hombre de Diosb, cerró la puerta detrás de él y salió.
22 Luego llamó a su marido y le dijo: Te ruego que me envíes uno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al hombre de Dios y regrese.
23 Y él dijo: ¿Por qué vas hoy a él? No es luna nueva ni día de reposoa. Y ella respondió: Quédate en paz.
24 Entonces ella aparejó el asna y dijo a su criado: Arrea1 y anda; no detengas el paso2 por mí a menos que yo te lo diga.
25 Y ella fue y llegó al hombre de Dios en el monte Carmeloa. Y sucedió que cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a Giezi su criado: He aquí, allá viene la1 sunamita.
26 Te ruego que corras ahora a su encuentro y le digas: «¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?». Y ella respondió: Bien.
27 Cuando ella llegó al monte, al hombre de Diosa, se asió de sus pies. Y Giezi se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: Déjala, porque su alma está angustiada1 y el Señor me lo ha ocultado y no me lo ha revelado.
28 Entonces ella dijo: ¿Acaso pedí un hijo a mi señor? ¿No dije: «No me engañesa?».
¶29 Entonces él dijo a Giezi: Ciñe tus lomosa y toma mi báculo en tu mano, y veteb; si encuentras a alguno, no lo saludes, y si alguien te saluda, no le respondasc, y pon mi báculo sobre el rostro del niñod.
30 Y la madre del niño dijo: Vive el Señor y vive tu alma, que no me apartaré de tia. Entonces él se levantó y la siguió.
31 Y Giezi se adelantó a ellos y puso el báculo sobre el rostro del niño, mas no hubo voz ni reacción1. Así que volvió para encontrarlo, y le dijo2: El niño no ha despertadoa.
32 Cuando Eliseo entró en la casa, he aquí, el niño estaba muerto, tendido sobre su cama.
33 Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al Señora.
34 Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos1 sobre sus manos1, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calora.
35 Entonces Eliseo volvió y caminó por la casa de un lado para otro, y subió y se tendió sobre éla; y el niño estornudó siete veces y1 abrió sus ojos.
36 Y Eliseo llamó a Giezi y le dijo: Llama a la1 sunamita. Y él la llamó. Y cuando ella vino a Eliseo2, él dijo: Toma a tu hijo.
37 Entonces ella entró, cayó a sus pies y se postró en tierra, y tomando a su hijo, salióa.
¶38 Cuando Eliseo regresó a Gilgala, había hambre en la tierrab. Y estando sentados los hijos de los profetasc delante de éld, dijo a su criado: Pon la ollae grande y cuece potaje para los hijos de los profetas.
39 Entonces uno de ellos salió al campo a recoger hierbas, y encontró una viña silvestre y de ella recogió su falda llena de calabazas silvestres, y vino y las cortó en pedazos en la olla de potaje, porque no sabía lo que eran.
40 Y lo sirvieron para que los hombres comieran. Y sucedió que cuando comían el potaje, clamaron y dijeron: ¡Oh hombre de Dios, hay muertea en la olla! Y no…
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| 1 | * , ceñirse con cinturón |
| 1 | * , en ella |
| 2 | * , hiriendo |
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| 1 | * , hirieron |
| 1 | * , de encima de él |
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| 1 | * , pide para ti |
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| 1 | * , una gran mujer |
| 2 | * , a comer pan |
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| 1 | * , Has tenido temor |
| 2 | * , temor |
| 3 | * , mis parientes |
| 1 | * , cuando el tiempo reviva |
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| 1 | * , cuando el tiempo revivió en este |
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| 1 | O, Guía |
| 2 | * , el cabalgar |
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| 1 | * , He aquí, esta |
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| 1 | * , amarga en ella |
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| 1 | * , y el niño |
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