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1 Samuel 25–28
Murió Samuela, y se reunió todo Israel y lo lloraronb, y lo sepultaron en su casa en Ramác. Después David se levantó y descendió al desierto de Paránd.
¶2 Y había un hombre en Maóna que tenía sus bienes en Carmelb; el hombre era muy rico1 y tenía tres mil ovejas y mil cabras; y estaba en Carmel trasquilando sus ovejasc.
3 El hombre se llamaba Nabal, y su mujer se llamaba Abigail. Y la mujer era inteligente1 y de hermosa aparienciaa, pero el hombre era áspero y malo en sus tratos, y era calebitab.
4 Y oyó David en el desierto que Nabal estaba trasquilando sus ovejas.
5 Entonces David envió diez jóvenes, y les dijo1: Subid a Carmel, visitad2 a Nabal y saludadle en mi nombre;
6 y le diréis así: «Ten una larga vida1, paz para ti, paz para tu casa y paz para todo lo que tienesa.
7 »He1 oído que tienes esquiladoresa; ahora bien, tus pastores han estado con nosotros, y no los hemos maltratado, ni les ha faltado nada todos los días que estuvieron en Carmelb.
8 »Pregunta a tus mozos, y ellos te lo dirán. Por tanto, permite que mis mozos hallen gracia ante tus ojos, porque hemos llegado en un día de fiesta1a. Te ruego que de lo que tengas a mano, des a tus siervos y a tu hijo David».
¶9 Cuando llegaron los jóvenes de David, dijeron a Nabal todas estas palabras en nombre de David; entonces esperaron.
10 Pero Nabal respondió a los siervos de David, y dijo: ¿Quién es Davida y quién es el hijo de Isaí? Hay muchos siervos hoy día que huyen de su señor.
11 ¿He de tomar mi pan, mi agua y la carne que he preparado1 para mis esquiladores, y he de dárselos a hombres cuyo origen no conozco2a?
12 Entonces los jóvenes de David se volvieron por su camino, y regresaron; y llegaron y le comunicaron todas1 estas palabras.
13 Y David dijo a sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y cada hombre se ciñó su espada. David también se ciñó su espada, y unos cuatrocientos hombres subieron tras Davida, mientras que doscientos se quedaron con el bagajeb.
¶14 Mas uno de los mozos avisó a Abigail, mujer de Nabal, diciendo: He aquí, David envió mensajeros desde el desierto a saludar1 a nuestro señora, y él los desdeñó.
15 Sin embargo, los hombres fueron muy buenos con nosotros; no nos maltrataron ni nos faltó nada cuando1 andábamos con ellos, mientras estábamos en el campoa.
16 Como muro fueron para nosotros tanto de noche como de día, todo el tiempo que estuvimos con ellos apacentando las ovejasa.
17 Ahora pues, reflexiona1 y mira lo que has de hacer, porque el mal ya está determinado contra nuestro señor y contra toda su casa, y él es un hombre tan indigno2 que nadie puede hablarle.
¶18 Entonces Abigail se dio prisa y tomó doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas ya preparadas, cinco medidas1 de grano tostado, cien racimos de uvas pasas, y doscientas tortas de higos, y los puso sobre asnosa.
19 Y dijo a sus mozos: Id delante de mí; he aquí, yo os seguiréa. Pero nada dijo a su marido Nabal.
20 Y sucedió que cuando ella cabalgaba en su asno y descendía por la parte encubierta del monte, he aquí que David y sus hombres venían bajando hacia ella, y se encontró con ellos.
21 Y David había dicho: Ciertamente, en vano he guardado todo lo que este hombre tiene en el desierto, de modo que nada se perdió de todo lo suyo; y él me ha devuelto mal por biena.
22 Así haga Dios a los enemigos de Davida, y aun más, si al llegar la mañana he dejado tan solo un varón1 de los suyosb.
¶23 Cuando Abigail vio a David se dio prisa y bajó de su asno, y cayendo sobre su rostro delante de David, se postró en tierraa.
24 Y se echó a sus pies y dijo: Señor mío, solo sobre mí sea la culpa. Te ruego que permitas que tu sierva te hable1, y que escuches las palabras de tu sierva.
25 Ruego a mi señor que no haga caso a1 este hombre indigno2, Nabal, porque conforme a su nombre, así es. Se llama Nabal3, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú, mi señor, enviaste.
26 Ahora pues, señor mío, vive el Señor y vive tu alma; puesto que el Señor te ha impedido derramar1 sangre y vengarte2 por tu propia manoa, sean pues como Nabal tus enemigos y los que buscan el mal contra mi señorb.
27 Y ahora permite que este presente1 que tu sierva ha traído para mi señor se dé a los jóvenes que acompañan a2 mi señora.
28 Te ruego que perdones la ofensa de tu siervaa, porque el Señor ciertamente establecerá1 una casa duradera para mi señorb, pues mi señor pelea las batallas del Señorc, y el mal no se hallará en ti en todos tus díasd.
29 Y si alguno se levanta para perseguirte y buscar tu vida1, entonces la vida1 de mi señor será ligada en el haz de los que viven con el Señor tu Dios; pero Él lanzará la vida de tus enemigos como de en medio de una hondaa.
30 Y sucederá que cuando el Señor haga por mi señor conforme a todo el bien que Él ha hablado de ti, y te ponga por príncipe sobre Israela,
31 esto no causará pesar ni remordimiento1 a mi señor, tanto por haber derramado sangre sin causa como por haberse vengado2 mi señor. Cuando el Señor haya hecho bien a mi señor, entonces acuérdate de tu siervaa.
¶32 Entonces David dijo a Abigail: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarmea,
33 bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has impedido hoy derramar sangre1 y vengarme2 por mi propia manoa.
34 Sin embargo, vive el Señor, Dios de Israel, que me ha impedido hacerte mala, que si tú no hubieras venido pronto a encontrarme, ciertamente, para la luz del alba, no le hubiera quedado a Nabal ni un varón1.
35 Recibió David de su mano lo que ella había traído y le dijo: Sube en paz a tu casaa. Mira, te he escuchado1 y te he concedido tu petición2b.
¶36 Entonces Abigail regresó a Nabal, y he aquí, él tenía un banquete en su casa, como el banquete de un reya. Y el corazón de Nabal estaba alegre, pues estaba muy ebriob, por lo cual ella no le comunicó nada1 hasta el amanecerc.
37 Pero sucedió que por la mañana, cuando se le pasó el vino a Nabal, su mujer le contó estas cosas, y su corazón se quedó como muerto dentro de él, y se puso como una piedra.
38 Y unos diez días después, sucedió que el Señor hirió a Nabal, y murióa.
¶39 Cuando David supo que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea el Señor, que ha defendido la causa de mi afrenta de manos de Nabala, y ha preservado a su siervo del malb. El Señor también ha devuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Entonces David envió a hablar con Abigailc, para tomarla para sí por mujer.
40 Y los siervos de David fueron a casa de Abigail en Carmel, y le hablaron diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte para sí por mujer.
41 Y ella se levantó y postrándose rostro en tierraa, dijo: He aquí, vuestra sierva es una criada para lavar los pies de los siervos de mi señorb.
42 Abigail se levantó apresuradamente, montó en un asno, y con sus cinco doncellas que la atendían1 siguió a los mensajeros de David, y fue su mujera.
¶43 David había tomado también a Ahinoam de Jezreela, y ambas fueron mujeres suyasb.
¶44 Pues Saúl había dado a su hija Micala, mujer de David, a Palti, hijo de Lais, que era de Galimb.
David perdona de nuevo la vida a Saúl
Entonces vinieron los zifeos a Saúl en Guibeá, diciendo: ¿No está David escondido en la colina de Haquilaa, que está frente a Jesimón1?
2 Se levantó, pues, Saúl y descendió al desierto de Zif, teniendo consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zifa.
3 Y acampó Saúl en la colina de Haquila, que está frente a Jesimón1, junto al camino, y David permanecía en el desiertoa. Cuando vio que Saúl venía tras él al desiertob,
4 David envió espías, y supo que Saúl en verdad se acercaba.
5 Se levantó David y vino al lugar donde Saúl había acampado. Y vio David el lugar donde estaban acostados Saúl y Abner, hijo de Nera, el jefe de su ejército; Saúl dormía en medio del campamento y el pueblo estaba acampado alrededor de él.
¶6 Entonces habló1 David a2 Ahimelec heteoa y a Abisai, hijo de Sarviab, hermano de Joab, diciendo: ¿Quién descenderá conmigo a donde está Saúl en el campamentoc? Y Abisai dijo: Yo descenderé contigo.
7 Y David y Abisai llegaron de noche al campamento1, y he aquí, Saúl estaba durmiendo en medio del campamento, con su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y la gente estaban acostados alrededor de él.
8 Entonces Abisai dijo a David: Hoy Dios ha entregado a tu enemigo en tu mano; ahora pues, déjame clavarlo a1 la tierra de un solo golpe; no tendré que darle por segunda vez.
9 Pero David dijo a Abisai: No lo mates, pues, ¿quién puede extender su mano contra el ungido del Señor y quedar impunea?
10 Dijo también David: Vive el Señor, que ciertamente el Señor lo heriráa, o llegará el día en que muerab, o descenderá a la batalla y perecerác.
11 No permita el Señor que yo extienda mi mano contra el ungido del Señor; pero ahora, te ruego, toma la lanza que está a su cabecera y la vasija de agua, y vámonosa.
12 Tomó, pues, David la lanza y la vasija de agua de junto a la cabecera de Saúl, y se fueron; pero nadie lo vio ni lo supo, tampoco nadie se despertó, pues todos estaban dormidos, ya que un sueño profundo de parte del Señor había caído sobre ellosa.
¶13 David pasó al otro lado y se colocó en la cima del monte a cierta distancia, con un gran espacio entre ellos.
14 Y David dio voces al pueblo y a Abner, hijo de Ner, diciendo: ¿No responderás, Abner? Entonces respondió Abner y dijo: ¿Quién eres tú que llamas al rey?
15 Y David dijo a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿Quién es como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has protegido a tu señor el rey? Porque uno del pueblo vino para matar a tu señor el rey.
16 Esto que has hecho no es bueno. Vive el Señor, todos vosotros ciertamente deberíais morir1a, porque no protegisteis a vuestro señor, el ungido del Señor. Y ahora, mira dónde está la lanza del rey y la vasija de agua que estaba a su cabecera.
¶17 Entonces Saúl reconoció la voz de David y dijo: ¿Es esta tu voz, David, hijo míoa? Y David …
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| 1 | * , grande |
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| 1 | * , de buen entendimiento |
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| 1 | * , y David dijo a los jóvenes |
| 2 | * , llegaos |
| 1 | * , Para vida |
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| 1 | * , Y ahora, he |
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| 1 | * , buen día |
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| 1 | * , degollado |
| 2 | * , hombres que no sé de dónde son |
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| 1 | * , conforme a todas |
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| 1 | * , bendecir |
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| 1 | * , todos los días que |
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| 1 | * , sabe |
| 2 | * , un hijo de Belial |
| 1 | Heb., seah; un seah equivale * a 7.3 litros |
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| 1 | * , uno que orina contra la pared |
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| 1 | * , hable en tus oídos |
| 1 | * , ponga su corazón en |
| 2 | * , este hijo de Belial |
| 3 | I.e., insensato |
| 1 | * , venir con |
| 2 | * , salvarte |
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| 1 | * , esta bendición |
| 2 | * , caminan a los pies de |
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| 1 | * , hará |
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| 1 | * , alma |
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| 1 | * , no te será motivo para tambalear ni tropezadero del corazón |
| 2 | * , salvado |
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| 1 | * , entrar con sangre |
| 2 | * , salvarme |
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| 1 | * , uno que orina contra la pared |
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| 1 | * , he escuchado tu voz |
| 2 | * , he alzado tu rostro |
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| 1 | * , nada pequeño ni grande |
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| 1 | * , andaban a sus pies |
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| 1 | O, al desierto |
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| 1 | O, al desierto |
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| 1 | * , respondió |
| 2 | * , y dijo a |
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| 1 | * , pueblo |
| 1 | * , aun en |
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| 1 | * , sois hijos de muerte |
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