Números 22:4–35
La Biblia de las AméricasOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
4Y Moab dijo a los ancianos de Madiána: Esta multitud lamerá todo lo que hay a nuestro derredor, como el buey lame la hierba del campo. Y en aquel tiempo Balac, hijo de Zipor, era rey de Moab.
5Y envió mensajeros a Balaam, hijo de Beora, en Petorb, que está cerca del río1, en la tierra de los hijos de su pueblo, para llamarle, diciendo: Mira, un pueblo salió de Egipto y he aquí, cubren la faz de la tierra y habitan frente a mí.
6Ven ahora, te ruegoa, y maldíceme a este pueblob porque es demasiado poderoso1 para mí; quizá pueda derrotarlos2 y echarlos de la tierra. Porque yo sé que a quien tú bendices es bendecido, y a quien tú maldices es maldecido.
7Y los ancianos de Moab y los ancianos de Madián fueron con el precio de la adivinacióna en la mano; y llegaron a Balaam, y le repitieron1 las palabras de Balac.
8Y él les dijo: Pasad la noche aquí y yo os traeré palabra según lo que el Señor me diga. Y los jefes de Moab se quedaron con Balaam.
9Entonces Diosa vino a Balaam y le dijo: ¿Quiénes son estos hombres que están contigo?
10Y Balaam dijo a Dios: Balac, hijo de Zipor, rey de Moab, me ha enviado un mensaje:
11«Mira, el pueblo que salió de Egipto cubre la faz de la tierra; ven ahora, maldícemelos; quizá yo pueda pelear contra ellos y expulsarlos».
12Y Dios dijo a Balaam: No vayas con ellos; no maldecirása al pueblo, porque es benditob.
13Balaam se levantó de mañana y dijo a los jefes de Balac: Volved a vuestra tierra, porque el Señor ha rehusado dejarme ir con vosotros.
14Y los jefes de Moab se levantaron y volvieron a Balac, y le dijeron: Balaam rehusó venir con nosotros.
15Entonces Balac envió jefes otra vez, más numerosos y más distinguidos que los anteriores1.
16Y fueron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: «Te ruego que no rehúses venir a mí;
17porque en verdad te honraré en gran manera, y haré cualquier cosa que me digas. Ven, pues, te ruego, y maldíceme a este puebloa».
18Y Balaam respondió, y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diera su casa llena de plata y oro, yo no podría traspasar el mandamiento1 del Señor mi Diosa para hacer ni poco ni mucho2.
19Pero, os ruego que permanezcáis aquí también esta noche, y sabré que más me dice el Señor.
20Y Dios vino a Balaam de noche, y le dijo: Si los hombres han venido a llamarte, levántate y ve con ellos; pero solo dirás1 la palabra que yo te hablea.
21Y Balaam se levantó muy de mañana, aparejó su asna y se fue con los jefes de Moaba.
22Pero Dios se airó porque él iba, y el ángela del Señor se puso en el camino como un adversario contra él. Y Balaam iba montado sobre su asna, y sus dos sirvientes con él.
23Cuando el asna vio al ángel del Señor de pie en el camino con la espada desenvainada en la mano, el asna se salió del camino y se fue por medio del campo; pero Balaam golpeó el asna para hacerla volver al camino.
24Entonces el ángel del Señor se puso en una senda estrecha de los viñedos, con una pared a un lado y otra pared al otro lado.
25Al ver el asna al ángel del Señor, se pegó contra la pared y presionó el pie de Balaam contra la pared; entonces él la golpeó otra vez.
26Y el ángel del Señor se fue más lejos, y se puso en un sitio estrecho donde no había manera de volverse ni a la derecha ni a la izquierda.
27Y viendo el asna al ángel del Señor, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y golpeó al asna con su palo.
28Entonces el Señor abrió la boca del asnaa, la cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho yo que me has golpeado estas tres veces?
29Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí. Ojalá tuviera una espada en mi mano, que ahora mismo te matabaa.
30Y el asna dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asna, y sobre mí has cabalgado toda tu vida hasta hoy? ¿He tenido la costumbre de portarme así contigo? Y él dijo: No.
31Entonces el Señor abrió los ojos de Balaam, y él vio al ángel del Señor de pie en el camino, con la espada desenvainada en su mano, e inclinándose, se postró rostro en tierraa;
32y el ángel del Señor le dijo: ¿Por qué has golpeado a tu asna estas tres veces? Mira, yo he salido como adversario, porque tu camino me era contrario1a;
33pero el asna me vio y se apartó de mí estas tres veces. Si no se hubiera apartado de mí, ciertamente yo te hubiera matado ahora mismo, y a ella la hubiera dejado vivir.
34Y Balaam dijo al ángel del Señor: He pecadoa, pues no sabía que tú estabas en el camino para enfrentarte a mí. Pero ahora, si te desagrada, me volveré.
35El ángel del Señor respondió a Balaam: Ve con los hombres, pero hablarás solo la palabra que yo te digaa. Y Balaam se fue con los jefes de Balac.
Footnotes
Cross references
- aNúm. 25:15–18; 31:1–3
- aJos. 24:9; 2 Ped. 2:15, 16; Jud. 11
- bDeut. 23:4
- aNúm. 22:17; 23:7, 8
- bNúm. 22:12; 24:9
- aNúm. 23:23; 24:1; Jos. 13:22
- aGén. 20:3
- aNúm. 23:8; 24:9
- bGén. 12:2; 22:17
- aNúm. 22:6
- aNúm. 22:38; 24:13; 1 Rey. 22:14; 2 Crón. 18:13
- aNúm. 22:35; 23:5, 12, 16, 26; 24:13
- a2 Ped. 2:15
- aEx. 23:20
- a2 Ped. 2:16
- aProv. 12:10; Mat. 15:19
- aJos. 5:13–15
- a2 Ped. 2:15
- aNúm. 14:40
- aNúm. 22:20
Copyright 1986, 1995, 1997 The Lockman Foundation