Lucas 8:22–37
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Jesús calma la tempestad
22aY1 uno de aquellos días, entró en una barca con sus discípulos, y les dijo: Pasemos al otro lado del lagob. Y se hicieron a la mar.
23Pero mientras ellos navegaban, Él se durmió; y una violenta tempestad1 descendió sobre el lagoa, y comenzaron a anegarse y corrían peligro.
24Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestroa, que perecemos! Y Él, levantándose, reprendiób al viento y a las olas embravecidas, y cesaron y sobrevino la calma.
25Y Él les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciéndose unos a otros: ¿Quién, pues, es éste que aun a los vientos y al agua manda y le obedecen?
El endemoniado gadareno
26aNavegaron hacia la tierra de los gadarenos1 que está al lado opuesto de Galilea;
27y cuando Él bajó a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad poseído por demonios, y que por mucho tiempo no se había puesto ropa alguna, ni vivía en una casa, sino en los sepulcros.
28Al ver a Jesús, gritó y cayó delante de Él, y dijo en alta voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo1, Jesús, Hijo del Diosa Altísimo? Te ruego que no me atormentesb.
29Porque Él mandaba al espíritu inmundo que saliera del hombre, pues muchas veces1 se había apoderado de él, y2 estaba atado con cadenas y grillos y bajo guardia; a pesar de todo rompía las ataduras y era impelido por el demonio a los desiertos.
30Entonces Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legióna; porque muchos demonios habían entrado en él.
31Y le rogaban que no les ordenara irse al abismoa.
32Y había una piara de muchos cerdos paciendo allí en el monte; y los demonios le rogaron que les permitiera entrar en los cerdos1. Y Él les dio permiso.
33Los demonios salieron del hombre y entraron en los cerdos; y la piara se precipitó por el despeñadero al lagoa, y se ahogaron.
34Y cuando los que los cuidaban vieron lo que había sucedido, huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos.
35Salió entonces la gente a ver qué había sucedido; y vinieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado a los pies de Jesúsa, vestido y en su cabal juicio, y se llenaron de temor.
36Y los que lo habían visto, les contaron cómo el que estaba endemoniadoa había sido sanado1.
37Entonces toda la gente1 de la región alrededor de los gadarenos le pidió a Jesús que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de un gran temor. Y Él entrando a una barca, regresó.
Footnotes
Cross references
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