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Jueces 13:3–22

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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El ángel del Señor se apareció a esta mujer y le dijo:

— Mira, eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y darás a luz un hijo. En adelante guárdate de beber vino o bebidas fermentadas y no comas nada impuro. Porque vas a concebir y a dar a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el niño será un consagrado a Dios desde el vientre de su madre. Él librará a Israel del dominio filisteo.

La mujer fue a decírselo a su marido:

— Un hombre de Dios ha venido a verme; su aspecto era sobrecogedor, como el de un ángel de Dios. No le he preguntado de dónde venía ni él me ha manifestado su nombre. Pero me ha dicho: “Vas a concebir y a dar a luz un hijo. En adelante no bebas vino ni bebida fermentada y no comas nada impuro, porque el niño será un consagrado a Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte”.

Manóaj invocó al Señor de esta manera:

— Te ruego, Señor, que el hombre de Dios que has enviado venga otra vez a vernos y nos instruya sobre lo que tenemos que hacer con el niño cuando nazca.

Dios escuchó a Manóaj y el ángel de Dios se le presentó otra vez a la mujer cuando estaba ella sentada en el campo. Su marido Manóaj no estaba con ella. La mujer corrió en seguida a informar a su marido:

— Mira, aquel hombre que vino a verme el otro día, se me ha aparecido.

Manóaj se levantó y, siguiendo a su mujer, llegó donde estaba el hombre y le dijo:

— ¿Eres tú el que ha hablado con esta mujer?

Él respondió:

— Yo soy.

Le dijo Manóaj:

— Cuando tu palabra se cumpla, ¿cuál deberá ser el estilo de vida y la conducta del niño?

El ángel del Señor respondió a Manóaj:

— Deberá abstenerse de todo lo que indiqué a esta mujer. No probará nada de lo que procede de la vid, no beberá vino ni bebida fermentada, ni comerá nada impuro; así observará todo lo que le he mandado.

Manóaj dijo entonces al ángel del Señor:

— Por favor, permanece un poco más con nosotros y te prepararemos un cabrito.

Porque Manóaj no sabía que era el ángel del Señor. Pero el ángel del Señor dijo a Manóaj:

— Aunque me obligues a quedarme, no probaré tu comida. Pero, si quieres, prepara un holocausto y ofréceselo al Señor.

Manóaj preguntó entonces al ángel del Señor:

— ¿Cómo te llamas, para que, cuando se cumpla tu palabra, te lo podamos agradecer?

El ángel del Señor le respondió:

— ¿Por qué me preguntas el nombre? Es misterioso.

Manóaj tomó el cabrito y la ofrenda y se lo ofreció sobre la roca en holocausto al Señor, el que actúa misteriosamente, mientras Manóaj y su mujer lo contemplaban. Cuando la llama se elevó desde el altar hacia el cielo, el ángel del Señor subió en la llama. Manóaj y su mujer, que lo estaban contemplando, cayeron rostro en tierra. Al desaparecer el ángel del Señor de la vista de Manóaj y de su mujer, Manóaj comprendió que era el ángel del Señor. Y dijo Manóaj a su mujer:

— Seguro que vamos a morir, porque hemos visto a Dios.

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