Logos Bible Study

Juan 11:23–57

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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Jesús le contestó:

— Tu hermano resucitará.

Marta replicó:

— Sé muy bien que volverá a la vida al fin de los tiempos, cuando tenga lugar la resurrección de los muertos.

Jesús entonces le dijo:

— Yo soy la resurrección y la vida*. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y ninguno de los que viven y tienen fe en mi morirá para siempre. ¿Crees esto?

Marta contestó:

— Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo.

LÁGRIMAS DE JESÚS ANTE LA TUMBA

Dicho esto, Marta fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído:

— El Maestro está aquí y pregunta por ti.

María se levantó rápidamente y salió al encuentro de Jesús, que no había entrado todavía en el pueblo, sino que estaba aún en el lugar en que Marta se había encontrado con él.

Los judíos que estaban en casa con María, consolándola, al ver que se levantaba y salía muy de prisa, la siguieron, pensando que iría a la tumba de su hermano para llorar allí. Cuando María llegó al lugar donde estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y exclamó:

— Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.

Jesús, al verla llorar a ella y a los judíos que la acompañaban, lanzó un suspiro y, profundamente emocionado, preguntó:

— ¿Dónde lo han sepultado?

Ellos contestaron:

— Ven a verlo, Señor.

Jesús se echó a llorar, y los judíos allí presentes comentaban:

— Bien se ve que lo quería de verdad.

Pero algunos dijeron:

— Y este, que dio vista al ciego, ¿no podría haber hecho algo para evitar la muerte de su amigo?

LÁZARO VUELVE A LA VIDA

Jesús, de nuevo profundamente emocionado, se acercó a la tumba. Era una cueva cuya entrada estaba tapada con una piedra. Jesús les ordenó:

— Quiten la piedra.

Marta, la hermana del difunto, le advirtió:

— Señor, tiene que oler ya, pues lleva sepultado cuatro días.

Jesús le contestó:

— ¿No te he dicho que, si tienes fe, verás la gloria de Dios?

Quitaron, pues, la piedra y Jesús, mirando al cielo, exclamó:

— Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que me escuchas siempre; si me expreso así, es por los que están aquí, para que crean que tú me has enviado.

Dicho esto, exclamó con voz potente:

— ¡Lázaro, sal afuera!

Y salió el muerto con las manos y los pies ligados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

— Quítenle las vendas y déjenlo andar.

DECIDEN MATAR A JESÚS

Al ver lo que había hecho Jesús, muchos de los judíos que habían ido a visitar a María creyeron en él. Otros, sin embargo, fueron a contar a los fariseos lo que Jesús acababa de hacer. Entonces, los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron una reunión urgente del Consejo Supremo donde acordaron:

— Es necesario tomar alguna medida ya que este hombre está haciendo muchas cosas sorprendentes. Si dejamos que continúe así, todo el mundo va a creer en él, con lo que las autoridades romanas tendrán que intervenir y destruirán nuestro Templo y nuestra nación.

Uno de ellos llamado Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, se explicó así:

— Si ustedes fueran perspicaces, se darían cuenta de que es preferible que muera un solo hombre por el pueblo a que toda la nación sea destruida.

En realidad, Caifás no hizo esta propuesta por su propia cuenta, sino que, por ocupar el cargo de sumo sacerdote aquel año, anunció en nombre de Dios que Jesús iba a morir por la nación. Y no solamente por la nación judía, sino para conseguir la unión de todos los hijos de Dios que se hallaban dispersos.

A partir de aquel momento, tomaron el acuerdo de dar muerte a Jesús. Por este motivo, Jesús dejó de andar públicamente entre los judíos. Abandonó la región de Judea y se encaminó a un pueblo llamado Efraín, cercano al desierto. Allí se quedó con sus discípulos durante algún tiempo.

Estaba próxima la fiesta judía de la Pascua. Ya antes de la fiesta era mucha la gente que subía a Jerusalén desde las distintas regiones del país para cumplir los ritos de la purificación. Como buscaban a Jesús, se preguntaban unos a otros al encontrarse en el Templo:

— ¿Qué les parece? ¿Vendrá o no vendrá a la fiesta?

Los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes terminantes de que, si alguien sabía donde se encontraba Jesús, les informara para apresarlo.

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Juan 11:25–26: Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

Footnotes

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *y la vida: Algunos omiten estas palabras.