Job 40
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- TNIV Today’s New International Version
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
El Señor siguió diciendo a Job:
¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso?
El que critica a Dios, que responda.
Job respondió al Señor:
Me siento pequeño, ¿qué contestaré?
Me taparé la boca con la mano.
Hablé una vez, no insistiré;
hablé dos veces, nada añadiré.
SEGUNDO DISCURSO: DIOS CONTROLA LAS FUERZAS DEL MAL
El Señor replicó a Job desde la tormenta:
Si tienes redaños, cíñete los lomos;
te preguntaré y tú me instruirás:
¿Pretendes acaso violar mi derecho,
condenarme para salir tú absuelto?
¿Tienes un brazo poderoso como Dios
y es potente tu voz como la suya?
¡Pues vístete de gloria y majestad,
rodéate de gloria y esplendor;
da rienda suelta a tu cólera
y abate con tu mirada al soberbio;
hunde con tu mirada al arrogante
y machaca a los malvados donde estén;
entiérralos juntos en el polvo,
mételos a todos en el calabozo!
Entonces yo también te alabaré:
“Tu diestra te ha dado la victoria”.
BEHEMOT
Ahí tienes a Behemot,
a quien creé, igual que a ti;
come hierba, lo mismo que el buey.
Fíjate en la dureza de sus lomos,
en la fuerza de los músculos del vientre;
empina su cola como un cedro,
se traban los nervios de sus muslos;
sus huesos parecen tubos de bronce,
sus miembros, hierro forjado.
Es primicia de las obras de Dios,
su Hacedor lo amenazó con la espada.
Los montes le pagan tributo,
junto a él retozan las bestias.
Se tumba arropado por los lotos,
oculto en los carrizos de la marisma;
los lotos le proporcionan sombra,
los sauces del río lo protegen.
No le asusta que el río se desborde,
que un Jordán le llegue hasta el hocico.
¿Quién será capaz de atraparlo
o taladrarle con ganchos la nariz
mientras él está vigilante?
LEVIATÁN
¿Pescarías con anzuelo a Leviatán
y sujetarías su lengua con cuerdas?
¿Le pasarías un junco por la nariz
y traspasarías su mandíbula con garfios?
¿Te va a dirigir ruegos insistentes
o calmarte con voz suplicante?
¿Haría un contrato contigo,
para ser tu siervo de por vida?
¿Vas a jugar con él como con un pájaro,
atándolo para que tus hijas se diviertan?
¿Lo pondrían en venta los pescadores
y se lo disputarían los mercaderes?
¿Le traspasarías la piel con arpones,
la cabeza con artes de pesca?
Si le has puesto la mano encima,
te acordarás del combate
y no volverás a intentarlo.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España