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Génesis 3–5

La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions

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EL PECADO Y SUS CONSECUENCIAS

La serpiente, el más astuto de todos los animales del campo que Dios, el Señor, había hecho, entabló conversación con la mujer diciendo:

— ¿Conque Dios les ha dicho que no coman de ningún árbol del jardín?

La mujer le contestó:

— Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín; únicamente nos ha prohibido comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del jardín, porque moriríamos.

Pero la serpiente replicó a la mujer:

— De ninguna manera morirán.

Dios sabe que, si un día comen, se les abrirán los ojos y serán iguales a él: conocerán el bien y el mal.

Entonces la mujer se dio cuenta de lo hermoso que era el árbol, de lo deliciosos que eran sus frutos y lo tentador que era tener aquel conocimiento; así que tomó del fruto y comió, dándoselo seguidamente a su marido que estaba junto a ella y que también comió. En aquel momento se les abrieron los ojos y descubrieron que estaban desnudos, por lo que entrelazaron unas hojas de higuera y se taparon con ellas.

Cuando el hombre y su mujer sintieron los pasos de Dios, el Señor, que estaba paseando por el jardín al fresco de la tarde, corrieron a esconderse entre los árboles del jardín para que Dios no los viera. Pero Dios, el Señor, llamó al hombre diciendo:

— ¿Dónde estás?

El hombre contestó:

— Te oí en el jardín, tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí.

Entonces Dios, el Señor, le preguntó:

— ¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer?

El hombre respondió:

— La mujer que me diste por compañera me ofreció de ese fruto y yo lo probé.

Entonces Dios, el Señor, preguntó a la mujer:

— ¿Por qué hiciste eso?

Ella respondió:

— La serpiente me engañó y comí.

Entonces Dios, el Señor, dijo a la serpiente:

— Por haber hecho esto,

maldita serás entre todos los animales,

tanto domésticos como salvajes.

De ahora en adelante te arrastrarás sobre tu vientre

y comerás polvo toda tu vida.

Pondré enemistad entre tú y la mujer,

entre tu descendencia y la suya.

Su descendencia* te aplastará la cabeza,

y tú le morderás el talón.

A la mujer le dijo:

— Multiplicaré sobremanera

las molestias en tus embarazos,

y con dolor parirás a tus hijos.

Tendrás ansia de tu marido

y él te dominará.

Al hombre le dijo:

— Como hiciste caso a tu mujer

y comiste del árbol del que te prohibí comer,

la tierra va a ser maldita por tu culpa;

con fatiga sacarás de ella tu alimento

durante todo el tiempo de tu vida;

te producirá espinos y cardos,

y comerás hierba del campo.

Te ganarás el pan

con el sudor de tu frente,

hasta que vuelvas a la tierra

de la cual fuiste formado,

pues eres polvo,

y al polvo volverás.

El hombre puso a su mujer el nombre de Eva porque ella sería la madre de todo ser viviente. Dios, el Señor, hizo para el hombre y su mujer ropas de piel, y los vistió. Después, Dios, el Señor, se dijo: “El ser humano es ya como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; para ser inmortal sólo le falta extender la mano y comer del fruto del árbol de la vida”.

Así que Dios, el Señor, lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de la que había sido formado. Y después de expulsarlo, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y a la espada llameante que se revolvía hacia todas partes para custodiar el acceso al árbol de la vida.

CAÍN Y ABEL

Adán se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Y dijo:

— He tenido un hombre gracias al Señor. Después dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel se dedicó a criar ovejas, y Caín a labrar la tierra.

Al cabo de un tiempo, Caín presentó de los frutos del campo una ofrenda al Señor. También Abel le ofreció las primeras y mejores crías de su rebaño.

El Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró del mismo modo a Caín y a la suya. Entonces Caín se irritó sobremanera y puso mala cara. El Señor le dijo:

— ¿Por qué te irritas? ¿Por qué has puesto esa cara? Si obraras rectamente llevarías la cabeza bien alta; pero como actúas mal el pecado está agazapado a tu puerta, acechándote. Sin embargo, tú puedes dominarlo.

Caín propuso a su hermano Abel que fueran al campo y, una vez allí, Caín atacó a su hermano y lo mató. El Señor le preguntó a Caín:

— ¿Dónde está tu hermano Abel?

Él respondió:

— No lo sé, ¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Entonces el Señor replicó:

— ¡Qué has hecho! La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Por eso, ahora quedarás bajo la maldición de la tierra que ha abierto sus fauces para recibir la sangre de tu hermano que tú has derramado. Aunque labres la tierra, no te volverá a dar sus frutos. Andarás por el mundo errante y vagabundo.

Caín respondió al Señor:

— Mi crimen es demasiado terrible para soportarlo. Si hoy me condenas al destierro y a ocultarme de tu presencia, tendré que andar errante y vagabundo por el mundo, expuesto a que me mate cualquiera que me encuentre.

El Señor le dijo:

— ¡No será así! Si alguien mata a Caín deberá pagarlo multiplicado por siete.

Y el Señor marcó con una señal a Caín, para que no lo matase quien lo encontrara. Caín se alejó de la presencia del Señor y fue a vivir al país de Nod, al este de Edén.

DESCENDIENTES DE CAÍN

Caín se unió a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc. Luego Caín fundó una ciudad, a la que le puso el nombre de su hijo Enoc.

Enoc engendró a Irad, y este engendró a Mejuyael. Mejuyael engendró a Metusael, y este a Lámec. Lámec tuvo dos mujeres: una de ellas se llamaba Adá y la otra Selá. Adá dio a luz a Jabal, el antepasado de los pastores nómadas. Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, el antepasado de los que tocan la cítara y la flauta. Selá, a su vez, dio a luz a Tubalcáin, forjador de herramientas de bronce y de hierro. Tubalcáin tuvo una hermana que se llamaba Naamá.

Un día, Lámec dijo a Adá y Selá, sus mujeres:

— Escúchenme mujeres de Lámec,

presten atención a mis palabras:

He matado a un hombre por herirme

y a un muchacho por golpearme;

Si Caín ha de ser vengado siete veces,

Lámec lo será setenta y siete.

SET Y SU DESCENDENCIA

Adán volvió a unirse a su mujer, y ella tuvo un hijo al que llamó Set, pues se dijo:

— Dios me ha concedido otro hijo en lugar de Abel, a quien mató Caín.

Set tuvo también un hijo al que llamó Enós. Desde entonces se comenzó a invocar el nombre del Señor.

DESCENDIENTES DE ADÁN

Esta es la lista de los descendientes de Adán.

Cuando Dios creó a los seres humanos, los hizo a su propia imagen, varón y hembra los creó, los bendijo y les dio el nombre de “seres humanos” el día en que fueron creados.

Cuando Adán tenía ciento treinta años tuvo un hijo a su imagen y semejanza, a quien puso el nombre de Set. Después del nacimiento de Set, Adán vivió ochocientos años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos treinta años murió.

Set tenía ciento cinco años cuando engendró a Enós. Después del nacimiento de Enós, Set vivió ochocientos siete años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos doce años murió.

Enós tenía noventa años cuando engendró a Cainán. Después del nacimiento de Cainán, Enós vivió ochocientos quince años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos cinco años murió.

Cainán tenía setenta años cuando engendró a Malalel. Después del nacimiento de Malalel, Cainán vivió ochocientos cuarenta años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos diez años murió.

Malalel tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Járed. Después del nacimiento de Járed, Malalel vivió ochocientos treinta años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de ochocientos noventa y cinco años murió.

Járed tenía ciento sesenta y dos años cuando engendró a Enoc. Después del nacimiento de Enoc, Járed vivió ochocientos años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos sesenta y dos años murió.

Enoc tenía sesenta y cinco años cuando engendró a Matusalén. Enoc vivió de acuerdo con la voluntad de Dios. Después del nacimiento de Matusalén, Enoc vivió trescientos años y tuvo otros hijos e hijas. En total Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años. Vivió, pues, Enoc de acuerdo con la voluntad de Dios y desapareció, porque Dios se lo llevó.

Matusalén tenía ciento ochenta y siete años cuando engendró a Lámec. Después del nacimiento de Lámec, Matusalén vivió setecientos ochenta y dos años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de novecientos sesenta y nueve años murió.

Lámec tenía ciento ochenta y dos años cuando engendró un hijo al que llamó Noé, porque dijo: “Él será quien nos alivie de los trabajos y fatigas en el suelo que el Señor ha maldecido”.

Después del nacimiento de Noé, Lámec vivió quinientos noventa y cinco años más, tuvo otros hijos e hijas, y a la edad de setecientos setenta y siete años murió.

Noé tenía quinientos años cuando engendró a Sem, Cam y Jafet.

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Footnotes

  1. *Signo indicativo de nota
  2. *Su descendencia: La versión griega de los ha colocado aquí un pronombre masculino él te aplastará la cabeza.