Daniel 3:19–27
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Entonces Nabucodonosor, henchido de cólera y con el rostro demudado por la respuesta de Sadrac, Mesac y Abednegó, ordenó que encendiesen el horno siete veces más fuerte que de costumbre, que los soldados más fornidos maniatasen a Sadrac, Mesac y Abednegó y que los arrojasen en el horno ardiente. Estos tres hombres, una vez maniatados, fueron arrojados en medio del horno ardiente con la ropa que llevaban puesta: túnicas, turbantes, mantos y demás vestimenta. Como la orden del rey había sido tan apremiante y el horno estaba al rojo vivo, las llamaradas abrasaron a los hombres que habían llevado a Sadrac, Mesac y Abednegó, mientras los tres jóvenes, Sadrac, Mesac y Abednegó, caían maniatados en medio del horno.
NABUCODONOSOR RECONOCE EL MILAGRO
Entonces el rey Nabucodonosor se quedó pasmado, se levantó de golpe y preguntó a sus consejeros:
— ¿No hemos arrojado a las llamas a tres hombres maniatados?
Le respondieron:
— Cierto, majestad.
El rey insistió:
— Pues yo estoy viendo cuatro hombres que pasean desatados en medio del fuego, sin quemarse. ¡Y el cuarto tiene todo el aspecto de un hijo de los dioses!
Entonces Nabucodonosor se arrimó más a la boca del horno ardiente y gritó:
— Sadrac, Mesac y Abednegó, siervos del Dios Altísimo, salgan y vengan.
Sadrac, Mesac y Abednegó salieron de en medio del fuego.
Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se acercaron a examinar a aquellos hombres: las llamas no habían tocado sus cuerpos ni les habían chamuscado los cabellos; seguían con las túnicas intactas y ni siquiera olían a humo.
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