2º Samuel 11:4–15
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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David envió a unos emisarios a que se la trajeran y cuando llegó, se acostó con ella recién purificada de su regla. Luego ella regresó a su casa. La mujer quedó embarazada y mandó a informar a David:
— Estoy embarazada.
Entonces David envió recado a Joab:
— Mándame a Urías, el hitita.
Y Joab se lo mandó. Cuando Urías llegó, David le preguntó por Joab, por el ejército y por la guerra. Luego le ordenó:
— Baja a tu casa a lavarte los pies.
Urías salió del palacio real, seguido de un obsequio enviado por el rey. Pero Urías no quiso bajar a su casa y durmió a la entrada del palacio real con los guardias de su señor. Informaron a David que Urías no había ido a su casa y David le dijo:
— Después del viaje que has hecho, ¿por qué no has ido a tu casa?
Y Urías le respondió:
— Si el Arca, Israel y Judá viven en tiendas, y si tanto mi jefe, Joab, como sus oficiales acampan a la intemperie, ¿cómo iba a ir yo a mi casa a comer, a beber y a acostarme con mi mujer? ¡Por Dios y por tu vida, que yo no haré tal cosa!
David le dijo:
— Quédate aquí también hoy y mañana te dejaré marchar.
Y Urías se quedó en Jerusalén aquel día. Al día siguiente David lo invitó a comer y a beber con él, y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió a acostarse junto a los guardias de su señor y tampoco bajó a su casa. A la mañana siguiente David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. La carta decía: “Pongan a Urías en primera línea de combate, en lo más duro de la lucha, y déjenlo solo, para que lo hieran y muera”.
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