1º Samuel 20
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
Spanish
Arabic
Czech
English
- DARBY 1890 Darby Bible
- ASV American Standard Version
- AV 1873 The Cambridge Paragraph Bible of the Authorized English Version
- CSB Christian Standard Bible
- D-R Douay-Rheims Bible
- ESV English Standard Version
- GW GOD’S WORD Translation
- GNB Good News Translation
- HCSB The Holman Christian Standard Bible
- KJV 1900 King James Version
- LSB Legacy Standard Bible
- LEB The Lexham English Bible
- MSG The Message: The Bible in Contemporary Language
- NET The NET Bible
- NASB95 New American Standard Bible (1995)
- NCV New Century Version
- NIrV New International Reader’s Version (1998)
- NIV New International Version (2011)
- NKJV The New King James Version
- NLT New Living Translation
- NRSVue New Revised Standard Version: Updated Edition
- RSV The Revised Standard Version
- RSVCE The Revised Standard Version, Catholic Edition
- TNIV Today’s New International Version
- YLT Young’s Literal Translation
French
German
Hebrew
Hungarian
Italian
Korean
Latin
Portuguese
Russian
Simplified Chinese
Traditional Chinese
DAVID Y JONATÁN
David huyó de Nayot de Ramá y fue a encontrarse con Jonatán para decirle:
— ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi delito? ¿En qué he ofendido a tu padre para que atente contra mi vida?
Jonatán le dijo:
— ¡De ninguna manera! No vas a morir. Mira, mi padre no hace nada, por insignificante que sea, sin contármelo. ¿Por qué habría de ocultarme este asunto? No hay nada de eso.
Pero David siguió insistiendo:
— Tu padre sabe muy bien que me aprecias y pensará: “Que Jonatán no se entere, para que no se disguste”. Pero, te juro por el Señor y por tu vida, que estoy a un paso de la muerte.
Jonatán le respondió:
— Haré por ti lo que me digas.
David le dijo:
— Mira, mañana es luna nueva y yo debería sentarme a comer con el rey. Permíteme que me esconda en el campo hasta pasado mañana por la tarde; y si tu padre pregunta por mí le dices: “Me pidió permiso urgente para ir a su pueblo, Belén, ya que toda su familia celebra allí el sacrificio anual”. Si a él le parece bien, entonces estaré tranquilo; pero, si se enfurece, ten por seguro que ha decidido mi desgracia. Hazme este favor por el pacto sagrado que sellaste conmigo. Ahora bien, si crees que soy culpable, mátame tú mismo sin aguardar a entregarme a tu padre.
Jonatán le dijo:
— ¡De ninguna manera! Si compruebo que mi padre ha decidido tu desgracia, te lo haré saber.
David le preguntó:
— ¿Quién me comunicará si tu padre te responde violentamente?
Jonatán le dijo:
— Salgamos al campo.
Y salieron juntos al campo. Entonces Jonatán dijo a David:
— Te prometo, por el Señor, Dios de Israel, que mañana o pasado mañana a estas horas sondearé a mi padre y si está bien dispuesto hacia ti, mandaré a informarte. Pero que el Señor me castigue si mi padre ha decidido tu desgracia y no te lo hago saber, para que te pongas a salvo. ¡Que el Señor esté contigo como estuvo con mi padre! Si yo vivo todavía, trátame con el mismo favor divino. Y si muero, no retires nunca tu favor a mi familia, cuando el Señor suprima de la faz de la tierra a todos tus enemigos.
Jonatán selló un pacto con la familia de David, diciendo:
— ¡Que el Señor pida cuentas a los enemigos de David!
Y Jonatán juró de nuevo a David por el amor que le tenía, pues lo quería como a sí mismo, diciéndole:
— Mañana es luna nueva y se te echará de menos, pues tu asiento estará vacío. Pasado mañana tu ausencia se notará aún más. Entonces te vas al lugar donde te escondiste la otra vez y te quedas junto al montón de piedras. Yo lanzaré tres flechas en esa dirección, como si tirase al blanco; luego mandaré al criado a buscarlas. Si le digo: “Mira, las flechas están más acá, recógelas”, entonces puedes venir, pues estás a salvo y no hay peligro, ¡vive Dios! Pero si le digo al mozo: “Mira, las flechas están más allá”, entonces márchate, pues el Señor quiere que te vayas. En cuanto a lo que hemos hablado tú y yo, el Señor es testigo entre los dos para siempre.
David se escondió en el campo y cuando llegó la luna nueva el rey asistió al banquete y se sentó en su sitio de costumbre, junto a la pared; Jonatán se sentó enfrente y Abner al lado de Saúl. Pero el sitio de David quedó vacío. Saúl no dijo nada aquel día, pues pensó: “Le habrá ocurrido algo, estará impuro y no se habrá purificado”. Pero el segundo día, el siguiente de la luna nueva, el sitio de David seguía vacío. Entonces Saúl preguntó a su hijo Jonatán:
— ¿Por qué no ha venido el hijo de Jesé al banquete ni ayer ni hoy?
Jonatán le respondió:
— Me pidió permiso urgente para ir a Belén. Me dijo que lo dejase marchar, pues su familia celebraba un sacrificio en su pueblo y su hermano le había pedido que fuera; y que, si yo le concedía el favor, podría ir a visitar a sus hermanos. Por eso no ha venido al banquete del rey.
Entonces Saúl se enfureció contra Jonatán y le dijo:
— ¡Hijo de mala madre! Bien sabía yo que estabas de parte del hijo de Jesé, para deshonra tuya y vergüenza de tu madre. Pero mientras el hijo de Jesé siga vivo sobre la tierra, ni tú ni tu reino estarán seguros. Así que manda a capturármelo, porque está condenado a muerte.
Jonatán le contestó a su padre:
— ¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?
Pero Saúl le arrojó la lanza para herirlo, y Jonatán, convencido de que su padre había decidido matar a David, se levantó de la mesa enfurecido y no quiso comer nada el segundo día de la luna nueva, pues estaba entristecido por la afrenta que su padre había hecho a David.
A la mañana siguiente Jonatán salió al campo en compañía de un joven criado al encuentro de David y le dijo al criado:
— Corre a buscarme las flechas que voy a disparar.
El criado salió corriendo y él disparó una flecha que lo sobrepasó. Cuando el criado llegó al lugar donde estaba la flecha que había disparado Jonatán, este le gritó:
— La flecha está más allá.
Y Jonatán le volvió a gritar:
— Date prisa y no te quedes parado.
El criado recogió la flecha y se la llevó a su señor. Pero no se enteró de nada, porque sólo Jonatán y David conocían la clave. Luego Jonatán entregó sus armas al criado y le dijo:
— Anda y llévalas a la ciudad.
Cuando el criado se marchó, David salió de su escondite, cayó a tierra ante él y se postró tres veces. Después se abrazaron el uno al otro y estuvieron llorando juntos hasta que David se recuperó.
Entonces Jonatán dijo a David:
— Vete en paz y, como hemos jurado los dos en el nombre del Señor, que él sea siempre testigo entre tú y yo y entre nuestros descendientes.
Copyright 2011 Sociedad Bíblica de España