Jueces 19:4–15
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Su suegro, el padre de la joven, lo invitó a quedarse en casa y el levita se quedó tres días; comieron y bebieron y durmieron allí. Al cuarto día se levantaron de madrugada para ponerse en camino, pero el padre de la joven dijo a su yerno, el levita:
— Toma primero un bocado de pan para reponer fuerzas; luego pueden marchar.
Se sentaron, y se pusieron los dos a comer y beber. Luego el padre de la joven le dijo al hombre:
— Anda, pasa aquí también esta noche: te sentará bien.
El hombre se dispuso a marchar, pero el suegro le porfió tanto que se quedó también aquella noche. Al cabo de cinco días el levita madrugó para marchar, pero el padre de la joven le dijo:
— Repón fuerzas primero, por favor.
Y mientras comían juntos fue pasando el tiempo. Finalmente el marido con su concubina y su siervo tomaron la decisión de marchar, pero una vez más su suegro, el padre de la joven, le dijo:
— Mira, la tarde está cayendo. Pasa aquí la noche, te sentará bien. Y mañana de madrugada se van y regresan a su casa.
Pero el hombre no quiso pasar la noche allí. Se puso en camino y llegó frente a Jebús, o sea, Jerusalén. Llevaba consigo los dos asnos cargados, a su concubina y a su criado.
EL CRIMEN DE LOS VECINOS DE GUIBEÁ
Cuando llegaban cerca de Jebús, declinaba ya el día. El criado dijo al amo:
— Deberíamos hacer un alto en el camino y entrar en esa ciudad de los jebuseos para pasar la noche en ella.
Su amo le respondió:
— No quiero entrar en una ciudad de extranjeros, que no son israelitas; pasaremos de largo y llegaremos a Guibeá.
Y añadió:
— Sigamos hasta uno de esos poblados y pasemos la noche en Guibeá o en Ramá.
Pasaron, pues, de largo y continuaron su camino. A la puesta del sol, llegaron frente a Guibeá de Benjamín hacia la que se desviaron con la intención de pernoctar allí. El levita entró y se sentó en la plaza de la ciudad, pero nadie les ofreció casa donde pasar la noche.
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