Juan 19:4–15
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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Salió de nuevo Pilato y les dijo:
— Miren, se lo voy a presentar a ustedes para dejar claro que no encuentro delito alguno en él.
Salió, pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo:
— ¡Este es el hombre!
Al ver a Jesús, los jefes de los sacerdotes y sus esbirros comenzaron a gritar:
— ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!
Pilato insistió:
— Tómenlo ustedes y crucifíquenlo; yo no encuentro delito alguno en él.
Los judíos replicaron:
— Nosotros tenemos una ley, y según ella debe morir, porque ha querido hacerse pasar por Hijo de Dios.
Al oír esto, Pilato sintió aún más temor. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
— ¿De dónde eres tú?
Jesús ni siquiera le contestó. Pilato le dijo:
— ¿Cómo? ¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que tengo autoridad tanto para dejarte en libertad como para hacerte crucificar?
Jesús le respondió:
— No tendrías autoridad alguna sobre mí si Dios no te la hubiera concedido; por eso, el que me ha entregado a ti es mucho más culpable que tú.
Desde ese momento, Pilato intentaba por todos los medios poner a Jesús en libertad. Pero los judíos le gritaban:
— Si lo pones en libertad, no eres amigo del emperador. El que pretende ser rey se enfrenta al emperador.
Al oír esto, Pilato mandó sacar fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de “Enlosado”, que en la lengua de los judíos se llama “Gábata”. Era el día de preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:
— ¡Aquí tienen a su rey!
Pero ellos comenzaron a gritar:
— ¡Quítalo de en medio! ¡Crucifícalo!
Pilato insistió:
— ¿Cómo voy a crucificar a su rey?
Pero los jefes de los sacerdotes replicaron:
— Nuestro único rey es el emperador romano.
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