Juan 13:4–17
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOtras versiones
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Jesús interrumpió la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando le llegó la vez a Simón Pedro, este le dijo:
— Señor, ¿vas a lavarme los pies tú a mí?
Jesús le contestó:
— Lo que estoy haciendo, no puedes comprenderlo ahora; llegará el tiempo en que lo entiendas.
Pedro insistió:
— Jamás permitiré que me laves los pies.
Jesús le respondió:
— Si no me dejas que te lave, no podrás seguir contándote entre los míos.
Le dijo entonces Simón Pedro:
— Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza.
Pero Jesús le replicó:
— El que se ha bañado y está completamente limpio, sólo necesita lavarse los pies*. Y ustedes están limpios, aunque no todos.
Jesús sabía muy bien quién iba a traicionarlo; por eso añadió: “No todos están limpios.”
Una vez que terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y les preguntó:
— ¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, el Maestro y Señor, les he lavado los pies, lo mismo deben hacer ustedes unos con otros. Les he dado ejemplo para que se porten como yo me he portado con ustedes. Les aseguro que el siervo no puede ser mayor que su amo; ni el enviado, superior a quien lo envió. Si comprenden estas cosas y las ponen en práctica serán dichosos.
Notas al pie
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