1º Reyes 10:14–28
La Palabra: El Mensaje de Dios para míOther versions
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COMERCIO Y RIQUEZAS
Salomón recibía anualmente seiscientos sesenta y seis talentos de oro, sin contar el oro que llegaba de los mercaderes, del tráfico de los comerciantes, de todos los reyes de Arabia y de los gobernadores del país. El rey Salomón mandó hacer doscientos escudos chapados en oro, de seiscientos siclos de oro cada uno, y otros trescientos escudos más pequeños, también chapados en oro, de tres minas de oro cada uno, y los colocó en el edificio del Bosque del Líbano. El rey mandó hacer también un gran trono de marfil, recubierto de oro fino. El trono tenía seis escalones, un respaldo rematado en un dosel circular y dos brazos a ambos lados del asiento, con dos leones de pie junto a los brazos y otros doce leones, también de pie, a ambos lados de los seis escalones. Nunca se había hecho nada parecido en ningún reino. Toda la vajilla del rey Salomón era de oro y también los objetos del edificio del Bosque del Líbano eran de oro puro. No había nada de plata, pues en tiempos de Salomón estaba devaluada. El rey tenía en el mar una flota de Tarsis, junto con la de Jirán, y cada tres años llegaba la flota de Tarsis, cargada de oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría; así que todo el mundo quería conocerlo para escuchar la sabiduría que Dios le había concedido. Y cada cual le traía su regalo: objetos de plata y oro, vestidos, armas, perfumes, caballos y mulos. Y así, año tras año. Salomón también reunió carros y caballos: llegó a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos que guardaba en las ciudades con establos y junto al propio rey en Jerusalén.
El rey hizo que en Jerusalén hubiera tanta plata como piedras y tantos cedros como higueras silvestres en la llanura. Los caballos de Salomón provenían de Egipto y de Quevé, donde los compraban los proveedores del rey.
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