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Nueva Versión Internacional

Psalm 104:10–32

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10 Tú haces que los manantiales

viertan sus aguas en las cañadas,

y que fluyan entre las montañas.

11 De ellas beben todas las bestias del campo;

allí los asnos monteses calman su sed.

12 Las aves del cielo anidan junto a las aguas

y cantan entre el follaje.

13 Desde tus altos aposentos riegas las montañas;

la tierra se sacia con el fruto de tu trabajo.

14 Haces que crezca la hierba para el ganado,

y las plantas que la gente cultiva

para sacar de la tierra su alimento:

15 el vino que alegra el corazón,

el aceite que hace brillar el rostro,

y el pan que sustenta la vida.

16 Los árboles del Señor están bien regados,

los cedros del Líbano que él plantó.

17 Allí las aves hacen sus nidos;

en los cipreses tienen su hogar las cigüeñas.

18 En las altas montañas están las cabras monteses,

y en los escarpados peñascos tienen su madriguera los tejones.

19 Tú hiciste* la luna, que marca las estaciones,

y el sol, que sabe cuándo ocultarse.

20 Tú traes la oscuridad, y cae la noche,

y en sus sombras se arrastran los animales del bosque.

21 Los leones rugen, reclamando su presa,

exigiendo que Dios les dé su alimento.

22 Pero al salir el sol se escabullen,

y vuelven a echarse en sus guaridas.

23 Sale entonces la gente a cumplir sus tareas,

a hacer su trabajo hasta el anochecer.

24 ¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras!

¡Todas ellas las hiciste con sabiduría!

¡Rebosa la tierra con todas tus criaturas!

25 Allí está el mar, ancho e infinito,*

que abunda en animales, grandes y pequeños,

cuyo número es imposible conocer.

26 Allí navegan los barcos y se mece Leviatán,

que tú creaste para jugar con él.

27 Todos ellos esperan de ti

que a su tiempo les des su alimento.

28 Tú les das, y ellos recogen;

abres la mano, y se colman de bienes.

29 Si escondes tu rostro, se aterran;

si les quitas el aliento, mueren y vuelven al polvo.

30 Pero si envías tu Espíritu, son creados,

y así renuevas la faz de la tierra.

31 Que la gloria del Señor perdure eternamente;

que el Señor se regocije en sus obras.

32 Él mira la tierra y la hace temblar;

toca los montes y los hace echar humo.

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