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Isaías 53.4–7

Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades

y soportó nuestros dolores,

pero nosotros lo consideramos herido,

golpeado por Dios, y humillado.

Él fue traspasado por nuestras rebeliones,

y molido por nuestras iniquidades;

sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz,

y gracias a sus heridas fuimos sanados.

Todos andábamos perdidos, como ovejas;

cada uno seguía su propio camino,

pero el Señor hizo recaer sobre él

la iniquidad de todos nosotros.

Maltratado y humillado,

ni siquiera abrió su boca;

como cordero, fue llevado al matadero;

como oveja, enmudeció ante su trasquilador;

y ni siquiera abrió su boca.

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