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Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy

1 Samuel 9:1–21

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Saúl y Samuel

9 Había un hombre de Benjamín que se llamaba Cisa, hijo de Abiel, hijo de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un Benjamita, un hombre poderoso e influyente.

2 Tenía un hijo que se llamaba Saúl, joven y bien parecido. No había nadie más bien parecido que él entre los Israelitas; de los hombros arribaa sobrepasaba a cualquiera del pueblo.

3 Las asnas de Cis, padre de Saúl, se habían perdido, por lo cual Cis dijo a su hijo Saúl: “Toma ahora contigo uno de los criados, levántate, y ve en busca de las asnas.”

4 Saúl pasó por la región montañosa de Efraína y recorrió la tierra de Salisa, pero no las hallaron. Luego pasaron por la tierra de Saalim, pero no estaban allí. Después atravesaron la tierra de los Benjamitas, pero tampoco las encontraron.

5 Cuando llegaron a la tierra de Zufa, Saúl dijo al criado que estaba con él: “Ven, regresemos, no sea que mi padre deje de preocuparse por las asnas y se angustie por nosotros.”

6 El criado le respondió: “Mira, en esta ciudad hay un hombre de Diosa, el cual es tenido en alta estima; todo lo que él dice se cumple sin faltab. Vayamos ahora, quizá pueda orientarnos acerca de la jornada que hemos emprendido.”

7 Entonces Saúl dijo a su criado: “Pero, si vamos, ¿qué le llevaremos al hombre? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado y no hay presente para llevar al hombre de Diosa. ¿Qué tenemos?”

8 Y el criado volvió a responder a Saúl: “Aquí tengo la cuarta parte de un siclo (unos tres gramos) de plata; se lo daré al hombre de Dios, y él nos indicará nuestro caminoa.”

9 (Antiguamente en Israel, cuando uno iba a consultar a Dios, decía: “Vengan, vamos al vidente;” porque al que hoy se le llama profeta, antes se le llamaba videntea.)

10 Entonces Saúl dijo a su criado: “Bien dicho; anda, vamos.” Y fueron a la ciudad donde estaba el hombre de Dios.

11 Según subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas muchachas que salían a sacar aguaa y les preguntaron: “¿Está aquí el vidente?”

12 Y ellas les respondieron: “Sí, él va delante de ustedes. Apresúrense ahora, pues ha venido a la ciudad porque el pueblo tiene hoy un sacrificioa en el lugar alto.

13 “Cuando entren en la ciudad lo encontrarán antes que suba al lugar alto a comer, pues el pueblo no comerá hasta que él llegue, porque él tiene que bendecir el sacrificioa; después comerán los convidados. Suban ahora, que lo encontrarán enseguida.”

14 Ellos, pues, subieron a la ciudad. Cuando entraban a la ciudad, Samuel salía hacia ellos para subir al lugar alto.

15 Ahora bien, un día antes de la llegada de Saúl, el Señor había revelado esto a Samuela:

16 “Mañana como a esta hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín, lo ungirás para que sea príncipe sobre Mi pueblo Israela, y él librará a Mi pueblo del dominio de los Filisteos. Porque Yo he visto la aflicción de Mi pueblo, pues su clamor ha llegado hasta Míb.”

17 Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le dijo: “Este es el hombre de quien te habléa. El gobernará a Mi pueblo.”

18 Entonces Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta y le dijo: “Le ruego que me enseñe dónde está la casa del vidente.”

19 Respondió Samuel a Saúl: “Yo soy el vidente. Sube delante de mí al lugar alto, pues hoy comerás conmigo, y por la mañana te dejaré ir y te declararé todo lo que está en tu corazón.

20 “En cuanto a tus asnas que se perdieron hace tres días, no te preocupes por ellas pues han sido halladas. Y ¿para quién es todo lo deseable en Israela? ¿No es para ti y para toda la casa de tu padre?”

21 Saúl respondió: “¿No soy yo Benjamita, de la más pequeña de las tribus de Israela, y no es mi familia la menos importante de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me habla de esta manera?”

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