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Marcos 12–14
Parábola de los labradores malvados
aEntonces comenzó a hablarles en parábolasb: Un hombre plantó una viña y la cercó con un muro1, cavó un estanque debajo del lagar y edifico una torrec; la arrendó a labradores y se fue de viaje.
2 Al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para recibir de los labradores su parte de los frutos de la viña.
3 Pero ellos, echándole mano, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías.
4 De nuevo les mandó otro siervo, y a él lo hirieron en la cabeza y lo trataron vergonzosamente.
5 Y envió a otro y a este lo mataron; y así con otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
6 Todavía le quedaba1 uno, un hijo amado; y les envió a este último, diciendo: «Respetarán a mi hijo».
7 Pero aquellos labradores se dijeron entre sí: «Este es el heredero; ¡venid, matémosle, y la heredad será nuestra!».
8 Y echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
9 ¿Qué hará, entonces, el dueño1 de la viña? Vendrá y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros.
10 ¿Ni aun esta Escritura habéis leído:
«La piedra que desecharon los constructores,
esa, en piedra angular1 se ha convertidoa;
11 esto fue hecho de parte del Señor,
y es maravilloso a nuestros ojosa»?
12 Y procuraban prenderlea, pero temían a la multitud, porque comprendieron que contra ellos había dicho la parábola. Y dejándole, se fueronb.
¶13 aY le enviaron* algunos de los fariseos y de los herodianosb para sorprenderle en alguna palabrac.
14 Y cuando ellos llegaron*, le dijeron*: Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor1 de nadie, porque eres imparcial2, y enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Es lícito pagar3 impuesto al César, o no?
15 ¿Pagaremos1 o no pagaremos1? Pero Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: ¿Por qué me estáis poniendo a prueba? Traedme un denario2 para verlo.
16 Se lo trajeron, y Él les dijo*: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Y ellos le dijeron: Del César.
17 Entonces Jesús les dijo: Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Diosa. Y se maravillaban de Él.
Pregunta sobre la resurrección
¶18 aY algunos saduceos (los que dicen que no hay resurrección) se le acercaron*, y le preguntaban, diciendo:
19 Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si el hermano de alguno muere y deja mujer y no deja hijo, que su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermanoa.
20 Hubo siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia.
21 Y el segundo la tomó, y murió sin dejar descendencia; y asimismo el tercero;
22 y así los siete, sin dejar descendencia. Y por último murió también la mujer.
23 En la resurrección, cuando resuciten1, ¿de cuál de ellos será mujer? Pues los siete la tuvieron por mujer.
24 Jesús les dijo: ¿No es esta la razón por la que estáis equivocados: que no entendéis1 las Escrituras ni el poder de Dios?
25 Porque cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos.
26 Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el pasajea sobre la zarza ardiendo, cómo Dios le habló, diciendo: «Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacobb»?
27 ╔l no es Dios de muertos, sino de vivosa; vosotros estáis muy equivocados.
¶28 aCuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que les había contestado bienb, le preguntó: ¿Cuál mandamiento es el más importante1 de todos?
29 Jesús respondió: El más importante1 es: «Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno esa;
30 y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerzaa».
31 El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismoa». No hay otro mandamiento mayor que estos.
32 Y el escriba le dijo: Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que Él es uno, y no hay otro además de Éla;
33 y que amarle con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismoa, es más que todos los holocaustos y los sacrificiosb.
34 Viendo Jesús que él había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y después de eso, nadie se aventuraba a hacerle más preguntasa.
¶35 aY tomando la palabra, Jesús decía mientras enseñaba en el templob: ¿Por qué1 dicen los escribas que el Cristo2 es hijo de Davidc?
36 David mismo dijo por el Espíritu Santo:
«El Señor dijo a mi Señor:
“siéntate a mi diestra,
hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus piesa”».
37 David mismo le llama «Señor». ¿En qué sentido es, pues, su hijo? Y la gran multituda le escuchaba con gusto.
Advertencia contra los escribas
¶38 aY en su enseñanza les decía: Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y aman los saludos respetuosos en las plazasb,
39 los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes;
40 que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; estos recibirán mayor condenacióna.
¶41 aJesús se sentó frente al arca del tesorob, y observaba cómo la multitud echaba dinero1 en el arca del tesoroc; y muchos ricos echaban grandes cantidades.
42 Y llegó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre1, o sea, un cuadrante2.
43 Y llamando a sus discípulos, les dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos los contribuyentes al1 tesoro;
44 porque todos ellos echaron de lo que les sobra1, pero ella, de su pobreza echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir2a.
Profecía sobre la destrucción del templo
aCuando salía del templo, uno de sus discípulos le dijo*: Maestro, ¡mira qué1 piedras y qué1 edificios!
2 Y Jesús le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedraa que no sea derribada.
¶3 Y estando Él sentado en el monte de los Olivosa, frente al templo, Pedro, Jacobo1, Juanb y Andrés le preguntaban en privado:
4 Dinos, ¿cuándo sucederá1 esto, y qué señal2 habrá cuando todas estas cosas se hayan de cumplir?
5 Y Jesús comenzó a decirles: Mirad que nadie os engañe.
6 Muchos vendrán en mi nombre diciendo: «Yo soya el Cristo», y engañarán a muchos.
7 Y cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os alarméis; es necesario que todo esto suceda, pero todavía no es el fin.
8 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en diversos lugares; y habrá hambres. Esto solo es el comienzo de dolores1.
¶9 Pero estad alerta1; porque os entregarán a los tribunales2 y seréis azotados en las sinagogasa, y compareceréis delante de gobernadores y reyes por mi causa, para testimonio a ellos.
10 Pero primero el evangelio debe ser predicado a todas las nacionesa.
11 aY cuando os lleven y os entreguen, no os preocupéis de antemano por lo que vais a decir, sino que lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.
12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y les causarán la muerte1.
13 Y seréis odiados de todos por causa de mi nombrea, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo.
La abominación de la desolación
¶14 Mas cuando veáis la abominación de la desolacióna puesta donde no debe estar (el que lea, que entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montesb;
15 y el que esté en la azotea, no baje ni entre a sacar nada de su casaa;
16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.
17 Pero, ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días!
18 Orad para que esto no suceda en el invierno.
19 Porque aquellos días serán de tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio de la creacióna que hizo1 Dios hasta ahora, ni acontecerá jamás.
20 Y si el Señor no hubiera acortado aquellos1 días, nadie2 se salvaría; pero por causa de los escogidos3 que Él eligió4, acortó los días.
21 Entonces, si alguno os dice: «Mirad, aquí está el Cristo1», o: «Mirad, allí está», no le creáis.
22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetasa, y mostrarán señales1 y prodigiosb a fin de extraviar, de ser posible, a los escogidos2.
23 Mas vosotros, estad alerta; ved que os lo he dicho todo de antemano.
¶24 Pero en aquellos días, después de esa tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su luza,
25 las estrellas irán cayendo del cielo y las potencias que están en los cielos serán sacudidasa.
26 Entonces verán al Hijo del Hombrea que viene en las nubes con gran poder y gloriab.
27 Y entonces enviará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos1 de los cuatro vientosa, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielob.
¶28 De la higuera aprended la parábola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, sabéis que el verano está cerca.
29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que Él está cerca1, a las puertas.
30 En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.
32 Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padrea.
¶33 Estad alerta, velada; porque no sabéis cuándo es el tiempo señalado.
34 Es como un hombre que se fue de viaje, y al salir de su casa dejó a sus siervos encargados1, asignándole a cada uno su tarea, y ordenó al portero que estuviera alertaa.
35 Por tanto, velada, porque no sabéis cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallob, o al amanecerc;
36 no sea que venga de repente y os halle dormidosa.
37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velada!
Complot para prender y matar a Jesús
aFaltaban dos días para la Pascuab y para la fiesta de los panes sin levadura1; y los …
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| 1 | O, una cerca |
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| 1 | * , tenía |
| 1 | * , señor |
| 1 | * , cabeza del ángulo |
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| 1 | * , no te preocupas |
| 2 | * , no miras la apariencia de los hombres |
| 3 | * , dar |
| 1 | * , Daremos |
| 2 | Un denario valía * 4 gramos de plata, o el equivalente al salario de un día |
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| 1 | La mayoría de los * antiguos no incluyen: cuando resuciten |
| 1 | O, no conocéis |
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| 1 | O, el primero |
| 1 | O, el primero |
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| 1 | * , ¿Cómo |
| 2 | I.e., el Mesías |
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| 1 | I.e., monedas de cobre |
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| 1 | O, blancas; gr., lepta, las monedas de menos valor (1/128 de un denario) |
| 2 | Un cuadrante equivale * a dos blancas; i.e., 1/64 de un denario |
| 1 | * , los que estaban poniendo en el |
| 1 | O, de su abundancia |
| 2 | * , toda su subsistencia |
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| 1 | * , tan grandes |
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| 1 | O, Santiago |
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| 1 | * , será |
| 2 | O, milagro |
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| 1 | * , dolores de parto |
| 1 | * , mirad por vosotros mismos |
| 2 | O, sanedrines, o, concilios |
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| 1 | O, los matarán |
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| 1 | * , creó |
| 1 | * , los |
| 2 | * , ninguna carne |
| 3 | O, elegidos |
| 4 | O, escogió |
| 1 | I.e., el Mesías |
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| 1 | O, milagros |
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| 2 | O, elegidos |
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| 1 | O, elegidos |
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| 1 | O, que está |
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| 1 | * , dando la autoridad a sus siervos |
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| 1 | O, de los Azimos |
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